Iryna observó el pequeño parche dentro de la bolsa transparente durante varios segundos.
—¿Estás seguro de que esto estaba pegado directamente sobre su piel?
—Sí.
—¿Y nadie más lo manipuló?
—Solo yo, con pinzas.
Iryna lo fotografió desde varios ángulos.
Luego frunció el ceño.
—Andriy, esto no parece un parche médico comercial.
—¿Qué quieres decir?
—El nombre está impreso sobre una etiqueta añadida. El producto original debería llevar otra identificación.
Andriy sintió un peso en el pecho.
—Entonces alguien lo preparó específicamente para ella.
Iryna asintió.
—Y hay algo más.
Sacó una pequeña lupa y señaló el borde del parche.
—Mira esto.
Había una segunda capa adhesiva debajo.
—Lo que sea que pusieron aquí no estaba diseñado para tratarla. Estaba diseñado para permanecer pegado.
Andriy recordó inmediatamente las palabras de Mykola.
“¿Está consciente? ¿Dijo algo?”
No había preguntado si su esposa estaba viva.
Había preguntado si podía hablar.
—Necesito revisar las cámaras del hospital —dijo Andriy.
—Ya lo estoy haciendo.
Iryna sacó su teléfono.
—Y mientras tanto, revisé algo más. El lote del medicamento que apareció en el parche fue registrado hace seis meses.
Andriy levantó la mirada.
—¿Por quién?
Iryna deslizó una hoja hacia él.
El distribuidor era una empresa farmacéutica vinculada a una de las farmacias de Mykola.
El silencio se volvió pesado.
—Podría ser una coincidencia —dijo Iryna.
Andriy negó lentamente.
—No después de veinte años.
En ese momento, la puerta se abrió.
La enfermera Oksana entró apresuradamente.
—Doctor Shevchuk.
Andriy se levantó.
—¿Qué ocurre?
—Natalia despertó.
Su corazón dio un golpe.
—¿Está consciente?
—Sí. Pero está muy débil.
Andriy siguió a Oksana hasta la UCI.
Natalia tenía los ojos apenas abiertos.
Cuando vio a Andriy, intentó hablar.
—No… dejes…
Él se inclinó.
—Natalia, tranquila. Estás a salvo.
Ella negó con la cabeza.
—No… confíes… en Mykola.
Andriy se quedó inmóvil.
Natalia reunió las pocas fuerzas que tenía.
—Él… sabía…
El monitor comenzó a acelerar.
Oksana intervino inmediatamente.
—¡Doctor!
Andriy tomó su mano.
—Natalia, ¿qué sabía?
Ella lo miró con terror.
—Que… yo había descubierto…
La frase quedó suspendida.
—¿Qué descubriste?
Natalia cerró los ojos.
Antes de perder nuevamente el conocimiento, susurró cuatro palabras:
—No soy su primera víctima.
Andriy se quedó helado.
Al salir de la habitación, Iryna lo esperaba en el pasillo.
Tenía el teléfono en la mano.
—Andriy, tenemos un problema.
—¿Qué pasó?
Iryna le mostró una grabación de seguridad.
Era Mykola entrando al hospital horas antes.
Pero no estaba solo.
A su lado caminaba una mujer que Andriy reconoció inmediatamente.

La misma mujer que había firmado como testigo en el último testamento de Natalia.
Y en la mano de Mykola había una pequeña bolsa gris.
Exactamente del mismo tamaño que el parche que había encontrado sobre el pecho de Natalia.