PARTE 2: EL SECRETO QUE ADRIAN DESCUBRIÓ DEMASIADO TARDE

Adrian se quedó mirando las cenizas.

—¿Por qué estás quemando tu diario?

—Porque ya no necesito recordar cómo me sentía.

Su mandíbula se tensó.

—¿Qué significa eso?

Me levanté despacio.

Por un instante, una mano fue hacia mi vientre por puro instinto.

La retiré antes de que pudiera notarlo.

—Significa que algunas cosas deben terminar antes de que empiece una nueva vida.

Adrian frunció el ceño.

—¿Estás pensando en divorciarte?

Sonreí.

—¿Te preocupa?

No respondió.

Por primera vez, parecía realmente incómodo.

—Clara, si hay algo que quieras decirme…

—No.

Lo interrumpí.

—Ya no hay nada que decir.

Él dio un paso hacia mí.

—Esta noche dije algunas cosas porque estaba borracho.

—Lo escuché.

—No quería herirte.

—No me heriste.

Mentí.

Pero ya no importaba.

Adrian me observó durante unos segundos.

—¿Entonces por qué estás tan diferente?

Miré hacia la puerta.

—Porque entendí que no tengo que competir con una mujer que siempre estuvo en tu corazón.

Su rostro cambió.

—Evelyn no significa…

—No necesitas explicarlo.

Tomé la carpeta donde había guardado mis informes médicos.

La escondí detrás de otros documentos.

—Mañana voy a salir unos días.

—¿Adónde?

—A visitar a una amiga.

—Voy contigo.

Negué.

—No.

Aquella simple palabra pareció golpearlo más de lo esperado.

—Clara…

—Adrian, mañana tienes una gala. Evelyn irá contigo.

Se quedó completamente quieto.

—¿Cómo sabes que irá?

—Porque ese vestido le queda mejor que a mí.

Me di la vuelta.

—Buenas noches.

Él no se movió.

Cuando finalmente salió, cerré la puerta.

Esperé hasta escuchar sus pasos desaparecer por el pasillo.

Entonces me senté en el suelo junto a la cama.

Saqué la carpeta.

La abrí.

Dentro estaba la ecografía.

La pequeña figura apenas visible.

Mi bebé.

Pasé los dedos sobre la imagen.

—Lo siento, pequeño.

No quería que naciera en una casa donde su padre amaba a otra mujer.

No quería que creciera creyendo que debía competir por cariño.

Por eso me iría.

Pero a la mañana siguiente ocurrió algo que no esperaba.

Cuando bajé al vestíbulo, encontré a Adrian esperándome.

No llevaba traje.

No tenía el teléfono en la mano.

Solo me miraba.

—No fui a la gala.

Me detuve.

—¿Por qué?

—Porque llevo toda la noche intentando entender por qué me importa tanto que te vayas.

No respondí.

Él se acercó.

—Y creo que hay algo que no me estás diciendo.

Mi corazón se aceleró.

Adrian bajó la mirada hacia mi cintura.

Luego hacia la maleta.

—Clara…

Su voz cambió.

—¿Estás embarazada?

Sentí que el mundo se detenía.

Durante varios segundos ninguno de los dos habló.

Entonces Adrian vio la esquina de un documento que sobresalía de mi bolso.

La ecografía.

Su mano tembló al tomarla.

La miró.

Después me miró a mí.

—¿Es nuestro?

No pude responder.

Y esa fue precisamente la respuesta que necesitaba.

Adrian retrocedió un paso.

Su rostro perdió todo color.

—¿Cuánto tiempo?

—Ocho semanas.

Cerró los ojos.

Durante años había pensado que yo siempre estaría allí.

Que podría mirar hacia otra mujer y volver cuando quisiera.

Pero ahora comprendía que mientras él decía que extrañaba a Evelyn…

yo estaba preparando mi partida con su hijo.

Y entonces su teléfono comenzó a sonar.

Era Evelyn.

Adrian miró la pantalla.

Luego me miró a mí.

Y por primera vez…

no contestó.

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