No respondí inmediatamente a mi asistente.
Volví a leer el mensaje.
Lucía Vidal.
Sociedad vinculada a Daniel Gu.
Aquello ya no parecía una coincidencia.
—Congela la solicitud —escribí—. No la rechaces todavía. Quiero el expediente completo.
Veinte minutos después recibí los documentos.
La sociedad se llamaba DL Capital.
Daniel poseía el cuarenta por ciento.
Lucía, el sesenta.
Había sido constituida ocho meses atrás.
Dos meses antes de que yo empezara a sospechar de ellos.
Sentí una presión extraña en el pecho.
No porque fueran socios.
Sino porque Daniel me había repetido que no hablaba con Lucía.
Y mientras me lo decía, ambos estaban creando una empresa juntos.
Abrí el plan de inversión.
Querían participar en la nueva ronda de Starline Technologies porque esperaban obtener acceso preferente a una patente todavía no anunciada.
Una patente cuyo desarrollo yo había supervisado personalmente.
Llamé a mi asistente legal.
—¿Cómo saben de esa patente?
—Eso mismo nos preocupa. La información todavía es confidencial.
—Investígalo.
A la mañana siguiente, Daniel apareció en mi apartamento.
Traía dos cajas para recoger sus cosas.
Parecía no haber dormido.
—Clara, necesito explicarte lo de Lucía.
—Ya estamos divorciados.
—Precisamente por eso.
Dejó las cajas.
—Nunca me acosté con ella.
—Te creo.
Se quedó desconcertado.
—¿Entonces por qué…?
—Porque nunca necesité encontraros en una cama para entender que me estabas excluyendo de tu vida.
Daniel bajó la mirada.
—Cometí un error.
—Muchos.
—Lucía me escuchaba cuando yo estaba pasando por problemas en la empresa.
—Y después creaste una sociedad con ella.
Su cabeza se levantó de golpe.
El silencio confirmó todo.
—¿Cómo sabes lo de DL Capital?
—Eso no importa.
—Clara, esa empresa no tiene nada que ver con nosotros.
—Mentiste sobre verla. Mentiste sobre dónde estabas. Y ahora descubro que llevabais meses haciendo negocios juntos.
Daniel dio un paso hacia mí.
—DL Capital fue idea de Lucía. Había una oportunidad de inversión enorme y…
—¿Starline Technologies?
Se quedó blanco.
No debía saber que yo conocía aquella solicitud.
—¿Quién te lo dijo?
—¿De dónde obtuvisteis información sobre su nueva patente?
Daniel frunció el ceño.
—Lucía tiene contactos.
—¿Qué contactos?
—No lo sé.
Aquella respuesta sí parecía sincera.
Entonces sonó mi teléfono.
Mi asistente legal.
Me aparté para contestar.
—Señora Huang, encontramos el origen de la filtración.
Miré a Daniel.
—Continúa.
—La documentación utilizada por DL Capital incluye fragmentos de un archivo interno que nunca salió de su cuenta personal.
Mi expresión cambió.
—Eso es imposible.
—Hay algo más. El archivo fue abierto hace siete meses desde una dirección IP asociada a su domicilio.
Sentí que se me helaban las manos.
Siete meses atrás Daniel y yo todavía vivíamos juntos.
—Envíamelo.
Cuando colgué, Daniel seguía observándome.
—¿Qué ocurre?
No respondí.
Recordé las noches en que dejaba mi portátil personal en el despacho.
Daniel conocía la contraseña del ordenador.
Pero no conocía la de Helena Huang.
O eso creía.
—Cuando Lucía venía a casa —pregunté—, ¿alguna vez entró en mi despacho?
Daniel tardó demasiado.
—Una vez.
—¿Cuándo?
—Tú estabas visitando a tu madre. Lucía vino porque necesitábamos revisar unos documentos.
—¿La dejaste sola?
Su rostro cambió.
—Quizá diez minutos.
Todo encajó de una manera mucho peor de lo que esperaba.
Entonces Daniel añadió:
—Clara, ¿por qué estás preguntando por Starline?
Antes de que pudiera responder, mi móvil vibró.
Habían llegado los registros.
Abrí el archivo.
El acceso no se había realizado únicamente desde mi casa.
Alguien había intentado entrar repetidamente en mi cuenta durante meses.
Y junto al registro aparecía el correo utilizado para recuperar la contraseña.
Reconocí la dirección.
No era de Daniel.
Era de Lucía.
Levanté lentamente la mirada.
—¿Qué pasa? —preguntó él.
—Tu mejor inversión acaba de convertirse en un problema legal.
—¿Qué significa eso?
Guardé el teléfono.
—Pregúntaselo a Lucía.
Daniel sacó inmediatamente el suyo.
Pero antes de llamar, recibió un mensaje.
Lo leyó.
Su rostro perdió todo el color.
—¿Qué ocurre?
Me mostró la pantalla.
Era Lucía.
“Daniel, no firmes nada con Starline. Tenemos que desaparecer antes de que Helena Huang descubra quiénes somos.”
Daniel leyó el nombre dos veces.
Después me miró.
—Clara… ¿quién es Helena Huang?
Mi teléfono sonó en ese mismo instante.
Contesté sin apartar los ojos de él.
—¿Sí?
Mi asistente habló con claridad:
—Señora Huang, seguridad ya tiene las pruebas. ¿Autoriza que iniciemos acciones contra Lucía Vidal y Daniel Gu?
Daniel dejó caer lentamente su teléfono.
Y por fin comprendió que la mujer de la que acababa de divorciarse era exactamente la persona a la que él y Lucía llevaban meses intentando engañar.
