El capitán miró las dos pastillas en su mano.
Después levantó lentamente la vista hacia Andrei.
—¿Qué son?
Andrei se quedó inmóvil.
Por primera vez desde que lo conocía, no encontró una respuesta inmediata.
—Medicamentos para el mareo —dijo finalmente.
El capitán no respondió.
Guardó las pastillas en un pequeño sobre y miró hacia mí.
—Señora, ¿puede caminar?
Asentí débilmente.
Andrei sonrió.
—¿Ves? Te dije que solo estaba mareada.
Pero el capitán ya no lo escuchaba.
—Necesito hablar con usted a solas.
Andrei dio un paso adelante.
—Soy su esposo.
El capitán lo miró directamente.
—Precisamente por eso.
Hubo unos segundos de silencio.
Entonces el capitán salió de la habitación.
Andrei cerró la puerta.
Su sonrisa desapareció.
—¿Qué hiciste?
Sentí que el corazón me golpeaba contra las costillas.
—No sé de qué hablas.
Se acercó un poco.
—Te vi hablando con él.
—Me sentía mal.
Me sostuvo la mirada durante varios segundos.
Después volvió a sonreír.
—Está bien. Descansa.
Cuando salió, cerró la puerta.
Escuché sus pasos alejarse.
Esperé.
Un minuto.
Dos.
Entonces mi teléfono vibró.
Era un mensaje del capitán.
“NO SALGAS DE LA CABAÑA.”
Debajo apareció otro.
“HE BLOQUEADO LAS PUERTAS DE ACCESO A LA CUBIERTA.”
Respiré por primera vez en horas.
Pero entonces llegó un tercer mensaje.
“Tenemos otro problema.”
Mi sangre se enfrió.
“¿Cuál?”
La respuesta tardó unos segundos.
“Su suegro acaba de intentar entrar en la sala de navegación.”
Cerré los ojos.
No era solo Andrei.
Toda su familia estaba involucrada.
Y entonces escuché algo detrás de la puerta.
Voces.
Andrei.
Nikolai.
Olga.
Discutían en voz baja.
—¿Por qué el capitán cambió la ruta? —preguntó Olga.
—No lo sé —respondió Andrei—. Pero algo salió mal.
Nikolai habló entonces.
—Revisa el teléfono de ella.
Mi respiración se detuvo.
Andrei respondió:
—Ya lo hice.
Silencio.
—¿Y?
—No hay llamadas.
Nikolai soltó una risa nerviosa.
—Entonces todavía no sabe nada.
Miré mi teléfono.
Había una grabación activa.
El capitán había convertido mi teléfono en un testigo.
Cada palabra estaba quedando registrada.
Entonces escuché a Andrei decir algo que me hizo comprender que aquella noche todavía no había terminado.
—Si ella descubre el poder notarial, estamos acabados.
Me quedé inmóvil.
¿Poder notarial?
El documento que Andrei había mencionado abajo.
Pensé que solo hablaban de mi herencia.
Pero quizá había algo más.
Mi teléfono vibró otra vez.
El capitán había enviado una fotografía.
Era una copia del documento que Andrei había firmado antes de nuestra boda.
Lo abrí.
Y sentí que el mundo se detenía.
Porque el poder no transfería mi fortuna a Andrei.
Le daba acceso a algo completamente diferente.
Algo que mi padre había protegido durante años.
Y si Andrei había intentado utilizarlo…
acababa de cometer un error mucho más grande de lo que imaginaba.
Entonces llamaron a mi puerta.
Tres golpes.
La voz de Andrei sonó desde el otro lado.
—Cariño, abre.

Me quedé completamente quieta.
Luego añadió:
—Tenemos que hablar sobre lo que realmente heredaste de tu padre.