PARTE 2: LO QUE MI PADRE ESCONDIÓ BAJO TIERRA

—¿Qué han estado buscando?

Papá miró hacia la casa antes de responder.

—Los documentos que demuestran quién es realmente el dueño de todo esto.

Sentí que se me tensaba el cuerpo.

—La casa es vuestra.

—Eso creíamos.

Papá me llevó detrás del cobertizo hasta un viejo taller que llevaba cerrado desde mi adolescencia.

Introdujo la llave oxidada en una pequeña cerradura oculta bajo el banco de trabajo.

Escuché un clic.

Sacó una caja metálica.

Dentro había fotografías, recibos, escrituras antiguas y un sobre amarillento con mi nombre.

—¿Por qué está mi nombre ahí?

—Porque esto empezó mucho antes de que Derek trajera a Veronica a esta casa.

Papá sacó una escritura.

—Cuando compramos la propiedad, tu abuelo puso parte del terreno a tu nombre.

Me quedé inmóvil.

—Yo era un niño.

—Precisamente. Quería asegurarse de que nadie pudiera venderlo todo sin tu consentimiento cuando fueras adulto.

Tomé el documento.

Entonces comprendí por qué Derek y Veronica llevaban meses buscando aquella caja.

—¿Qué firmasteis?

Papá bajó la cabeza.

—Un poder.

—¿Para qué?

—Derek dijo que era para gestionar las facturas mientras tu madre estaba enferma.

Sentí rabia.

—¿Lo leíste?

Papá no respondió.

Eso bastó.

Mi teléfono vibró.

Era Inez.

Contesté inmediatamente.

—Dime.

—Encontré algo grave.

Miré a papá.

—¿Qué?

—Hace nueve meses se registró un poder amplio firmado por tus padres. Desde entonces hubo transferencias mensuales desde sus cuentas hacia una sociedad llamada V&D Property Management.

—Veronica y Derek.

—Eso parece. Pero hay más.

Inez hizo una pausa.

—Están intentando vender la casa.

Miré hacia las ventanas iluminadas donde los invitados de mi hermano seguían bebiendo.

—Congela todo lo que puedas legalmente.

—Ya pedí medidas urgentes sobre las cuentas que controlas y marqué las operaciones sospechosas. Pero necesito esa escritura original.

Miré la caja.

—La tengo.

De repente escuchamos una puerta cerrarse.

Papá palideció.

—Escóndela.

Demasiado tarde.

Derek apareció detrás del cobertizo.

Veronica venía con él.

Cuando vio la caja abierta, su rostro cambió.

—Manuel —dijo lentamente—. ¿Qué estás haciendo?

Salí de las sombras.

Mi hermano se quedó petrificado.

—¿Tú?

—Hola, Derek.

—Mamá dijo que no venías.

—Por eso vine.

Veronica recuperó rápidamente la compostura.

—Esto es un asunto familiar.

—Perfecto. Yo también soy familia.

Tomé la escritura.

Los ojos de Veronica siguieron el documento.

No a mí.

Al documento.

Y entonces lo supe.

—Esto era lo que buscabas.

—No sabes de qué estás hablando.

Levanté el teléfono.

—Mi abogado sí.

Derek palideció.

—¿Abogado?

—Las cuentas están siendo revisadas. También las transferencias a V&D Property Management.

Veronica giró hacia Derek.

—Dijiste que no podía tocarlas.

Ahí cometió su primer error.

Papá la miró.

—¿No podía tocar qué?

—Nada.

Intentó marcharse.

Me interpuse.

—Mañana nadie vende esta casa.

Derek abrió mucho los ojos.

—¿Quién te habló de la venta?

Su segundo error.

Papá parecía enfermo.

—Derek… ¿ibas a vender nuestra casa?

—Papá, puedo explicarlo.

—¿Y dónde pensabas mandarnos?

Mi hermano no respondió.

Entonces mamá apareció en la puerta.

Había escuchado suficiente.

Pero en lugar de mirar a Derek, miró la caja.

Y comenzó a llorar.

—Manuel, no.

Papá frunció el ceño.

—Carmen…

Mamá se acercó y sacó del fondo de la caja el sobre que llevaba mi nombre.

—Hay algo que nuestro hijo tiene que saber.

—No esta noche —dijo papá.

—Después de tantos años, sí.

Me entregó el sobre.

Dentro había un certificado de nacimiento antiguo.

Leí mi nombre.

Después el nombre de mi madre.

Y finalmente llegué a la casilla del padre.

No decía Manuel.

Levanté lentamente la vista.

Papá tenía lágrimas en los ojos.

—¿Quién es este hombre?

Veronica dejó escapar un pequeño jadeo.

La miré.

Ella reconocía el nombre.

Y entonces sonrió.

—Ahora entiendes por qué necesitábamos encontrar esa caja antes que tú.

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