—No voy a secuestrarte —dijo Ethan.
Parpadeé.
—No estaba pensando eso.
Una ceja se levantó.
—Lo estabas pensando muy fuerte.
Apreté a Sophie contra mi pecho.
—Solo quiero llegar a la boda de mi hermana.
—Llegarás.
Cuando aterrizamos en Chicago, comprendí que “su equipo de seguridad” no significaba dos hombres esperándolo junto a una camioneta.
Había varios vehículos negros y un hombre mayor que se acercó inmediatamente.
—Señor Callahan.
Entonces me vio.
Su rostro cambió.
No por mí.
Por Sophie.
—¿De quién es esa niña?
Ethan se volvió.
—De Rachel.
El hombre siguió mirando a mi hija.
—¿Rachel qué?
Aquella pregunta me incomodó.
—Morales.
Se quedó inmóvil.
Ethan lo notó.
—Patrick.
El tono era una advertencia.
—¿Qué ocurre?
Patrick negó demasiado rápido.
—Nada.
Saqué mi teléfono.
Doce llamadas perdidas.
Todas de mi hermana, Elena.
La llamé.
Contestó llorando.
—Rachel, no vengas al hotel.
—¿Qué pasó?
—La boda está cancelada.
Ethan levantó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué?
—Daniel desapareció anoche.
Daniel Mercer.
Mi futuro cuñado.
Un hombre al que apenas conocía porque Elena lo había conocido después de mudarse a Chicago.
—¿Desapareció?
—Y unos hombres estuvieron preguntando por ti.
Sentí que se me helaban las manos.
—¿Por mí?
Patrick cerró los ojos.
Ethan lo vio.
—Tú sabes algo.
—Jefe…
—Ahora.
Patrick miró a Sophie.
—Daniel Mercer no se llama Daniel Mercer.
El silencio cayó entre nosotros.
Ethan dio un paso hacia él.
—Continúa.
—Su nombre verdadero es Daniel Callahan.
Ethan quedó completamente quieto.
—Eso es imposible.
Patrick tragó saliva.
—Es hijo de Michael.
La expresión de Ethan se endureció.
Yo no entendía nada.
—¿Quién es Michael?
—Mi hermano —respondió Ethan.
Según Patrick, Michael Callahan había abandonado Chicago años atrás después de romper con la familia.
Había muerto recientemente.
Daniel había regresado usando otro apellido.
—¿Por qué iba a comprometerse con Elena? —pregunté.
Patrick no respondió.
Ethan sí comprendió.
—Porque quería llegar hasta Rachel.
Mi corazón golpeó con fuerza.
—Yo nunca había conocido a Daniel antes.
—Quizá él sí sabía quién eras tú.
Patrick sacó su teléfono.
Mostró una fotografía tomada meses atrás.
Daniel estaba frente a mi restaurante en Los Ángeles.
Observándome desde la acera.
Sentí náuseas.
—¿Por qué?
Entonces Sophie comenzó a inquietarse.
Patrick volvió a mirarla.
Esta vez observó el pequeño colgante que llevaba alrededor del cuello.
Era una medalla de plata que mi madre me había dado antes de morir.
Yo la había colocado en la cadena de Sophie.
Patrick palideció.
—¿Dónde consiguió eso?
—Era de mi madre.
Ethan tomó cuidadosamente la medalla.
En la parte posterior había unas iniciales que nunca había entendido.
E.C.
Sus iniciales.
Ethan Callahan.
—Mi madre decía que perteneció a mi padre —susurré.
Ethan me miró.
Por primera vez desde que lo había conocido, aquel hombre terriblemente tranquilo parecía verdaderamente desconcertado.
Patrick dio un paso atrás.
—Rachel… ¿cómo se llamaba su madre?
—Isabel Morales.
El silencio fue inmediato.
Ethan cerró los ojos un instante.
Cuando volvió a abrirlos, toda amabilidad había desaparecido de su expresión.
No hacia mí.
Hacia Patrick.
—Dime que no es la misma Isabel.
Patrick no respondió.
No necesitó hacerlo.
Ethan volvió a mirar a Sophie y luego a mí.
—Rachel, Daniel no eligió a tu hermana por casualidad.
—Entonces ¿qué quería?
Ethan apretó la medalla en su mano.
—Encontrarte antes que yo.
Mi respiración se detuvo.
—¿Por qué?
Patrick respondió esta vez.
—Porque Isabel Morales desapareció de Chicago hace veintisiete años llevándose algo que la familia Callahan jamás logró recuperar.
Miré a Sophie.

—¿Qué se llevó?
Patrick negó lentamente.
—No qué.
Sus ojos se clavaron en mí.
—A quién.