Nathan dejó la pluma sobre el escritorio.
—Claire, dime el nombre de la empresa.
Abrí la carpeta que había llevado conmigo.
—Northbridge Capital Partners.
Su expresión cambió.
—¿Northbridge?
Asentí.
Mi abuelo había sido uno de sus primeros inversionistas. Cuando murió, su participación pasó a un fideicomiso creado para mí.
Durante años nunca le presté demasiada atención.
Recibía informes trimestrales.
Firmaba documentos.
Dejaba que los administradores hicieran su trabajo.
—¿Qué porcentaje tienes? —preguntó Nathan.
—El diecisiete por ciento.
Nathan se quedó inmóvil.
—Claire, Northbridge no es una pequeña empresa de inversión.
—Lo sé.
—Entonces también sabes que tienen participaciones en decenas de compañías.
—Sí.
Nathan comenzó a revisar los documentos.
De repente se detuvo.
Volvió una página atrás.
—Prescott Global.
Mi estómago se tensó.
—¿Qué?
Giró el documento hacia mí.
Northbridge poseía indirectamente una participación importante en Prescott Global.
No suficiente para controlarla.
Pero sí suficiente para tener derechos de información y participar en determinadas decisiones corporativas.
Me quedé mirando la página.
Durante tres años había asistido a cenas donde Aaron hablaba de accionistas como si fueran personas pertenecientes a otro universo.
Yo había permanecido sentada junto a él sin saber que una empresa parcialmente mía estaba entre ellos.
—¿Aaron lo sabe?
—No puede saber que tú eres beneficiaria final si la estructura del fideicomiso mantuvo esa información privada.
Nathan levantó una mano.
—Pero no mezclemos esto con el divorcio. Tu posición económica y cualquier cuestión corporativa deben manejarse por separado.
Eso me pareció perfecto.
Yo no quería destruir Prescott Global.
Allí trabajaban quinientas personas que no tenían nada que ver con mi matrimonio.
Solo quería salir.
Aaron apareció en casa aquella noche.
Yo había cambiado el código de acceso siguiendo el procedimiento correspondiente, pero él todavía tenía derecho a recoger sus pertenencias personales pendientes, así que Nathan había organizado que todo se hiciera con calma.
Cuando abrí la puerta, Aaron parecía no haber dormido.
—¿De verdad vas a hacer esto?
—Ya lo estoy haciendo.
—Por un mensaje de Slack y unas noches fuera.
Lo miré.
—No me divorcio por Slack.
—Entonces ¿por Jasmine?
—Me divorcio porque llevo tres años casada sola.
Aquello consiguió callarlo.
—Jasmine y yo no tenemos una relación —dijo finalmente.
—No importa.
Pareció sorprendido.
—¿Cómo que no importa?
—Si dormiste con ella o no será algo que nuestros abogados aclararán si resulta relevante. Mi decisión no depende de eso.
Aaron me observó durante varios segundos.
—¿Hay alguien más?
Casi me reí.
—Siempre piensas que mis decisiones tienen que girar alrededor de otra persona.
Le entregué la última caja.
—Esta gira alrededor de mí.
Dos días después, Nathan recibió la primera respuesta de los abogados de Aaron.
No discutían el divorcio.
Querían revisar mis activos.
—Era previsible —dijo Nathan.
—Entonces entrégales lo que legalmente corresponda.
Una hora después volvió a llamarme.
—Tenemos un problema diferente.
—¿Qué ocurrió?
—Prescott Global acaba de anunciar una reunión extraordinaria de la junta.
Me incorporé.
—¿Por qué?
—Una auditoría interna.
El nombre de Jasmine aparecía varias veces.
Jasmine Cole no era simplemente la directora de estrategia que acompañaba a Aaron a todas partes.
Durante dieciocho meses había autorizado contratos con una consultora llamada JC Advisory.
Los pagos superaban los cuatro millones de dólares.
—¿Es su empresa?
—Eso parece.
Sentí una punzada de incredulidad.
—¿Aaron lo sabía?
—No lo sabemos.
Y no iba a acusarlo sin pruebas.
Al día siguiente recibí un correo de Northbridge.
Como beneficiaria relevante del fideicomiso, se me notificaba que la firma estaba revisando su exposición a Prescott Global debido a posibles irregularidades internas.
Nada personal.
Nada relacionado con mi divorcio.
Precisamente por eso era serio.
Aaron llamó diez minutos después.
Contesté.
—¿Qué?
—¿Tú conoces Northbridge Capital?
Miré por la ventana.
—Sí.
Silencio.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes de conocerte.
—Claire, Northbridge acaba de exigir documentación sobre los contratos de Jasmine.
—Entonces deberías entregársela.
—¿Qué tienes que ver tú con ellos?
No respondí.
Nathan me había recomendado no discutir estructuras patrimoniales por teléfono.
—Habla con tus abogados.
Colgué.
La reunión extraordinaria ocurrió el viernes.
Yo no asistí.
No era directora de Prescott Global y no pretendía utilizar una inversión para resolver un conflicto matrimonial.
Pero esa tarde Nathan apareció en mi apartamento con una expresión que no me gustó.
—Encontraron algo.
Dejó un documento frente a mí.
JC Advisory había recibido millones.
Parte del dinero había terminado en otra sociedad.
Marble Crown Holdings.
—Nunca he oído ese nombre.
—Mira su activo principal.
Era una propiedad frente al mar.
En Marblehead.
Reconocí la dirección inmediatamente.
—Esa es mi casa.
La propiedad que mi padre me había transferido antes del matrimonio.
La misma que acababa de declarar como bien exclusivamente mío.
—Eso no puede ser.
Nathan deslizó otro documento.
Alguien había intentado utilizarla ocho meses antes como garantía para una operación empresarial.
La solicitud no se completó.
Pero incluía una autorización supuestamente firmada por mí.
—Yo jamás firmé esto.
—Lo sé.
Había un segundo nombre como testigo.
Jasmine Cole.
Sentí que toda la historia cambiaba de forma.
—¿Aaron sabía esto?
—Todavía no puedo responderte.
Nathan sacó una última página.
—Pero encontramos algo todavía más extraño.
La solicitud había sido preparada por el departamento jurídico externo de Prescott Global.
El abogado responsable era Thomas Prescott.
El padre de Aaron.
—Thomas murió antes de nuestra boda.
—Eso dice su biografía corporativa.
Miré la fecha del documento.
Ocho meses atrás.
Nathan continuó:
—Y hay una dirección de correo vinculada a la autorización.
—¿De quién?
Giró la pantalla.
El nombre del usuario era Thomas Prescott.
Y durante los últimos tres años esa cuenta había iniciado sesión regularmente desde una dirección IP asociada a la residencia privada de Eleanor Prescott, la madre de Aaron.
Me quedé mirando el registro.

De pronto, las noches fuera de Aaron dejaron de ser el único secreto de aquel matrimonio.
Porque alguien llevaba años intentando utilizar mis bienes dentro de Prescott Global.
Y, según los documentos, ese alguien podía ser un hombre que toda la familia afirmaba haber enterrado cuatro años atrás.