Flynn miró la ecografía.
Durante unos segundos no entendió lo que estaba viendo.
—¿Qué significa esto?
El doctor Reed sostuvo la mirada.
—Significa que su esposa estaba embarazada.
Flynn dejó caer las rosas.
—¿Estaba?
El médico guardó silencio.
—Los médicos hicieron todo lo posible. Pero el embarazo no pudo continuar.
El rostro de Flynn perdió completamente el color.
Yo permanecí inmóvil en la cama.
No lloré.
No quería darle ese consuelo.
Flynn se acercó un paso.
—Mabel… yo no sabía.
Giré lentamente la cabeza.
—No.
Fue la primera palabra que pronuncié desde que desperté.
Él se quedó paralizado.
—No sabías porque nunca preguntaste.
El doctor Reed miró hacia la puerta.
Dos agentes acababan de entrar.
Flynn se volvió hacia ellos.
—¿Qué sucede?
Uno de los agentes mostró su identificación.
—Señor Vance, necesitamos hablar con usted sobre lo ocurrido en su residencia.
Flynn retrocedió.
—Fue un accidente.
Lo miré.
—No.
Su respiración se cortó.
—Mabel…
—No fue un accidente.
El doctor Reed me observó con sorpresa.
Entonces levanté ligeramente la muñeca.
Mi reloj seguía allí.
Flynn miró el dispositivo.
—¿Qué quieres decir?
Sonreí por primera vez.
—Que mientras estaba en el suelo, todavía podía mover una mano.
Su rostro cambió.
—¿Qué hiciste?
Uno de los agentes sacó una pequeña computadora.
—Recibimos un archivo de audio sincronizado automáticamente desde el reloj de la señora Vance.
Flynn se quedó completamente inmóvil.
El agente pulsó reproducir.
Su propia voz llenó la habitación:
“Yo… lo hice, Selina. Somos libres”.
Flynn cerró los ojos.
—Eso está fuera de contexto.
El segundo agente colocó otro documento sobre la mesa.
—Entonces seguramente podrá explicar también estas transferencias.
Flynn abrió los ojos.
Eran pagos realizados desde una cuenta de Vance Global hacia una cuenta vinculada a Selina.
Meses de transferencias.
Meses de mensajes.
Meses de reuniones ocultas.
Flynn miró los documentos como si nunca hubiera visto su propia firma.
Entonces apareció el último archivo.
Una fotografía.
Selina entrando en el edificio de la empresa la noche anterior al ataque.
Pero debajo de la imagen había una fecha.
Y una hora.
El agente me miró.
—Señora Vance, hay algo más.
—¿Qué?
—La investigación indica que Selina no llegó a su casa por casualidad.
Me entregó una carpeta.
La abrí.
En la primera página aparecía una conversación recuperada del teléfono de Selina.
La última frase decía:
“Después de esta noche, Mabel desaparecerá y Flynn será completamente mío”.
Levanté la vista.
Flynn ya no miraba a los agentes.
Miraba la puerta.
Porque en ese instante entró una mujer con traje oscuro.
Selina.
Y detrás de ella había dos agentes más.
Selina me vio.
Su expresión se quebró.
Entonces el agente que estaba junto a ella dijo:
—Señora Cole, queda detenida.
Flynn palideció.
Pero Selina no miró a los policías.

Me miró directamente a mí.
Y susurró:
—Mabel… todavía no sabes quién empezó todo esto.