PARTE 2: LA NOCHE QUE ADRIAN DIJO NO RECORDAR

Adrian me llamó esa misma noche.

No contesté.

Volvió a llamar once veces.

A la duodécima bloqueé su número.

A la mañana siguiente estaba frente a mi hotel.

—Tenemos que hablar.

Intenté pasar de largo.

Adrian puso el informe médico frente a mí.

—Doce semanas.

Me detuve.

—¿Robaste mis documentos?

—Se te cayó.

—Entonces debiste entregarlo en recepción.

—La fecha coincide.

Lo miré.

—¿Con qué?

Su mandíbula se tensó.

—Con aquella noche.

Claro que la recordaba.

Tres meses atrás yo había regresado brevemente al país para visitar la tumba de mi madre en el aniversario de su muerte.

Había bebido demasiado.

Adrian apareció allí cerca de medianoche.

Nunca supe quién le dijo dónde estaba.

Discutimos.

Le grité todo lo que llevaba tres años callando.

Él me llevó al apartamento de mi familia porque apenas podía caminar.

A la mañana siguiente desperté sola.

Había una nota sobre la mesa.

Anoche fue un error. Olvídalo.

Eso hice.

O lo intenté.

—¿El bebé es mío? —preguntó.

—No tienes derecho a preguntarlo.

—Nora.

—¿Dónde está Jade?

La expresión de Adrian cambió.

—Esto no tiene nada que ver con ella.

Solté una risa.

—Todo contigo termina teniendo que ver con ella.

Intenté marcharme.

Entonces dijo:

—Jade no lleva un hijo mío.

Me volví.

—La escuché decirlo.

—Está embarazada mediante fecundación in vitro.

—Y dijiste que la acompañaste para un tratamiento de fertilidad.

—Sí.

—Entonces felicidades.

—Yo no soy el donante.

Aquello me hizo guardar silencio.

Adrian continuó:

—Su marido murió hace cuatro años. Habían congelado embriones antes de que enfermara.

Fruncí el ceño.

—¿Su marido?

—Jade estuvo casada.

Tres años atrás nadie me había mencionado aquello.

—¿Entonces por qué abandonaste nuestra boda por ella?

Adrian apartó la mirada.

—Porque llamó diciendo que iba a hacerse daño.

Sentí algo frío en el pecho.

—Y cuando yo levanté aquel vidrio, me llamaste manipuladora.

No respondió.

—Ella amenazó con hacerse daño y corriste hacia ella. Yo hice exactamente lo mismo delante de ti y me humillaste frente a todos.

—Nora…

—Eso es todo lo que necesitaba saber.

Esta vez conseguí alejarme.

Pero esa tarde apareció otra persona.

Julian Jiang.

El hermano mayor de Adrian.

No lo veía desde la boda.

Dejó una carpeta sobre la mesa de la cafetería.

—Adrian no sabe que vine.

—Entonces probablemente deberías irte.

—Primero mira esto.

Dentro había registros de llamadas de tres años atrás.

La llamada que Jade hizo durante nuestra boda duró cuarenta y siete segundos.

Después había otra.

Jade llamando a un número desconocido.

Y otra.

Y otra.

—¿Qué estoy mirando?

—El número pertenecía a un médico de una clínica privada.

—¿Y?

Julian deslizó hacia mí un informe.

Jade había ingresado aquella tarde.

Pero no por una crisis emocional.

Por una consulta ginecológica programada.

Sentí que se me helaban los dedos.

—¿Adrian sabía esto?

—No entonces.

—¿Y ahora?

Julian guardó silencio.

—¿Ahora?

—Lo descubrió hace seis meses.

Me levanté.

—Entonces es incluso peor.

—Hay más.

Julian abrió otra página.

—Después de aquella llamada, Jade le dijo a Adrian que estaba embarazada.

—¿De él?

—Eso dejó que creyera.

Me quedé inmóvil.

—¿Y lo estaba?

—Sí.

—¿Qué pasó con el bebé?

Julian me miró fijamente.

—Nunca hubo ningún bebé de Adrian.

Antes de que pudiera preguntar, mi teléfono vibró.

Un mensaje desde un número desconocido.

Era Jade.

Deja de intentar quitarme lo que es mío otra vez.

Debajo había una fotografía.

Adrian entrando en mi hotel aquella mañana.

Sentí un escalofrío.

Ella nos estaba siguiendo.

Julian vio la pantalla.

—Nora, tienes que marcharte de aquí.

—¿Por qué?

—Porque hay algo que Adrian todavía no sabe sobre la noche del cementerio.

—¿Qué cosa?

Julian bajó la voz.

—Él no llegó allí por casualidad.

Mi respiración se detuvo.

—¿Quién le dijo dónde estaba?

Julian miró nuevamente el mensaje de Jade.

—Ella.

No entendí.

—¿Jade envió a Adrian conmigo?

—Sí.

—¿Por qué?

Julian tardó demasiado en responder.

—Porque tres meses atrás Jade ya sabía que iba a someterse a la transferencia de aquel embrión.

—Eso no explica nada.

—No.

Sacó una última hoja.

Era un contrato de una clínica de fertilidad.

En la parte inferior aparecía el nombre de Adrian.

No como padre.

Como garante financiero.

Pero había otro documento detrás.

Una autorización para realizar pruebas genéticas sobre un posible heredero de la familia Jiang.

Firmada dos días antes de la noche del cementerio.

—¿Qué significa esto?

Julian tragó saliva.

—Que aquella noche alguien necesitaba que tú y Adrian volvieran a estar juntos.

Sentí que la cafetería desaparecía a mi alrededor.

—¿Quién?

Julian señaló la segunda firma del documento.

No era la de Jade.

Conocía aquella letra.

La había visto cientos de veces durante los preparativos de mi boda.

Era la firma de la madre de Adrian.

Y debajo había una frase escrita a mano:

“Si Nora queda embarazada, el fideicomiso vuelve a nuestra familia.”

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