PARTE 2: EL APARTAMENTO

Dominic salió del restaurante cuarenta minutos después y encontró a una mujer esperándolo junto al SUV.

—Señor Mercer, necesito las llaves.

Victoria se quitó las gafas.

—¿Perdón?

La mujer mostró los documentos.

—El vehículo pertenece exclusivamente a Audrey Brooks.

Dominic me llamó inmediatamente.

No contesté.

Después llegaron los mensajes.

¿Qué demonios estás haciendo?

Mamá está humillada.

Llámame AHORA.

Apagué el teléfono.

Para entonces, Leo y yo ya estábamos en una suite privada preparada por mi padre.

Había una enfermera posparto, comida caliente y una cuna nueva.

Cuando papá entró, no llevaba uniforme.

Solo abrazó con cuidado a su nieto.

—Hola, soldadito —susurró.

Luego me miró.

—Tu abogada está aquí.

Rebecca Sloan colocó varios documentos sobre la mesa.

—Audrey, Dominic cree que el apartamento es propiedad matrimonial.

—Lo compramos después de casarnos.

—No exactamente.

Papá guardó silencio.

Rebecca continuó.

El apartamento había sido adquirido por Brooks Residential Trust antes de mi boda.

Mi padre permitió que viviéramos allí.

Nunca nos transfirió la propiedad.

Dominic había pagado mantenimiento y algunas reformas, pero jamás había sido dueño del inmueble.

Cerré los ojos.

—¿Él sabe esto?

—Debería. Firmó un reconocimiento de ocupación cuando se mudó.

Recordé aquel documento.

Dominic ni siquiera lo había leído.

Simplemente había firmado donde papá señaló.

Entonces Rebecca deslizó otra carpeta.

—Pero tenemos un problema mayor.

Dominic había utilizado la dirección del apartamento para respaldar una solicitud de crédito empresarial.

Por 1,2 millones de dólares.

—No puede hipotecar algo que no posee.

—No lo hipotecó.

Rebecca señaló mi nombre.

Yo aparecía como garante.

—Nunca firmé esto.

Papá se quedó completamente inmóvil.

—¿Quién presentó la solicitud?

—Mercer Capital.

La empresa de Dominic.

El documento había sido aprobado cuatro meses antes.

Mientras yo estaba embarazada.

Sentí náuseas.

—¿El dinero fue entregado?

—Ochocientos mil.

—¿Dónde está?

Rebecca abrió las transferencias.

Una parte había ido a Mercer Capital.

Otra, a una sociedad llamada VMC Advisory.

Victoria Mercer Consulting.

Mi suegra.

Casi me reí.

La mujer que acababa de utilizar mi SUV para ir a almorzar también recibía dinero respaldado con mi identidad.

Papá tomó el documento.

—Audrey, necesito preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Dominic sabía exactamente quién era yo?

—No.

Rebecca levantó la mirada.

—Entonces esto se vuelve extraño.

Nos mostró el expediente inicial del préstamo.

En la evaluación de riesgo había una nota interna:

“Garantía aceptable por conexión Brooks. Riesgo institucional mínimo.”

Mi padre frunció el ceño.

—¿Qué conexión Brooks?

Rebecca pasó de página.

Adjunto había un informe sobre mi familia.

No decía “empleado gubernamental jubilado”.

Decía:

General Charles Brooks.

Dominic sabía.

Quizá no desde el principio.

Pero al solicitar aquel dinero, alguien había investigado mi apellido.

—¿Cuándo recibió ese informe? —pregunté.

—Hace siete meses.

Siete meses.

Exactamente cuando Dominic empezó a insistir en que dejara mi trabajo durante el embarazo.

Mi teléfono volvió a encenderse.

Esta vez era un mensaje de Victoria.

Audrey, deja de hacer berrinches. Dominic ya sabe cómo solucionarlo. Tu padre no va a arruinar su propia reputación por una pelea matrimonial.

Se lo mostré a papá.

Su expresión cambió.

—Ella también sabe quién soy.

Rebecca recibió entonces un correo y abrió un archivo adjunto.

—Hay algo más.

Era una solicitud pendiente para aumentar la línea de crédito hasta cinco millones.

Presentada tres días antes del nacimiento de Leo.

Beneficiario propuesto en caso de incapacidad del garante:

Dominic Mercer.

Pero abajo aparecía una segunda autorización.

Una firma que ninguno de nosotros esperaba.

Papá la reconoció primero.

—Eso es imposible.

—¿De quién es? —pregunté.

Él tardó varios segundos en responder.

—De tu madre.

Sentí que se me helaba el cuerpo.

Mi madre llevaba nueve años muerta.

Y alguien acababa de utilizar su firma para intentar obtener cinco millones de dólares en mi nombre.

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