PARTE 2: La grabación que Sophie creyó haber borrado

Ethan fue el primero en reaccionar.

—¿Qué grabaciones?

Dejé la caja sobre la mesa.

—Las cámaras del hotel.

Sophie apretó los lirios contra el pecho.

—¿Para qué pediste eso?

La miré.

—Porque alguien me acusó de robar un brazalete.

La madre de Ethan soltó una risa.

—Perfecto. Así terminaremos con esto.

—Eso espero.

Dentro había una memoria sellada y un documento del administrador certificando que las copias procedían del sistema original.

No pensaba reproducirlas allí.

Ya había aprendido demasiado sobre discutir con personas que preferían gritar antes que escuchar.

—Mañana las verá mi abogado.

La expresión de Sophie cambió.

—Claire, quizá estamos llevando demasiado lejos un simple malentendido.

—Hace un minuto era una ladrona.

Nadie respondió.

Tomé otra caja y seguí empacando.

Ethan se acercó.

—¿Abogado?

—Sí.

—¿Para cancelar nuestro compromiso?

—Para varias cosas.

La madre de Ethan cruzó los brazos.

—¿Qué otras cosas?

—Los gastos del hotel, las acusaciones sobre el brazalete y ciertas transferencias que encontré mientras organizaba los documentos de mi madre.

Por primera vez ella perdió completamente la compostura.

—¿Qué transferencias?

Aquella reacción me hizo levantar la mirada.

Yo había mencionado aquello casi al azar.

Ahora sabía que debía investigarlo.

A la mañana siguiente llevé las grabaciones al despacho de Daniel Morris, abogado y antiguo amigo de mi padre.

Vimos primero el pasillo del camerino.

Yo aparecía regresando.

Exactamente como Sophie había dicho.

Entraba durante cuarenta segundos.

Después salía sosteniendo únicamente mi teléfono.

—Eso no demuestra dónde estaba el brazalete —dijo Daniel.

Seguimos avanzando.

Cinco minutos después apareció Sophie.

Miró a ambos lados.

Entró.

Permaneció dentro casi cuatro minutos.

Cuando salió llevaba el bolso pegado al cuerpo.

Me quedé inmóvil.

—Continúa.

Otra cámara mostraba el ascensor.

Sophie entró.

Dentro ya estaba la madre de Ethan.

Las puertas comenzaron a cerrarse.

Durante apenas dos segundos, Sophie abrió el bolso.

La imagen no permitía distinguir perfectamente el objeto.

Pero algo rojo brilló dentro.

La misma caja roja donde aquella familia guardaba sus joyas ceremoniales.

Daniel detuvo el video.

—No acusaremos a nadie basándonos solo en esto.

—Lo sé.

—Pero sí tenemos motivos para pedir que cualquier investigación conserve todas las pruebas.

Asentí.

Entonces revisamos la grabación del salón.

Y encontramos algo mucho peor.

Mi madre estaba sentada cuando Sophie se acercó a ella.

No había audio.

Pero podía verse claramente cómo Sophie colocaba unos documentos frente a mamá.

Mi madre leyó la primera página.

Su expresión cambió.

Intentó levantarse.

Segundos después se llevó una mano al pecho.

—¿Qué le enseñó? —preguntó Daniel.

—No lo sé.

Recordé las últimas palabras que mamá había pronunciado antes de perder el conocimiento.

“Claire, no firmes nada.”

En aquel momento pensé que deliraba.

Ahora ya no estaba segura.

Daniel pidió también preservar registros adicionales del hotel.

Después revisó los documentos que había encontrado entre las pertenencias de mi madre.

Tres horas más tarde colocó uno frente a mí.

—Claire, ¿sabías que tu madre poseía acciones de Carter Biomedical?

Sentí que había escuchado mal.

—¿La empresa de la familia de Ethan?

—Sí.

Mi madre había trabajado durante años como contable antes de jubilarse.

Siempre vivimos modestamente.

Nunca mencionó inversiones importantes.

