PARTE 2: EL BEBÉ QUE REVELÓ LA VERDAD

—Empuja, Mia.

Apreté la mano de Adrian hasta clavarle las uñas.

—¡Todo esto es culpa tuya!

—Lo discutiremos después.

—¡Te odio!

—También después.

Sophie giró la cabeza para esconder una sonrisa.

Veinte minutos más tarde, un llanto llenó la sala.

Mi mundo se detuvo.

—Es un niño —dijo Sophie.

Empecé a llorar.

Adrian no dijo nada.

Solo miraba al bebé.

Toda aquella furia había desaparecido de su rostro.

Cuando Sophie colocó al pequeño sobre mi pecho, Adrian extendió una mano.

Se detuvo antes de tocarlo.

—¿Puedo?

Aquella pregunta me rompió más que cualquier reproche.

Asentí.

Su dedo rozó la mejilla diminuta.

—Hola —susurró.

Horas después desperté en una habitación privada.

Adrian estaba sentado junto a la ventana con nuestro hijo dormido en brazos.

—Dámelo.

Se levantó inmediatamente.

Después preguntó:

—¿Por qué huiste?

Miré hacia otro lado.

—Te escuché aquella mañana.

—¿Qué escuchaste?

—“No somos compatibles.”

Adrian frunció el ceño.

—¿Eso fue todo?

—También dijiste que lo de tener hijos sería más adelante.

Se quedó inmóvil.

Después soltó una risa sin humor.

—Mia, estaba hablando con mi madre.

Lo miré.

—¿Qué?

—Quería obligarme a casarme con la hija de uno de sus socios.

Sentí que mi cerebro dejaba de funcionar.

—Entonces…

—Le dije que aquella mujer y yo no éramos compatibles.

Silencio.

Quise desaparecer debajo de las sábanas.

—¿Y los hijos?

—Mi madre preguntó cuándo pensaba darle nietos.

Adrian señaló al bebé.

—Iba a pedirte matrimonio aquella misma semana.

Cerré los ojos.

Había huido durante ocho meses por escuchar media conversación.

—Soy una idiota.

—Sí.

Abrí los ojos indignada.

—¡Adrian!

Por primera vez sonrió.

Pero desapareció rápidamente.

—Eso no explica algo.

—¿Qué?

Sacó mi expediente prenatal.

—Tu primera ecografía fue realizada en Holt Medical Center.

Sentí un escalofrío.

—¿Y?

—Ese hospital pertenece a mi familia.

Adrian señaló una firma.

—Mi madre recibió una copia del informe.

La fecha era de ocho meses atrás.

Tres días después de mi desaparición.

—Ella sabía que estaba embarazada.

—Sí.

—Entonces ¿por qué nunca te lo dijo?

Adrian no respondió.

Su teléfono sonó.

Era Sophie.

Habían encontrado una anomalía al revisar los análisis del bebé.

No era una enfermedad.

Era una coincidencia genética inesperada.

Una hora después entró un genetista.

—Doctor Holt, necesitamos confirmar su parentesco con el recién nacido.

Mi estómago se hundió.

—Adrian es el padre.

—No estamos cuestionando eso.

El médico dejó dos informes sobre la mesa.

—El niño presenta una coincidencia genética extremadamente cercana con otra muestra registrada en nuestro sistema.

Adrian frunció el ceño.

—¿De quién?

El genetista dudó.

—De su hermano.

Me quedé inmóvil.

Adrian era hijo único.

—No tengo ningún hermano.

El médico giró la pantalla.

Había un nombre.

ETHAN HOLT.

Fecha de nacimiento: treinta y seis años atrás.

Adrian palideció.

—Ethan murió al nacer.

—Según este expediente, no.

La puerta se abrió.

Una mujer elegante entró sin llamar.

La madre de Adrian.

Al ver el informe, perdió completamente el color.

—Madre —dijo Adrian—. ¿Quién es Ethan?

Ella miró al bebé.

Después me miró a mí.

—Por eso intenté encontrar a Mia antes que tú.

Adrian se levantó.

—¿Qué estás diciendo?

Su madre cerró la puerta.

—Ethan está vivo.

Silencio.

—Y durante ocho meses creyó que el hijo que Mia esperaba era suyo.

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—Nunca he conocido a ningún Ethan.

—Tú no —respondió ella.

Luego miró a Adrian.

—Pero alguien utilizó tu identidad durante meses antes de que Mia desapareciera.

Adrian quedó petrificado.

Su madre sacó una fotografía reciente.

Dos hombres aparecían en ella.

Eran prácticamente idénticos.

Uno era Adrian.

El otro tenía la misma cara.

—Tu hermano gemelo volvió hace un año —susurró ella—. Y desde entonces ha estado viviendo partes de tu vida sin que ninguno de los dos lo supierais.

Miré al hombre frente a mí.

Y por primera vez desde que había entrado en aquella sala de parto, una pregunta aterradora sustituyó todas las demás.

Si Adrian tenía un gemelo idéntico que había utilizado su identidad…

¿con cuál de los dos había pasado realmente aquella última noche?

Related Posts

PARTE 2: EL SECRETO QUE FELICIA VINO A PROTEGER

Felicia bajó de la camioneta como si estuviera llegando a una reunión de negocios. Los dos abogados caminaron detrás de ella. Josipa apretó a los gemelos contra…

PARTE 2: EL BENEFICIARIO QUE NUNCA DEBIÓ EXISTIR

A las ocho de la mañana ya estaba en mi despacho. No llamé a Mauricio. No confronté a Renata. Hice lo que llevaba quince años enseñando a…

PARTE 2: LA NOVIA QUE CONVIRTIÓ EL ALTAR EN UNA TRAMPA

Las puertas doradas se abrieron. El órgano comenzó a sonar. Y yo sonreí. Mi padre no podía acompañarme. Estaba ingresado en la clínica Ruber, luchando por respirar….

PARTE 2: LA PREGUNTA QUE LEO HIZO FRENTE A TODOS

Daniel tardó varios segundos en entregar el premio. Sus ojos recorrían el rostro de Leo como si estuviera buscando una explicación imposible. —¿Cómo te llamas? —preguntó finalmente….

PARTE 2: LA SEÑAL QUE ALGUIEN CAMBIÓ

Ethan creyó que estaba hablando por rabia. No lo estaba. Yo había pasado dos horas atrapada en el agua después de que él eligiera llevar primero a…

PARTE 2: LOS CINCO DÍAS DE JULIAN

Julian pensó que acababa de cortarme el pelo. En realidad, acababa de darme la última prueba que necesitaba. A la mañana siguiente fui a mi salón principal….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *