PARTE 2: Las cicatrices que hicieron callar a Vega

Debajo de mi uniforme había una camiseta de compresión.

Y bajo ella, atravesando mi hombro y parte superior del torso, se extendían viejas cicatrices.

No eran recientes.

El médico levantó inmediatamente la mirada.

—¿Cuándo ocurrió esto?

Intenté incorporarme.

—Hace cuatro años.

—Mercer, quédate quieta.

Vega seguía inmóvil.

Por primera vez no parecía enfadado.

Parecía confundido.

—¿Cuatro años? —repitió.

Cerré los ojos.

—Accidente durante una evacuación.

El médico examinó mi identificación y luego volvió a mirarme.

—¿Rowan Mercer?

Asentí.

Su expresión cambió.

—¿Hospital Militar Landon?

Mi estómago se tensó.

Vega frunció el ceño.

—¿Qué tiene Landon?

El médico no respondió.

Me trasladaron al puesto sanitario mientras el pelotón continuaba.

Horas después, desperté con una vía intravenosa y Vega sentado junto a la puerta.

—¿Por qué no lo declaraste? —preguntó.

—Lo declaré.

Dejé que esas palabras permanecieran entre nosotros.

—Mi expediente médico completo fue entregado antes de la selección.

Vega se quedó rígido.

—A mí me dijeron que no tenías antecedentes relevantes.

—Entonces alguien decidió que no necesitabas conocerlos.

Antes de que pudiera responder, entró el capitán Daniels acompañado por el médico.

Llevaba una carpeta roja.

—Sargento Vega, afuera.

Vega se levantó.

—Señor, si esto tiene que ver con Mercer…

—Tiene todo que ver con Mercer.

Daniels dejó la carpeta sobre mi cama.

En la portada estaba mi nombre.

Pero debajo aparecía otro:

OPERACIÓN HAVEN RIDGE.

Vega lo leyó.

Y retrocedió medio paso.

—Eso fue hace cuatro años.

—Exactamente —respondió Daniels.

Haven Ridge había sido una evacuación durante una emergencia en el extranjero.

Yo tenía diecinueve años.

No era soldado entonces.

Era voluntaria civil de apoyo.

Cuando una estructura quedó inutilizable, ayudé a sacar personas hasta que los equipos profesionales pudieron hacerse cargo.

Aquello me había dejado meses de recuperación.

También había sido la razón por la que decidí alistarme.

—¿Por qué está esto en una carpeta restringida? —preguntó Vega.

Daniels lo miró fijamente.

—Eso es lo que estamos intentando averiguar.

Sacó una segunda hoja.

Alguien había modificado el resumen médico entregado a la unidad.

Mis antecedentes habían desaparecido.

No por accidente.

—¿Quién lo hizo? —pregunté.

Daniels guardó silencio.

Después giró la hoja.

Había una autorización electrónica.

Vega leyó el nombre antes que yo.

Su rostro perdió el color.

—No puede ser.

—¿Qué? —pregunté.

Vega levantó lentamente los ojos hacia mí.

—Conozco a este hombre.

Tomé el documento.

La autorización pertenecía al coronel Nathan Mercer.

Mi padre.

El hombre que llevaba cuatro años diciéndome que estaba orgulloso de que hubiera elegido mi propio camino.

Daniels cerró la puerta.

—Hay algo más, Rowan.

Sacó una fotografía tomada después de Haven Ridge.

En ella aparecía yo, mucho más joven, junto al equipo de evacuación.

Reconocí varios rostros.

Hasta que vi al hombre situado detrás de mí.

Más joven.

Sin las insignias actuales.

Pero era imposible confundirlo.

Cole Vega.

Levanté la vista.

—Tú estabas allí.

Vega parecía incapaz de respirar.

—Sí.

Su voz apenas salió.

—Y ahora recuerdo quién eres.

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