PARTE 2: LA ESPOSA DEL HOMBRE MÁS INTOCABLE

Nathan llegó cuarenta minutos tarde.

Entró en la residencia Shen todavía vestido con el uniforme de la noche anterior.

Ivy venía detrás de él.

—¿Dónde está Elena?

Nadie respondió.

Entonces vio el certificado matrimonial sobre la mesa.

Su sonrisa desapareció.

—¿Qué significa esto?

Adrian estaba junto a la ventana en su silla de ruedas.

Yo permanecía a su lado.

—Significa —respondí— que tu broma fue aprobada.

Nathan me miró fijamente.

—Cancélalo.

—No.

—Elena, ya basta.

Dio un paso hacia mí.

Adrian levantó los ojos.

Solo eso.

Nathan se detuvo.

—Ahora es tu tía —dijo Adrian con absoluta calma—. Háblale con respeto.

El rostro de Nathan se volvió rojo.

Ivy intentó intervenir.

—General Adrian, todo fue un malentendido.

—No.

Adrian colocó un documento sobre la mesa.

—Fue falsificación de documentación militar.

El silencio cayó de golpe.

Nathan palideció.

—Tío…

—Cambiaste deliberadamente un informe oficial por una apuesta.

Por primera vez comprendí por qué incluso los generales veteranos evitaban provocar a Adrian Shen.

No necesitaba levantar la voz.

Dos horas después, Nathan estaba siendo investigado formalmente.

Pero Adrian hizo algo todavía más inesperado.

Me entregó una carpeta.

Dentro estaban las siete solicitudes matrimoniales anteriores.

Las siete.

Todas tenían mi firma.

Todas habían llegado correctamente al departamento correspondiente.

Y ninguna había sido rechazada por el ejército.

—¿Entonces por qué nunca se aprobaron?

Adrian señaló las anotaciones.

RETIRADA A PETICIÓN DEL SOLICITANTE.

Solicitante:

NATHAN SHEN.

Sentí que algo se hundía dentro de mí.

Durante diez años Nathan me había dicho que esperáramos.

Que eran misiones.

Órdenes.

Problemas administrativos.

Mentiras.

Él había retirado cada solicitud personalmente.

La séptima tenía una nota adicional.

“Solicitar nueva demora hasta resolución del asunto Ivy Lane.”

Cerré la carpeta.

Ya no dolía.

Eso fue lo más extraño.

Adrian me observó.

—Puedes solicitar la anulación.

—¿Quieres que lo haga?

Por primera vez, su expresión fría cambió ligeramente.

—Te estoy dando una salida que Nathan nunca te dio.

Aquella noche me mudé temporalmente a la residencia de Adrian.

Descubrí rápidamente otra mentira.

No estaba completamente paralizado.

Lo encontré de pie junto a su escritorio.

Sus piernas temblaban violentamente, pero estaba de pie.

Me quedé inmóvil.

Adrian volvió lentamente a la silla.

—La familia no sabe cuánto he recuperado.

—¿Por qué ocultarlo?

—Porque alguien provocó el accidente que me dejó así.

Sacó un expediente clasificado.

La operación había ocurrido cuatro años antes.

Un vehículo militar había recibido coordenadas modificadas y entrado directamente en una emboscada.

Tres hombres murieron.

Adrian sobrevivió.

La autorización electrónica utilizada para cambiar la ruta pertenecía a Nathan.

—¿Nathan intentó matarte?

—Eso creí.

Adrian pasó la página.

—Hasta que encontré esto.

El acceso había sido realizado desde el ordenador de Ivy.

Sentí frío.

—¿Ella trabaja para Nathan desde entonces?

—Desde seis meses antes.

Pero había algo todavía más extraño.

Adrian abrió una fotografía de vigilancia.

Ivy aparecía reuniéndose con mi padre.

Mi padre había muerto cuando yo tenía dieciséis años.

La fotografía tenía fecha de hacía apenas ocho meses.

Retrocedí.

—Eso es imposible.

—Por eso acepté casarme contigo.

Lo miré.

—¿Qué?

—Reconocí tu apellido cuando vi el informe modificado.

Sacó una carta sellada.

En el frente estaba escrito mi nombre con la letra de mi padre.

ELENA HART.

Mis manos comenzaron a temblar.

—¿Dónde conseguiste esto?

—La llevaba uno de los hombres que murió durante mi emboscada.

Abrí el sobre.

Solo había tres líneas.

“Elena jamás debe casarse con Nathan Shen.

Si Nathan intenta retrasar el matrimonio, significa que todavía siguen el plan.

Confía únicamente en Adrian.”

Levanté la mirada.

—Mi padre conocía tu nombre años antes de que tú y yo nos casáramos.

Adrian asintió.

Entonces sacó el último documento.

Era la primera solicitud matrimonial que Nathan y yo habíamos presentado diez años atrás.

Había una anotación secreta que nunca apareció en mi copia.

OBJETIVO HART CONFIRMADO.

FASE DE VIGILANCIA ACTIVADA.

RESPONSABLE: IVY LANE.

Me quedé sin respiración.

—Ivy tenía quince años entonces.

—Ese tampoco es su verdadero nombre.

Adrian abrió una antigua fotografía militar.

Una niña estaba junto a mi padre.

Era Ivy.

En el reverso había una inscripción:

EVELYN HART.

Mi hermana menor.

La hermana que mi madre me había dicho que murió siendo un bebé.

Adrian me sostuvo la mirada.

—Nathan nunca pasó diez años evitando casarse contigo porque no te amara.

Hizo una pausa.

—Pasó diez años esperando que cumplieras una condición que ni siquiera sabías que existía.

—¿Qué condición?

Adrian giró hacia mí el último documento.

Era el testamento secreto de mi padre.

Y debajo de mi nombre aparecía una cláusula:

“ELENA HART HEREDARÁ EL CONTROL DEL FIDEICOMISO ÚNICAMENTE DESPUÉS DE CONTRAER MATRIMONIO CON UN MIEMBRO DE LA FAMILIA SHEN.”

Miré mi certificado.

ADRIAN SHEN.

Entonces comprendí por qué Ivy había convencido a Nathan de cambiar aquel nombre.

La apuesta nunca había sido una broma.

Solo habían cometido un error.

Habían elegido al único hombre de la familia Shen que conocía el secreto.

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