Levanté la vista hacia Adrian.
—¿Tres años?
Él no apartó los ojos de mí.
—La quinta vez que Ethan canceló vuestra boda, mi madre me preguntó si aceptaría casarme contigo si algún día dejabas de esperarlo.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Y firmaste?
—Sí.
—¿Por qué?
Adrian guardó silencio unos segundos.
—Porque sabía que Ethan no iba a soltarte hasta destruir todo lo que quedaba de ti.
Aquellas palabras dolieron precisamente porque eran ciertas.
Entonces Adrian abrió otra carpeta.
Dentro había copias de mis siete solicitudes matrimoniales anteriores.
Todas rechazadas.
Pero junto a varias aparecía la misma autorización.
La firma de Ethan.
—Él las bloqueó —dijo Adrian—. No porque no pudiera casarse contigo.
Pasó una página.
—Porque no quería hacerlo todavía.
En otra hoja había una solicitud de traslado de un oficial que había intentado cortejarme dos años atrás.
Después otra.
Y otra.
Ethan había utilizado su influencia para mantener lejos a cualquier hombre que se acercara.
Me temblaron los dedos.
—Así que nunca fui su prometida.
Adrian respondió con frialdad:
—Eras algo que creía de su propiedad.
Ese mismo día se aprobó nuestro registro.
La noticia recorrió la residencia militar antes del mediodía.
Ethan apareció en la casa Walker menos de una hora después.
Entró todavía con uniforme.
Lily venía detrás.
—¿Dónde está Claire?
Me encontró junto a Adrian.
Primero vio mi certificado.
Después vio el nombre.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué hiciste?
Lo miré tranquilamente.
—Exactamente lo que escribiste.
Ethan soltó una risa incrédula.
—La broma terminó. Corrígelo.
—No.
Por primera vez, dejó de sonreír.
—Claire, basta.
Se acercó para tomarme del brazo.
Adrian movió su silla entre nosotros.
No levantó la voz.
—No vuelvas a tocar a mi esposa.
Ethan se quedó inmóvil.
Mi esposa.
Dos palabras que hicieron más daño que cualquier grito.
—Tío, esto no tiene nada que ver contigo.
Adrian sacó otro documento.
—Ahora tiene todo que ver conmigo.
Era una orden de reasignación.
Ethan la leyó.
Su expresión cambió.
Durante años había utilizado su posición para interferir discretamente en mi vida.
Adrian había reunido las pruebas.
—Mañana comparecerás ante la comisión —dijo.
Lily palideció.
—Todo esto ocurrió por una apuesta…
Adrian la miró.
—Precisamente.
Ethan finalmente me miró de verdad.
Ya no con arrogancia.
Con miedo.
—Claire, dime que no vas a tirar diez años por esto.
Sentí algo parecido a una sonrisa.
—Yo no tiré diez años.
—Te los di.
Tomé la mano de Adrian.
—Y tú me enseñaste qué poco valían para ti.
Me marché sin volver la cabeza.
Meses después descubrí algo más.
Adrian podía caminar distancias cortas con rehabilitación.
Nunca había prometido darme una vida perfecta.
Nunca fingió ser un príncipe esperando rescatarme.
Simplemente me trató como alguien capaz de elegir.

Y aquella resultó ser la diferencia más importante.
Ethan cambió el nombre del novio para castigarme.
Su único error fue elegir al hombre que llevaba tres años esperando que yo dejara de elegirlo a él.