PARTE 2: DANIEL LLEVABA TRES AÑOS ROBÁNDOME.

Marcus llegó a mi oficina a las siete de la mañana acompañado por una auditora forense.

A las nueve ya sabíamos que los 2.150 dólares mensuales eran solo el principio.

Había seguros médicos.

Una guardería privada.

Un coche.

Viajes.

Incluso los gastos del parto de Samantha.

Todo pagado desde mi empresa.

Más de 280.000 dólares en tres años.

Y casi todas las operaciones parecían autorizadas por mí.

—Daniel tenía acceso a tu firma electrónica —dijo Marcus.

Negué.

—Solo para determinados proveedores.

La auditora giró el portátil.

—Entonces alguien amplió esos permisos.

El cambio se había realizado desde mi ordenador mientras yo estaba hospitalizada dos años atrás.

Recordé inmediatamente quién permaneció conmigo aquellas noches.

Daniel.

Mi teléfono sonó.

Samantha.

Contesté.

—Elena, necesito hablar contigo.

Nos encontramos una hora después.

Llegó sola.

Tenía los ojos hinchados.

—Daniel me dijo que estabais separados.

No respondí.

Samantha colocó varios documentos sobre la mesa.

—También dijo que la empresa era suya.

Entre ellos había una póliza de seguro del niño.

Nombre:

Oliver Márquez.

Apellido legal de Daniel.

Entonces Samantha deslizó una fotografía hacia mí.

Era Daniel sosteniendo al recién nacido.

Detrás aparecía una fecha.

Tres años atrás.

El mismo fin de semana en que Daniel me había acompañado a una clínica de fertilidad y me había dicho:

—Quizá tengamos que aceptar que nunca seremos padres.

Sentí que algo dentro de mí se apagaba definitivamente.

Pero Marcus estaba mirando otra cosa.

—¿Quién preparó estos documentos?

Samantha señaló un nombre.

Patricia Márquez.

La hermana de Daniel.

Mi directora financiera adjunta.

Regresamos inmediatamente a la empresa.

La auditoría encontró una cuenta denominada Proyecto Northstar.

Durante años había creído que financiaba la expansión de nuestra distribución hacia California.

En realidad, parte del dinero terminaba en una sociedad recién creada.

Márquez West Medical.

Daniel poseía el 40%.

Patricia, otro 40%.

Samantha aparecía con el 20%.

—Yo no sabía nada de esto —dijo Samantha al verlo—. Daniel me pidió firmar unos documentos diciendo que eran para el seguro de Oliver.

Marcus continuó revisando.

Entonces encontró el archivo que explicaba el miedo de Daniel en el aeropuerto.

Márquez West Medical iba a competir directamente con mi compañía.

Y su lanzamiento estaba programado para el mes siguiente.

La cartera inicial de clientes incluía varios de los míos.

También aparecía la red de clínicas con la que yo estaba negociando aquel contrato de 9,4 millones.

Daniel no solo había utilizado mi dinero para mantener otra familia.

Había usado mi empresa para construir otra compañía.

Convoqué una reunión de emergencia.

Patricia fue suspendida.

Todos los accesos de Daniel quedaron bloqueados.

Y la documentación fue entregada para revisión legal.

Esa tarde finalmente respondió a mis llamadas.

—Elena, podemos arreglarlo.

—No.

—Piensa en nueve años de matrimonio.

Miré el informe.

—Tú pensaste en ellos.

—Los utilizaste para aprender dónde guardaba cada llave.

Colgué.

Entonces Marcus entró con una última carpeta.

—Tenemos un problema mayor.

El código que había autorizado el primer pago a San Diego no había sido copiado por Daniel.

Era auténtico.

Alguien había utilizado mi firma digital desde dentro de la empresa seis meses antes de que Daniel conociera oficialmente a Samantha.

Y según los registros de acceso, aquella noche Daniel ni siquiera estaba en Dallas.

Miré el nombre asociado al ordenador utilizado.

Patricia Márquez.

La hermana de Daniel había empezado a preparar aquella segunda vida antes incluso de que existiera el niño.

Y ahora necesitábamos descubrir si Samantha había sido realmente una casualidad…

o parte del plan desde el principio.

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