Pero los documentos indicaban que décadas atrás había recibido una participación vinculada a uno de los primeros inversionistas de la compañía.

—¿Cuánto vale?

Daniel evitó responder directamente.

—Necesitamos verificarlo. Pero no parece insignificante.

Encontramos además una carta sin enviar.

Estaba dirigida a mí.

“Claire:

Si estás leyendo esto, probablemente ya descubriste que nunca me opuse a Ethan por su apellido.

Me opuse porque su familia sabía quién eras antes de que él te conociera.”

Tuve que leerla dos veces.

Daniel encontró otro documento.

Era una propuesta para transferir determinados derechos relacionados con aquellas acciones después de mi matrimonio.

Mi nombre aparecía como futura beneficiaria.

—Yo nunca había visto esto.

—Hay más.

La propuesta había sido preparada nueve meses antes de que Ethan me pidiera matrimonio.

Y el contacto solicitante era la madre de Ethan.

Sentí frío.

Ethan siempre me había dicho que su madre me despreciaba porque yo no pertenecía a su clase social.

¿Y si precisamente por eso fingía despreciarme?

Mi teléfono comenzó a sonar.

Ethan.

No contesté.

Después Sophie.

Tampoco.

Finalmente llegó un mensaje.

Era una fotografía.

La urna de mi madre.

Seguía en mi apartamento.

Debajo, Sophie había escrito:

“Claire, vuelve. La madre de Ethan encontró el brazalete.”

Mi corazón dio un golpe.

Llamé inmediatamente a Daniel.

—Ven conmigo.

Cuando llegamos, había dos agentes en la sala.

La caja roja estaba abierta sobre la mesa.

Dentro estaba el brazalete.

—¿Dónde apareció? —pregunté.

La madre de Ethan me señaló.

—En una de tus cajas.

Ethan estaba pálido.

—Claire, yo no sabía que iban a registrar tus cosas.

No respondí.

Miré la caja.

Después miré la cámara pequeña que yo misma había instalado aquella mañana antes de irme.

Daniel siguió mi mirada.

—¿Esa cámara estaba funcionando?

Asentí.

La madre de Ethan se quedó inmóvil.

Sophie dejó de respirar.

Abrimos la aplicación delante de todos.

La grabación mostraba la sala vacía.

Luego aparecía Sophie.

Entraba sola.

Miraba hacia el pasillo.

Sacaba algo de su bolso.

Y lo introducía cuidadosamente dentro de mi caja.

Ethan retrocedió.

—Sophie…

Ella comenzó a negar con la cabeza.

—No es lo que parece.

Pero la grabación continuó.

La madre de Ethan entró apenas un minuto después.

Y en lugar de sorprenderse, preguntó:

—¿Lo pusiste donde acordamos?

Nadie habló.

Entonces Sophie respondió.

—Sí. Cuando encuentren el brazalete, Claire estará demasiado ocupada defendiéndose para preguntar qué documentos le enseñé a su madre.

Sentí que las piernas casi me fallaban.

Ethan miró a su madre.

—¿Qué documentos?

Ella no respondió.

Daniel sí.

Sacó la propuesta de transferencia.

—Probablemente estos.

La madre de Ethan perdió todo el color.

Pero Sophie cometió entonces su verdadero error.

Miró el documento y murmuró:

—Eso debería haberse quemado con los papeles de Helen.

Helen.

Mi madre.

Yo jamás había dicho delante de Sophie que mamá guardaba documentos.

Daniel se volvió hacia ella.

—¿Qué papeles de Helen?

Sophie comprendió demasiado tarde lo que acababa de revelar.

Y mientras todos la mirábamos, recordé una última cosa.

Cuando llegué al hospital el día del compromiso, el bolso de mi madre estaba abierto.

Faltaba una carpeta azul.

La misma carpeta que aparecía bajo el brazo de Sophie en la grabación del ascensor.

Mi madre no había sufrido aquella crisis únicamente por una humillación durante mi compromiso.

Había descubierto algo.

Y Sophie había sido la última persona que habló con ella antes de que cayera.

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