PARTE 2: LA VERDAD EN LA CASA

Ryan dejó de sonreír.

—¿Qué quieres decir?

No respondí.

Miré a mi padre.

—¿Podemos quedarnos todos unos minutos más?

Mi padre entendió inmediatamente que algo no estaba bien.

—Por supuesto.

Ryan tragó saliva.

—Chloe, no hagas una escena.

—No voy a hacer ninguna escena.

Saqué mi teléfono del bolso.

—Solo quiero enseñarles algo.

Abrí la aplicación de vigilancia.

La pantalla se conectó automáticamente a la cámara que había instalado en el salón dos días antes.

Ryan palideció.

Su madre frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

—La sala de nuestra casa.

Ryan dio un paso hacia mí.

—Apaga eso.

—¿Por qué?

—Porque es privado.

Sonreí.

—Exactamente.

Toqué la pantalla.

La grabación comenzó.

Apareció Ryan entrando por la puerta principal junto a Lily.

Ella llevaba una bolsa de compras.

Él le quitó el abrigo.

Después la abrazó.

La habitación quedó completamente en silencio.

Su madre dejó caer lentamente la mano.

—Ryan…

Él intentó acercarse al teléfono.

Mi padre se interpuso.

—Ni se te ocurra.

La grabación continuó.

Lily se sentó en el sofá y apoyó la cabeza sobre el hombro de Ryan.

—¿Cuándo vas a dejarla?

Ryan respondió con una tranquilidad que me hizo sentir más fría que cualquier grito.

—Después de la boda.

Lily soltó una carcajada.

—¿Todavía piensas casarte con ella?

—Tengo que hacerlo.

—¿Por qué?

Ryan suspiró.

—Su familia tiene conexiones. Después de casarnos, será mucho más fácil conseguir la financiación que necesito.

Nadie respiró.

Mi madre se llevó una mano a la boca.

Yo permanecí inmóvil.

La grabación continuó.

Lily preguntó:

—¿Y yo?

Ryan la miró.

—Tú siempre tendrás tu lugar.

Entonces ella sonrió.

—¿En qué lugar?

Ryan se acercó.

—En mi cama.

Mi padre cerró los ojos.

La madre de Ryan comenzó a llorar.

—No puede ser…

Pero yo todavía no había terminado.

Avancé hasta otra grabación.

La noche anterior.

Ryan sentado frente a Lily.

Sobre la mesa había documentos.

—Si Chloe firma después de la boda, el apartamento de sus padres quedará vinculado al matrimonio.

Lily preguntó:

—¿Y si se niega?

Ryan sonrió.

—No se negará. Lleva seis años esperando casarse conmigo.

Sentí que algo dentro de mí finalmente dejaba de doler.

Porque ya no quedaba nada que salvar.

Mi padre miró a Ryan.

—¿Te ibas a casar con mi hija para conseguir su patrimonio?

Ryan no respondió.

Su madre se acercó a él.

—Dime que esto es mentira.

Ryan bajó la cabeza.

—Mamá…

Ella retrocedió como si acabara de desconocer a su propio hijo.

Entonces escuchamos un ruido detrás de nosotros.

Todos giramos.

Lily estaba de pie en la puerta del dormitorio.

Ya no tenía aquella sonrisa dulce.

Miró la pantalla.

Después a Ryan.

—¿Grabaste todo?

Ryan se quedó helado.

—Lily…

—¡Te pregunté si grabaste todo!

Ella caminó hacia nosotros.

—No sabía que tu prometida tenía cámaras.

Yo la miré.

—Yo tampoco sabía que mi prometido tenía otra mujer.

Lily apretó los labios.

—No soy la otra mujer.

—Entonces ¿qué eres?

Ella miró a Ryan.

Esperó.

Ryan no dijo nada.

Y ese silencio fue suficiente.

Lily se quitó el anillo que llevaba en la mano derecha y lo arrojó al suelo.

—Me prometiste que me casarías conmigo después de romper con ella.

Ryan palideció.

Su madre levantó la cabeza.

—¿Casarte con ella?

Lily soltó una risa amarga.

—Sí.

—Llevamos tres años esperando.

La sala explotó en murmullos.

Yo miré a Ryan.

—Seis años cancelando nuestra boda.

—Seis años diciendo que la unidad te necesitaba.

—Seis años haciendo que nuestras familias gastaran dinero preparando ceremonias que nunca querías celebrar.

Me acerqué a él.

—Y todo este tiempo ya tenías otra boda planeada.

Ryan intentó tomar mi mano.

La aparté.

—No vuelvas a tocarme.

Él se quedó quieto.

Entonces saqué un sobre de mi bolso y lo dejé sobre la mesa.

—Aquí está la cancelación oficial.

Ryan miró el documento.

—¿Qué es esto?

—La boda.

Su rostro perdió color.

—Chloe…

—Nunca habrá otra fecha.

—Nunca habrá otra oportunidad.

Mi padre tomó el sobre.

—Y tampoco habrá boda familiar.

La madre de Ryan comenzó a llorar.

Pero yo ya había terminado.

Me dirigí hacia la puerta.

Ryan me siguió.

—¡Chloe, espera!

No me detuve.

—¡Te amo!

Por primera vez en seis años, esa frase no consiguió hacerme volver.

Abrí la puerta.

Antes de salir, miré hacia atrás.

—No.

Hice una pausa.

—Solo amabas la vida que yo construía alrededor de ti.

Salí.

Afuera, el aire de febrero estaba helado.

Pero por primera vez en mucho tiempo, respiré profundamente.

Mi teléfono vibró.

Era un mensaje de mi abogado.

“Los documentos de la transferencia de tus bienes ya están preparados. Nadie podrá reclamarlos después del matrimonio.”

Sonreí.

Había algo que Ryan todavía no sabía.

Durante los últimos seis meses había estado preparando mi salida.

Y al día siguiente de San Valentín, no solo cancelaría la boda.

También iba a descubrir que la mujer que había manipulado durante seis años ya no estaba dispuesta a regalarle ni un solo día más.

Pero cuando llegué al coche, recibí un segundo mensaje.

Esta vez de Lily.

Solo decía:

“Chloe, antes de que te vayas, necesitas saber por qué Ryan realmente canceló la boda seis veces.”

Debajo había una fotografía.

La miré.

Y mi sonrisa desapareció.

Porque en aquella imagen no aparecía Ryan.

Aparecía alguien de mi propia familia.

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