PARTE 2: EL CONTRATO QUE CAMBIARÍA TODO

No miró su vestido.

No miró su mano.

No miró la mujer que había estado ocupando un lugar que nunca le perteneció.

Miró la carpeta negra que sostenía contra su pecho.

Y eso fue lo que hizo que Ethan sintiera un extraño vacío en el estómago.

Porque conocía a Grace.

Sabía cuándo estaba herida.

Sabía cuándo estaba enfadada.

Sabía cuándo estaba a punto de llorar.

Pero nunca había visto esa expresión.

Era la expresión de alguien que ya había dejado de esperar una explicación.

—¿Qué estás haciendo aquí? —repitió Ethan.

Grace inclinó ligeramente la cabeza.

—Vine a una reunión.

—¿Una reunión?

Ethan miró a Declan.

Por primera vez pareció darse cuenta de que el hombre que estaba junto a su esposa no era simplemente un acompañante.

Era alguien con suficiente poder para cambiar el destino de una empresa entera.

—¿Qué tiene que ver él contigo?

Declan no respondió.

Grace sí.

—Tiene mucho que ver.

Ethan soltó una pequeña risa incrédula.

—Grace, estás embarazada de siete meses. Estás cansada. Creo que deberíamos hablar en privado.

—No.

La respuesta fue tan rápida que lo dejó sin palabras.

—No vamos a hablar en privado.

El vestíbulo quedó en silencio.

Algunas personas fingían no mirar.

Pero todos escuchaban.

Grace acarició suavemente su vientre.

—Durante los últimos seis meses, cada vez que intenté hablar contigo sobre nuestro futuro, estabas demasiado ocupado.

Ethan frunció el ceño.

—Eso no es cierto.

—¿No?

Abrió la carpeta.

—Entonces tal vez quieras explicarme esto.

Sacó varios documentos.

No los levantó para que todos los vieran.

No necesitaba hacerlo.

Ethan reconoció inmediatamente el logotipo de la primera página.

Era de su propia compañía.

Su rostro cambió.

—¿Dónde conseguiste eso?

Grace lo observó.

—Esa es tu primera pregunta.

—No preguntas qué encontré.

—No preguntas por qué lo tengo.

—Preguntas cómo llegó a mis manos.

El silencio de Ethan fue suficiente respuesta.

Vanessa dio un paso atrás.

—Ethan…

Pero él no la escuchó.

—Grace, esto es un asunto empresarial.

—No.

Ella negó lentamente.

—Esto era un asunto empresarial hasta que usaste dinero de la empresa para pagar una villa privada durante cuatro días con una empleada.

Vanessa palideció.

Ethan apretó la mandíbula.

—No sabes de qué hablas.

Declan finalmente habló.

Su voz era tranquila.

Pero todos escucharon.

—Tenemos los registros.

Ethan lo miró.

—¿Qué registros?

—Transferencias.

—Reservas.

—Correos.

Pausa.

—Y autorizaciones firmadas.

El color desapareció del rostro de Ethan.

Grace lo observó en silencio.

Durante años, Ethan había creído que ella era simplemente una esposa tranquila.

Una mujer que prefería evitar conflictos.

Una mujer que perdonaba.

No sabía que esa misma mujer había pasado meses revisando documentos mientras él pensaba que estaba demasiado ocupada preparando la llegada del bebé.

—¿Por qué él? —preguntó Ethan finalmente.

Su voz ya no sonaba arrogante.

Sonaba confundida.

—¿Por qué estás con Declan Pierce?

Grace bajó la mirada un segundo.

Luego respondió:

—Porque él fue la primera persona que me escuchó cuando intenté proteger lo que construimos.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿Lo que construimos?

Grace sonrió apenas.

Pero no había cariño en esa sonrisa.

—Ethan, yo no estaba protegiendo solo un matrimonio.

Abrió otro documento.

—Estaba protegiendo una empresa que ayudé a levantar cuando tú todavía trabajabas desde la mesa de nuestra cocina.

Ethan recordó.

Antes de los edificios.

Antes de los millones.

Antes de las revistas.

Grace había sido quien llevaba las cuentas.

Quien negociaba contratos.

Quien rechazaba acuerdos peligrosos.

Pero con el tiempo, cuando la empresa creció, Ethan empezó a presentarla como “mi esposa”.

No como su socia.

No como la persona que estuvo allí desde el principio.

Vanessa dio un paso adelante.

—Esto es ridículo.

Todos la miraron.

Ella intentó recuperar la seguridad.

—Ethan me dijo que su matrimonio estaba terminado.

Grace giró hacia ella.

—¿Ah sí?

Vanessa abrió la boca.

Pero no salió ninguna palabra.

Grace sacó su teléfono.

Reprodujo un audio.

La voz de Ethan llenó el vestíbulo.

“Solo necesito tiempo. Cuando nazca el bebé, resolveré todo con Grace.”

Vanessa quedó completamente quieta.

Ethan cerró los ojos.

Porque reconocía su propia voz.

Grace apagó el audio.

—Lo curioso es que nunca dijiste cuándo ibas a resolverlo.

—Solo dijiste que lo harías.

El ascensor llegó.

Las puertas se abrieron.

Declan miró a Grace.

—Es hora.

Ella asintió.

Antes de entrar, Ethan dio un paso.

—Grace.

Ella se detuvo.

Por un instante él pareció querer decir algo real.

Algo sincero.

Pero solo salió una pregunta:

—¿Vas a destruirme?

Grace lo miró.

Y respondió:

—No.

Pausa.

—Voy a dejar que tus propias decisiones hagan eso.

Las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse.

Ethan quedó en el vestíbulo junto a Vanessa.

Por primera vez en años, no tenía control sobre la situación.

Pero ninguno de los dos sabía todavía el verdadero motivo por el que Declan Pierce había aceptado ayudar a Grace.

Porque la carpeta negra que ella llevaba no solo contenía pruebas de la traición de Ethan.

También contenía un secreto sobre el nacimiento de su hijo…

y una verdad que podía cambiar quién era realmente el dueño del imperio Calloway.

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