Adrian regresó a las dos de la madrugada.
Yo estaba sentada frente a la maleta gris.
La vio inmediatamente.
—¿Vas a algún sitio?
—Evelyn volvió.
Su expresión no cambió.
—Lo sé.
—¿Fuiste a verla?
—Sí.
Aquella respuesta dolió más de lo esperado.
Me levanté.
—Entonces quizá sea momento de terminar nuestro acuerdo.
Adrian frunció el ceño.
—¿Qué acuerdo?
Casi me reí.
—El matrimonio que empezó porque tu verdadera novia desapareció.
—Claire, llevamos tres años casados.
—Precisamente.
Abrí la maleta.
Adrian la cerró de golpe.
—No.
Lo miré sorprendida.
—¿No qué?
—No vas a marcharte porque Evelyn decidió regresar.
—¿Entonces por qué fuiste a verla?
Sacó un sobre del abrigo.
—Porque me pidió esto.
Era una solicitud para incorporarse a Sterling Group.
—La rechacé.
Parpadeé.
—¿Por qué?
Adrian me miró como si la respuesta fuera obvia.
—Porque no quiero mezclarla con mi vida.
—Adrian…
—Cuando Evelyn se marchó, pensé que había perdido a la mujer con quien debía casarme.
Su voz bajó.
—Después apareciste tú con un vestido que no era tuyo y me preguntaste si necesitaba que alguien caminara conmigo hasta el altar.
Sentí que los ojos me ardían.
—Nunca dijiste que me querías.
—Creí que quedarme era suficiente.
—No lo era.
Asintió lentamente.
—Entonces fui un idiota.
Antes de que pudiera responder, sonó el timbre.
Evelyn estaba en la puerta.
Tenía los ojos rojos.
—Adrian, necesito hablar contigo.
Después me vio.
Su expresión cambió.
—Claire también debería escucharlo.
Entró y dejó una carpeta sobre la mesa.
—Yo no regresé para recuperar a Adrian.
Adrian frunció el ceño.
—Entonces ¿para qué?
Evelyn abrió la carpeta.
Dentro había fotografías y correos impresos de hacía tres años.
—Porque nunca abandoné aquella boda voluntariamente.
El aire pareció desaparecer.
—¿Qué significa eso? —pregunté.
Evelyn señaló uno de los mensajes.
—Alguien me hizo creer que Adrian quería cancelar el compromiso.
Adrian tomó las hojas.
Su rostro se endureció.
—Estos mensajes salieron de una cuenta interna de mi familia.
Evelyn asintió.
—Y encontré quién tenía acceso.
Deslizó la última página hacia nosotros.
Vi el nombre.
Y se me heló la sangre.
Porque no pertenecía a un enemigo de los Sterling.

Pertenecía a la persona que tres años atrás había sido la primera en encontrarme después de que Evelyn desapareciera.
La misma persona que me había dicho:
“Claire, tú podrías salvar esta boda.”
Mi suegra.