PARTE 2: ALEXANDER DESCUBRIÓ QUIÉN ERA REALMENTE MI FAMILIA

A la mañana siguiente desperté en el apartamento de Londres que había abandonado tres años atrás.

Nada había cambiado.

Mi madre había conservado incluso los libros sobre mi escritorio.

Nina desayunaba con ella cuando Grace entró con una carpeta.

—Alexander lleva llamando a la oficina desde las seis.

—¿Cómo consiguió el número?

Grace me miró.

—No llamó preguntando por ti.

Dejó la carpeta frente a mí.

—Llamó preguntando por Carter Meridian Group.

Sentí que algo cambiaba.

Durante nuestro matrimonio, Alexander sabía que mi familia tenía dinero.

Lo que nunca supo era cuánto.

Mi madre siempre había protegido nuestra privacidad y yo jamás utilicé el apellido Carter profesionalmente.

Alexander creyó que Carter era simplemente la familia acomodada de su esposa.

No sabía que mi padre controlaba uno de los grupos privados que financiaba grandes proyectos inmobiliarios en Europa y Asia.

Y había algo todavía más incómodo.

Shaw Developments llevaba dieciocho meses buscando financiación para su proyecto más ambicioso.

Una operación de casi 600 millones de dólares.

El principal inversor potencial era Carter Meridian.

Alexander no lo sabía.

—¿Papá piensa cancelar la operación? —pregunté.

Mi madre negó.

—Tu padre no mezcla negocios con asuntos familiares.

Respiré aliviada.

Entonces añadió:

—Pero los abogados descubrieron algo durante la revisión.

Grace abrió la carpeta.

Varias empresas relacionadas con Alexander habían presentado cifras que no coincidían con sus propios registros internos.

Pagos duplicados.

Contratos con sociedades recién creadas.

Y una de aquellas sociedades se llamaba Lin Strategic Consulting.

Rachel Lin.

Me quedé mirando el nombre.

—¿Rachel trabaja para Alexander?

—Oficialmente, no.

Pero durante dos años había recibido pagos de empresas vinculadas a Shaw Developments.

Más de 900.000 dólares.

Aquello ya no parecía una simple amistad inconveniente.

Grace pasó otra página.

Rachel figuraba además como intermediaria en la compra de tres terrenos necesarios para el proyecto de Alexander.

—¿Por qué esconderlo?

—Eso queremos saber.

Mi teléfono nuevo sonó.

Número desconocido.

Contesté.

—Emily.

Alexander.

Su voz ya no sonaba enfadada.

Sonaba desesperada.

—Necesito hablar contigo.

—Habla con mi abogada.

—No se trata del matrimonio.

Solté una risa seca.

—Entonces definitivamente habla con mi abogada.

—Emily, Carter Meridian acaba de suspender nuestra revisión financiera.

Miré a mi madre.

Ella permaneció impasible.

—¿Y?

Silencio.

—¿Carter Meridian pertenece a tu familia?

No respondí.

Alexander respiró con dificultad.

—¿Quién eres?

Aquella pregunta me dolió de una manera extraña.

Tres años casado conmigo.

Una hija conmigo.

Y apenas ahora quería saberlo.

—La misma mujer que dejaste sola en aquel restaurante.

Colgué.

Pensé que aquello terminaría allí.

Me equivocaba.

Dos horas después llegó mi padre.

Traía consigo una caja de documentos antiguos.

La dejó frente a mí.

—Hay algo que necesitas saber antes de decidir qué hacer con Alexander.

Sacó una fotografía tomada siete años atrás.

En ella aparecía Alexander.

Mucho más joven.

A su lado estaba Rachel.

Y frente a ambos…

mi padre.

—¿Qué significa esto?

Mi padre permaneció callado unos segundos.

—Alexander solicitó trabajo en una de nuestras filiales cuando tenía veintidós años.

Miré nuevamente la fotografía.

—Él me dijo que nunca había conocido a nuestra familia.

—Mintió.

Mi padre colocó otro documento encima.

Era una solicitud de empleo.

Alexander había escrito una referencia personal.

Rachel Lin.

Pero aquello no era lo peor.

En una sección preguntaban por posibles conflictos de interés.

Alexander había escrito a mano:

“Mantengo contacto con Emily Carter, hija del presidente del grupo.”

La fecha era seis meses anterior al día en que Alexander supuestamente me conoció por casualidad.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

Mi madre cerró los ojos.

Grace dejó de pasar las páginas.

Y yo comprendí que quizá Rachel nunca había aparecido después en nuestro matrimonio.

Tal vez había estado allí desde antes de que Alexander entrara en mi vida.

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