La grabación continuó.
Víctor no parecía enfermo.
Parecía furioso.
—Hace ocho meses descubrí que faltaba dinero en una de las cuentas privadas de DeLuca Holdings.
Dominic dio un paso hacia la pantalla.
—Apáguenla.
Nadie se movió.
El abogado de Víctor, Samuel Price, se levantó del primer banco.
—La reproducción forma parte de las instrucciones del señor DeLuca.
Víctor levantó una carpeta ante la cámara.
—Dominic autorizó varias operaciones sin mi conocimiento. Jessica Mercer participó en al menos dos reuniones relacionadas con ellas.
Todos miraron a Jessica.
—¡Eso es mentira! —gritó.
Entonces Víctor dijo algo que silenció nuevamente la catedral.
—Pero Elena, no confundas traición con culpabilidad probada. Dejé los documentos en manos de mis abogados para que las operaciones sean revisadas correctamente.
Miré a Dominic.
—¿Cuánto?
No respondió.
Víctor sí.
—Lo suficiente para que mi hijo creyera que necesitaba mi herencia con urgencia.
Jessica agarró el brazo de Dominic.
Él se apartó.
Aquello fue casi cómico.
Habían entrado juntos creyéndose dueños del mundo y ahora ninguno quería estar demasiado cerca del otro.
La imagen cambió.
Apareció una fotografía tomada en un restaurante.
Dominic.
Jessica.
Y un tercer hombre que yo no reconocía.
Víctor continuó:
—Ese hombre se llama Marcus Bell. Durante años administró inversiones para personas cercanas a nuestra familia. Dominic creyó que Marcus podía solucionar sus problemas financieros antes de que yo los descubriera.
Dominic finalmente gritó:
—¡Papá no sabía toda la historia!
La grabación siguió como si Víctor pudiera escucharlo.
—Y probablemente mi hijo dirá que yo no sabía toda la historia.
Algunos invitados murmuraron.
Incluso yo sentí un escalofrío.
—Por eso no dejaré que este vídeo decida quién es culpable. Los documentos lo harán.
Samuel abrió un maletín.
Dominic se quedó inmóvil.
Entonces Víctor respiró profundamente en la pantalla.
—Ahora hablemos de mi patrimonio.
Jessica volvió a mirar hacia arriba.
Ahí estaba.
La parte que realmente le importaba.
—Dominic espera recibir DeLuca Holdings.
Pausa.
—No ocurrirá hoy.
El rostro de mi marido se endureció.
—Mis acciones permanecerán bajo administración hasta que termine una revisión independiente de las operaciones realizadas durante los últimos doce meses.
Jessica susurró:
—No…
Víctor continuó:
—Y Elena conservará el derecho de permanecer en la residencia familiar mientras se resuelven los asuntos sucesorios y matrimoniales correspondientes.
Dominic me miró.
—¿Matrimoniales?
Yo tampoco entendía aquella palabra.
Hasta que Samuel se acercó.
—Señora DeLuca, su suegro dejó instrucciones para entregarle esto después del vídeo.
Me dio un sobre.
Dentro había fotografías.
Dominic y Jessica entrando juntos en un apartamento.
Mensajes impresos.
Reservas.
Fechas.
Mi mejor amiga no solo había estado con mi marido.
Víctor lo sabía.
Cerré el sobre.
No lloré.
Todavía no.
—¿Desde cuándo? —pregunté.
Jessica bajó la mirada.
Dominic permaneció callado.
Entonces la voz de Víctor volvió a llenar la catedral.
—Elena, queda una última cosa.
Levanté la cabeza.
—Hace tres noches te entregué una memoria USB.
Mi mano fue automáticamente hacia el bolsillo.
Dominic la vio.
Y retrocedió.
—El vídeo que estás viendo no estaba en esa memoria.
Sentí que el corazón se detenía.
Víctor se inclinó hacia la cámara.
—La memoria contiene algo que nunca confié a mis abogados porque necesitaba que llegara primero a ti.
Samuel también parecía sorprendido.
—Durante años —continuó Víctor— permití que Dominic creyera que mi mayor secreto era quién heredaría mi fortuna.
Su expresión se volvió triste.
—No lo era.
Miré el pequeño dispositivo entre mis dedos.
—Mi verdadero secreto comenzó el día en que Elena entró por primera vez en nuestra familia.

Dominic palideció.
Víctor terminó con una frase que hizo que incluso Samuel girara hacia mí.
—Elena, cuando abras esa memoria, entenderás por qué te conocía muchos años antes de que mi hijo te presentara como su esposa.