PARTE 2: La carta que Ethan nunca tiró

No estreché su mano.

Mis ojos seguían clavados en el anillo.

Ethan siguió mi mirada y, por alguna razón, su sonrisa desapareció.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

Guardé mi libreta.

—Gracias por la entrevista, señor Xu.

Intenté marcharme.

—Clara.

Me detuve.

—¿Por qué cambiaste de universidad?

Sentí que algo se tensaba dentro de mí.

—No recuerdo haberte contado dónde pensaba estudiar.

Ethan guardó silencio.

Aquello confirmó que sí lo sabía.

—Nina me lo dijo —respondió finalmente.

—Entonces también sabrás que cambié de opinión.

—La noche después de graduarnos.

Lo miré.

—Parece que recuerdas demasiadas cosas sobre alguien a quien apenas conocías.

Esta vez fui yo quien salió antes de que pudiera responder.


Dos días después, mi entrevista se volvió viral.

No por mí.

Ethan Xu casi nunca hablaba con medios y había respondido todas mis preguntas.

Mi jefa entró emocionada.

—LumenTech quiere que seas tú quien haga el documental sobre su décimo aniversario.

—No.

Ella parpadeó.

—¿No?

—Asigna a otra persona.

—Clara, ellos te solicitaron específicamente.

Eso me hizo levantar la vista.

—¿Quién?

—Ethan Xu.

Antes de que pudiera responder, Nina me llamó.

No hablábamos desde hacía meses.

—¿Entrevistaste a mi hermano?

—Sí.

—Entonces finalmente se encontraron.

Había algo extraño en su tono.

—Nina, ¿qué quieres decir con “finalmente”?

Silencio.

Después suspiró.

—Clara… hay algo que debí decirte hace años.

Mi corazón empezó a latir más rápido.

—¿Sobre qué?

—Sobre aquella carta.

Me quedé inmóvil.

—¿Cómo sabes de la carta?

—Porque Ethan llegó a casa buscándola como un loco.

Sentí que el mundo se detenía.

—Yo la vi en la basura.

—Lo sé.

Nina respiró profundamente.

—Pero Ethan nunca la tiró.

No pude hablar.

—Ese día Wendy lo estaba esperando porque ambos participarían en una ceremonia académica. Cuando tú le entregaste el sobre, Ethan lo guardó dentro de un libro. Alguien lo sacó antes de que pudiera leerlo.

—¿Quién?

—Nunca lo supimos.

Recordé a Wendy caminando junto a él.

Pero me negué a convertir una sospecha adolescente en una certeza.

—No importa ya.

—Para Ethan sí importó.

Colgué antes de escuchar más.


Aquella tarde encontré a Ethan esperando frente a la estación.

—Tenemos que hablar.

—No tenemos nada que hablar.

—Sobre la carta sí.

Me quedé quieta.

Ethan abrió el maletero de su coche y sacó una caja vieja.

Dentro había fotografías escolares, certificados y cuadernos.

Y un sobre protegido dentro de una funda transparente.

Reconocí inmediatamente mi letra.

Para Ethan Xu.

Pero estaba roto en tres partes.

—¿Cómo…?

—Lo encontré aquella noche.

Mi respiración se cortó.

—Entonces la leíste.

—No.

Giró el sobre.

La parte central de la carta había desaparecido.

—Solo encontré estos fragmentos.

Me mostró una esquina donde todavía podía leerse:

“…me gustas desde…”

Sentí que las mejillas me ardían como cuando tenía diecisiete años.

—¿Por qué la guardaste?

Ethan me miró durante varios segundos.

—Porque pasé años preguntándome qué intentabas decirme.

Bajé la vista hacia su mano.

El anillo seguía allí.

Aquello bastó para devolverme a la realidad.

—Ya no importa. Estás casado.

Ethan frunció el ceño.

Después miró su propia mano.

Y, para mi sorpresa, soltó una pequeña risa.

Se quitó el anillo.

—Esto no es una alianza.

Me lo entregó.

En el interior estaba grabado:

LUMEN — 2016

—Fue el primer prototipo de un dispositivo que diseñamos cuando fundamos la empresa. Wendy tiene otro. También mis otros dos socios.

Me quedé sin palabras.

—¿Wendy no es tu esposa?

—Wendy se casó hace cuatro años.

Justo entonces sonó su teléfono.

En la pantalla apareció:

Wendy Lin.

Ethan contestó.

—¿Qué ocurre?

No escuché la respuesta completa.

Pero vi cómo cambiaba su expresión.

—¿Estás segura?

Colgó.

—¿Qué pasó?

Me miró.

—Wendy estaba revisando archivos antiguos para el documental.

Sacó las llaves.

—Encontró una grabación de la cámara del pasillo de nuestra escuela.

Sentí un escalofrío.

—¿De aquel día?

Asintió.

—La cámara muestra quién sacó tu carta del libro.

—¿Quién fue?

Ethan tardó demasiado en contestar.

—Clara…

Su voz se volvió extrañamente seria.

—No fue Wendy.

Entonces su teléfono recibió una imagen.

Ethan la abrió.

Vi la captura de una muchacha inclinándose sobre sus cosas aquel verano.

Reconocí el uniforme.

Reconocí el cabello.

Y reconocí el rostro.

Era Nina.

Mi mejor amiga.

La hermana de Ethan.

La misma persona que acababa de decirme que nunca habían sabido quién había destruido mi carta.

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