PARTE 2: LA HEREDERA REGRESA

Cuarenta minutos después, tres autos negros se detuvieron frente a la mansión.

Mi padre bajó del primero.

Arthur Vance había envejecido desde la última vez que lo vi, pero seguía teniendo esa presencia capaz de silenciar una sala entera.

Cuando me encontró todavía con aquel vestido azul gastado, su expresión cambió.

—¿Así has vivido estos tres años?

No pude responder.

Papá me abrazó.

—No voy a preguntarte por qué tardaste tanto. Solo dime una cosa. ¿Quieres salvar ese matrimonio?

Negué con la cabeza.

—No.

—Entonces vamos.

Pensé que regresaríamos a su casa.

En cambio, los autos tomaron dirección al hotel donde se celebraba la gala.

—Papá…

—Apex Group solicitó esta semana una ampliación de crédito —dijo tranquilamente—. También están buscando inversores para evitar una crisis de liquidez.

Lo miré sorprendida.

—¿Qué tiene que ver contigo?

Mi padre sonrió sin humor.

—Vance Capital es su principal acreedor.

Sentí que el corazón se me detenía.

Julian jamás supo exactamente quién era mi padre.

Cuando nos conocimos, yo utilizaba el apellido de mi madre. Después me alejé de la familia porque quería construir una vida sin privilegios.

Había pensado que Julian me había elegido a mí.

Ahora comprendía que ni siquiera me respetaba.

Cuando entramos al salón de gala, Chloe estaba sobre el escenario junto a Julian.

Ella llevaba el brazo enlazado al suyo mientras los fotógrafos tomaban imágenes.

—Y quiero agradecer especialmente a la mujer que siempre me ha apoyado —decía Julian.

Entonces me vio.

Se quedó mudo.

Más de trescientas personas giraron hacia la entrada.

Yo seguía llevando mi viejo vestido.

Pero esta vez caminaba junto a Arthur Vance.

El presidente de Apex bajó inmediatamente del escenario.

—¡Señor Vance! No sabíamos que asistiría.

Mi padre ni siquiera lo miró.

—He venido por mi hija.

El silencio fue absoluto.

Julian descendió lentamente.

—¿Su… hija?

Papá puso una mano sobre mi hombro.

—Clarissa Vance. Mi única hija y heredera.

La sonrisa de Chloe desapareció.

Julian parecía incapaz de respirar.

—Clarissa, nunca me dijiste…

Lo miré fijamente.

—Nunca preguntaste.

Chloe reaccionó primero.

Soltó el brazo de Julian.

—Señor Vance, creo que existe un malentendido. Julian y yo solamente…

—No me interesa su relación —la interrumpió mi padre.

Después miró al consejo directivo de Apex.

—Lo que sí me interesa son los ciento ochenta millones que su compañía pretende refinanciar con mi grupo.

El presidente palideció.

Julian avanzó.

—Señor Vance, los problemas personales no deberían afectar los negocios.

—Estoy completamente de acuerdo.

Mi padre hizo una señal.

Su abogado entregó varias carpetas.

—Por eso mi equipo revisó las cuentas de Apex esta tarde.

La expresión del director financiero cambió.

Papá continuó:

—Encontramos pagos injustificados, contratos vinculados y transferencias autorizadas desde la oficina del señor Cross.

Todos miraron a Julian.

—Eso es imposible —dijo él.

Entonces Chloe comenzó a retroceder.

Lo vi.

Y Julian también.

—Chloe —murmuró—. ¿Qué hiciste?

Ella agarró su bolso.

Dos miembros de seguridad bloquearon la salida.

Resultó que durante meses Chloe había utilizado el acceso ejecutivo de Julian para aprobar facturas de empresas controladas por familiares suyos.

Julian había firmado varias sin revisarlas.

Porque confiaba en ella.

La misma confianza que nunca tuvo conmigo.

Antes del amanecer, el consejo suspendió a Julian mientras comenzaba una auditoría interna.

La refinanciación quedó congelada.

Y las acciones de Apex se desplomaron cuando la investigación se hizo pública.

Pero yo no celebré.

Solo regresé a la mansión acompañada por mi abogado.

Julian llegó poco después.

Ya no parecía el hombre arrogante que había salido hacia la gala.

—Clarissa, podemos arreglarlo.

Dejé los documentos sobre la mesa.

—Claro.

Sus ojos recuperaron esperanza.

Empujé los papeles hacia él.

—Firma el divorcio.

Su rostro se derrumbó.

—¿Después de tres años vas a destruir nuestro matrimonio por una noche?

Lo miré con calma.

—No fue una noche, Julian. Fueron tres años en los que tuve que hacerme pequeña para que tú pudieras sentirte grande.

Firmé primero.

Después recogí mi maleta.

Cuando llegué a la puerta, él preguntó:

—¿Adónde vas?

Esta vez sonreí.

—A casa.

Seis meses después asumí un puesto directivo en Vance Capital.

El primer expediente importante que llegó a mi escritorio fue la reestructuración de Apex Group.

Pero había algo extraño.

Las transferencias realizadas por Chloe representaban apenas una fracción del dinero desaparecido.

Alguien llevaba años desviando millones.

Y la firma que aparecía en los documentos más antiguos no pertenecía a Chloe.

Pertenecía al hombre que había presidido nuestra boda.

El propio padre de Julian.

Entonces entendí que aquella gala no había destruido un imperio.

Solo había abierto la puerta para descubrir cómo llevaba años pudriéndose desde dentro.

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