Parte 2: OCHOCIENTOS METROS

Claire se acomodó en la línea de tiro sin mirar a nadie.

Ellis verificó su autorización y murmuró:

—La marca del tatuaje… ¿eres “Morrow”?

—Lo fui —respondió ella.

El campo quedó en silencio.

Kane entendió entonces: Claire había pertenecido a un programa conjunto cuya existencia no aparecía en los expedientes comunes. No estaba allí para impresionar a nadie; evaluaba discretamente la seguridad y el criterio del mando.

El disparo no fue espectacular.

Fue preciso.

Luego otro.

Y otro.

Cuando Ellis confirmó la agrupación, ningún oficial volvió a reír.

Kane se acercó con el rostro rígido.

—Comandante Morgan… le debo una disculpa.

Claire guardó el rifle.

—No a mí, almirante. A cada persona a la que decidió medir por su apariencia.

Esa tarde, su informe no habló de puntería.

Habló de liderazgo.

Y nadie olvidó quién había fallado realmente en el campo de tiro.

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