No llamé a Ethan.
Tampoco pregunté a Sophie por qué estaba en su apartamento.
A la mañana siguiente hice algo mucho más sencillo.
Pedí los informes financieros completos de la filial que Ethan había dirigido durante aquellos tres años.
Dos horas después, Finanzas encontró la primera irregularidad.
Pagos de alojamiento.
Matrículas universitarias.
Viajes.
Una tarjeta corporativa secundaria.
Todo aprobado bajo el concepto de “gastos de representación”.
El nombre asociado a varios pagos era Sophie Grant.
Sentí que se me helaban las manos.
Ethan no solo había desaparecido conmigo.
Había utilizado recursos de la empresa de mi padre para mantener la vida que llevaba con mi prima.
Lo cité inmediatamente.
Entró pálido.
Dejé los documentos frente a él.
—Ahora sí quiero escuchar tu explicación.
Ethan miró las facturas.
—Claire, puedo explicarlo.
—Empieza.
Confesó que Sophie había perdido su beca pocos meses después de llegar. Ella le pidió ayuda y él comenzó pagando pequeñas cosas.
Después llegó el apartamento.
Los viajes.
Las mentiras.
—¿Vivían juntos?
Silencio.
Eso bastó.
—Sí —admitió finalmente—. Durante un tiempo.
Lo miré sin sentir el dolor que esperaba.
Solo decepción.
—¿Y nosotros?
Ethan bajó la cabeza.
—Fui un cobarde. Cada mes pensaba que te llamaría. Cuanto más tiempo pasaba, más difícil era admitir lo que había hecho.
—No fue difícil, Ethan. Fue conveniente.
En ese momento alguien abrió la puerta.
Sophie.
Había venido sin autorización.
—¡No puedes destruir su carrera por algo personal!
La miré.
—Esto dejó de ser personal cuando utilizaron dinero corporativo.
Su rostro perdió el color.
Entonces Ethan dijo algo inesperado:
—Sophie, basta.
Ella se volvió hacia él.
—¿Qué?
—Dile la verdad sobre el apartamento.
Sophie palideció.
Ethan abrió su teléfono y me mostró una transferencia.
El apartamento ya no pertenecía a él.
Se lo había vendido meses atrás.
Sophie había regresado y alquilado una habitación allí únicamente para publicar aquella fotografía.
Quería que yo creyera que seguían juntos.
—¿Por qué? —pregunté.
Sophie me miró con los ojos llenos de rabia.
—Porque siempre consigues todo.
Ahí apareció finalmente la verdad.
Durante años no había querido a Ethan tanto como había querido quitarme algo que fuera mío.
Pero Ethan tampoco era inocente.
Él había elegido participar.
Había mentido.
Había desaparecido.
Y había usado recursos que no le pertenecían.
Una semana después, el comité terminó la investigación.
Ethan perdió la dirección de la filial y tuvo que devolver los gastos personales que había cargado indebidamente.
Sophie no consiguió ningún puesto en Carter Group.
Mi padre quiso intervenir.
—Puedo asegurarme de que ninguno vuelva a acercarse a ti.
Negué con la cabeza.
—No hace falta.
Por primera vez, realmente no hacía falta.
Ethan me esperó fuera del edificio aquella tarde.
—Claire, si pudiera volver atrás…
—No puedes.
—Nunca supe quién eras.
Sonreí ligeramente.
—Ese fue siempre tu problema.

Él frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Creíste que descubrir que soy hija del presidente cambiaría nuestra historia.
Me acerqué un paso.
—Pero yo ya era la misma mujer cuando me dejaste esperando una llamada durante tres años.
No volvió a responder.
Subí al coche.
Mientras nos alejábamos, lo vi hacerse pequeño en el retrovisor.
Durante mucho tiempo pensé que necesitaba una explicación para cerrar aquella historia.
Me equivocaba.
Lo único que necesitaba era entender que alguien capaz de abandonarme cuando creía que yo no tenía poder no merecía regresar solo porque descubrió cuánto poder tenía realmente.