Cuando las puertas del salón se abrieron, todos esperaban ver a Elena Foster caminar hacia el altar junto a Adrian Cole.
Pero nadie sabía que la novia que entraría esa mañana ya no era la misma mujer que había aceptado ser colocada en segundo lugar.
Mi padre estaba a mi lado.
Sostenía su carpeta azul con ambas manos.
Sus dedos temblaban ligeramente, no por miedo, sino por emoción.
—¿Estás segura, hija? —preguntó en voz baja.
Lo miré.
Durante mi vida anterior, esa pregunta habría sido imposible.
Porque yo siempre pensaba primero en Adrian.
En su familia.
En lo que los demás esperaban de mí.
Pero ahora solo había una respuesta.
—Sí, papá.
Sonrió.
—Entonces caminemos.
La música comenzó.
Los invitados se levantaron.
Adrian estaba al final del salón con un traje negro impecable.
Sonreía.
Probablemente imaginaba que todo seguía bajo control.
Probablemente creía que, después de una pequeña discusión, yo volvería a sonreír como siempre.
Pero cuando llegamos al escenario, el coordinador tomó el micrófono.
—Antes del discurso del padre de la novia, tenemos unas palabras especiales del señor Richard Bennett.
Adrian miró hacia mí.
Esperaba verme molesta.
Esperaba que bajara la cabeza.
Pero yo solo sonreí.
Porque ya no tenía nada que perder.
Richard subió al escenario con una seguridad absoluta.
Tomó el micrófono.
—Hoy estoy aquí para hablar de una familia que siempre ha estado unida.
Miré a Adrian.
Su expresión era orgullosa.
Hasta que Richard continuó.
—Una familia donde algunos vínculos parecen más fuertes que otros.
El salón quedó en silencio.
Richard miró a mi padre.
—El señor Foster preparó un discurso para su hija durante semanas. Sin embargo, alguien decidió que sus palabras eran menos importantes.
La sonrisa de Adrian desapareció.
Mi padre bajó la mirada.
Richard sacó una hoja.
—Pero antes de hablar de mi familia, quiero mostrar algo.
La pantalla gigante detrás del escenario cambió.
No apareció Olivia.
No apareció Adrian.
Apareció una copia del programa original de la boda.
Con una modificación marcada en rojo.
El nombre de mi padre había sido eliminado.
El murmullo comenzó entre los invitados.
Adrian dio un paso adelante.
—¿Qué significa esto?
Yo levanté la mano.
—Significa que esta boda todavía existe.
Pausa.
—Pero el lugar de algunas personas acaba de cambiar.
Adrian me miró confundido.
—Elena, ¿qué estás haciendo?
Tomé el micrófono.
Y frente a todos los invitados dije la frase que hizo que su rostro perdiera todo color:
—Adrian Cole, antes de casarme contigo necesito preguntarte algo.

El salón quedó completamente en silencio.
—¿Te casarías conmigo si mi padre no tuviera que pedir permiso para ser importante?
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