Harrison no apartó la mirada de mí.
—Claire, antes de que abras esa carpeta, necesito que prometas algo.
—¿Qué?
—No tomes ninguna decisión sobre tu familia hasta escuchar toda la historia.
Fruncí el ceño.
—¿Qué tiene que ver mi familia contigo?
Harrison miró a los oficiales que permanecían detrás de él.
—Todo.
Abrió el sobre que me había entregado.
La primera fotografía mostraba a una mujer joven.
Tardé apenas dos segundos en reconocerla.
Era mi madre.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—¿De dónde sacaste esto?
Harrison respondió en voz baja:
—Porque conocí a tu madre mucho antes de conocerte a ti.
Pasé a la siguiente fotografía.
Aparecía un hombre que jamás había visto.
Pero llevaba el mismo apellido que yo.
Parker.
—Él era tu padre biológico —dijo Harrison.
Mi respiración se detuvo.
—Eso no es posible.
—Tu madre te dijo que tu padre murió antes de que nacieras.
Asentí lentamente.
—Eso fue lo que siempre me dijeron.
Harrison cerró los ojos durante un instante.
—No murió.
La carpeta cayó de mis manos.
—¿Qué?
—Desapareció después de descubrir que alguien estaba intentando quedarse con una parte de un patrimonio familiar que legalmente te pertenecía.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué patrimonio?
Harrison colocó otro documento sobre la mesa.
—La empresa Cole-Parker.
Reconocí inmediatamente el nombre.
Era una de las compañías que aparecía detrás de varias inversiones multimillonarias del propio Harrison.
Lo miré sin comprender.
—¿Me estás diciendo que mi familia está relacionada con tu imperio?
—No solo relacionada.
Se inclinó hacia mí.
—Tu padre fue mi socio.
El silencio fue absoluto.
Entonces comprendí por qué había venido personalmente a una base militar.
No había cruzado medio país para agradecerme una donación de sangre.
Había venido porque llevaba años buscando a alguien.
A mí.
—¿Por qué ahora?
Harrison sacó una última fotografía.
Era reciente.
Mostraba a un hombre mayor entrando en un edificio.
Mi corazón se detuvo.
Tenía la misma forma de los ojos que yo.
La misma cicatriz pequeña junto a la ceja.
—¿Quién es?
Harrison tardó varios segundos en responder.
—Tu padre.
No pude hablar.
—Está vivo.
Entonces señaló la esquina inferior de la fotografía.
Había una fecha.
Tres días antes.
—Y sabe dónde estás.
En ese instante, mi teléfono militar vibró.
Una alerta de seguridad apareció en la pantalla.
“OFICIAL PARKER, PRESENTARSE INMEDIATAMENTE EN EL EDIFICIO DE COMANDO.”
Levanté la mirada.
Harrison ya estaba de pie.
Su expresión había cambiado.
—Claire, tenemos un problema.
—¿Cuál?
Miró hacia las puertas de la base.
—Alguien acaba de intentar acceder a tus archivos militares.
Mi sangre se heló.

—¿Quién?
Harrison me sostuvo la mirada.
—El mismo hombre que llevaba veinticuatro años asegurándose de que nadie descubriera que tu padre seguía vivo.