Derek avanzó.
Cole simplemente retrocedió.
—No.
Derek se detuvo.
—¿Qué?
Cole bajó las manos.
—Sarah perdió el conocimiento después de rendirse. Esto ya no es entrenamiento.
Se volvió hacia mí.
—¿Puedes respirar bien?
Asentí, todavía confundida.
Entonces sacó su teléfono.
—Voy a pedir asistencia médica.
La sonrisa de Derek desapareció.
—¿Entraste aquí para amenazarme y ahora llamas a alguien?
—Entré porque escuché a mi hermana caer.
El dueño del gimnasio apareció.
—Los dos, fuera.
Cole señaló las cámaras del techo.
—Conserven las grabaciones.
Nadie respondió.
Entonces una chica con cinturón azul levantó la mano.
—Yo lo vi.
Otro alumno habló.
—Yo también. Sarah hizo tapping varias veces.
Derek miró alrededor.
Por primera vez, nadie apartó los ojos.
Un muchacho sacó su teléfono.
—También lo grabé.
Aquello cambió todo.
Horas después, tras recibir atención médica, entregué el video y mi declaración a las personas correspondientes.
Cole permaneció conmigo.
No habló de venganza.
No habló de lo que habría podido hacerle a Derek.
Solo dijo:
—No necesitabas que yo ganara una pelea. Necesitabas que alguien dijera la verdad.
Dos días después, Apex anunció que Derek quedaba fuera del entrenamiento mientras se investigaba lo ocurrido.
Entonces llegaron más mensajes.
Tres antiguos alumnos afirmaban haber tenido experiencias parecidas con él.
Pensé que aquello era el final.
Me equivocaba.
Mientras Cole me ayudaba finalmente a empacar el apartamento, encontró una fotografía vieja entre mis cosas.
Se quedó completamente inmóvil.
—¿Dónde conseguiste esto?
Miré la imagen.
Era una fotografía grupal del gimnasio tomada años antes.
Derek aparecía al fondo.
—Me la dio el instructor cuando me inscribí. ¿Por qué?
Cole acercó la fotografía.
Su expresión cambió.
—Porque conozco a Derek.
Sentí un escalofrío.
—¿De dónde?
Mi hermano tardó demasiado en responder.
—De hace nueve años.
—¿Del ejército?
Cole guardó silencio.
Eso fue suficiente.
Luego señaló algo que yo no había notado.
En la fotografía, Derek no miraba a la cámara.
Miraba directamente a Cole, que aparecía parcialmente al borde de la imagen.
—Sarah —dijo mi hermano—, Derek sabía exactamente quién era yo cuando entré en ese gimnasio.
Levanté la vista.
—Entonces ¿por qué fingió no conocerte?
Cole dejó la fotografía sobre la mesa.

—Esa es la pregunta.
Y por primera vez comprendí que quizá Derek no había intentado provocar solamente a una alumna más pequeña.
Quizá llevaba años esperando que mi hermano apareciera.