Pero no hice lo que Derek esperaba.
No convertí aquello en una demostración de fuerza.
Retrocedí.
—Detén el reloj.
La multitud comenzó a protestar.
Derek levantó los brazos, riéndose.
—¡Treinta y ocho segundos! Sabía que eras un cobarde.
Claire negó con la cabeza.
—Cole, por una vez en tu vida podrías haber luchado por algo.
La miré.
—Eso estoy haciendo.
Caminé hacia mi bolsa y saqué una carpeta.
Derek dejó de sonreír.
—¿Qué demonios es eso?
—La razón por la que nunca necesitaba aceptar tu apuesta.
La noche anterior había llamado a mi abogado.
Resultó que Derek había cometido un error enorme al enviarme por escrito las condiciones relacionadas con la casa.
Pero había algo más importante.
La casa nunca había sido simplemente un activo matrimonial dividido de la manera que Derek imaginaba.
Yo había comprado el terreno cuatro años antes de conocer a Claire.
Mi padre y yo construimos la primera casa allí.
Después del matrimonio la ampliamos, refinanciamos y pagamos parte de las mejoras juntos.
La situación patrimonial debía resolverse mediante documentos, aportaciones y la legislación aplicable.
No mediante cinco minutos sobre una colchoneta.
—Entonces ¿para qué viniste? —preguntó Claire.
—Porque quería escuchar delante de testigos exactamente qué estaba prometiendo Derek.
Mi abogado entró acompañado por un hombre de traje.
Derek palideció.
—¿Quién es ese?
—Representa al propietario del edificio.
Apex Predator Martial Arts no pertenecía a Derek.
Él alquilaba el local.
Y llevaba cinco meses retrasado en los pagos.
La supuesta “cuenta comercial” con la que había prometido comprar mi parte de la casa tampoco contenía lo que afirmaba.
Claire giró lentamente hacia él.
—Me dijiste que eras dueño de este edificio.
—Prácticamente lo soy.
El hombre del traje dejó un sobre sobre el mostrador.
—No, señor. No lo es.
La multitud quedó en silencio.
Yo recogí mis zapatos.
Derek avanzó hacia mí.
—¿Así termina esto? ¿Te vas?
—Sí.
—Entonces perdiste.
Negué.
—Todavía piensas que esto era una pelea.
Pasé junto a Claire.
Ella me siguió hasta el estacionamiento.
—Cole, espera.
No me detuve.
—Derek me dijo que tú apenas aportabas dinero. Dijo que la casa prácticamente era mía.
—Entonces pregúntale por qué estaba tan interesado en ella.
Claire frunció el ceño.
Mi abogado me había entregado otro documento esa mañana.
Derek había solicitado financiación dos meses antes.
En la solicitud aparecía una futura inversión inmobiliaria.
Dirección del activo:
Nuestra casa.
Claire leyó el documento dos veces.
—Yo nunca autoricé esto.
—Yo tampoco.
Pero Derek había adjuntado algo.
Una valoración profesional de la propiedad realizada seis semanas atrás.
Para obtenerla, alguien había permitido que un tasador entrara mientras yo estaba trabajando.
Claire se quedó blanca.
—Derek estuvo en casa ese día.
Entonces comprendió.
Aquello no había empezado cuando ella pidió el divorcio.
Derek llevaba semanas preparándose para utilizar nuestra separación como parte de un negocio que Claire ni siquiera conocía.
Pero todavía faltaba una página.
El supuesto proyecto incluía un segundo inversor.
Le entregué el documento.
Claire leyó el nombre.
Su expresión cambió por completo.
—Esto no puede ser.
Yo también lo había pensado.

Porque el socio que planeaba comprar nuestra propiedad junto con Derek no era un desconocido.
Era Thomas Shaw.
El padre de Claire.
El mismo hombre que llevaba catorce años diciéndome que me consideraba un hijo.