PARTE 2: LA DEUDA ERA MÍA

Charles Richardson fue el primero en reaccionar.

—¿Señora presidenta?

Miró a Kira y después a mí.

—¿Presidenta de qué?

Kira abrió el estuche impermeable.

—Vantage Capital adquirió esta mañana la deuda de Hawthorne Leisure Holdings y sus garantías asociadas.

Sacó varios documentos.

—La señora Sienna Vale es su presidenta y accionista mayoritaria.

El rostro de Julian quedó vacío.

—¿Vantage… es tuya?

—Sí.

Eleanor dio un paso atrás.

La mujer que cinco minutos antes me había ordenado bajar con el “personal de servicio” ahora parecía incapaz de encontrar palabras.

Charles intentó recuperar el control.

—Esto es ridículo. Sovereign nos concedió ese préstamo.

—Y posteriormente cedió la deuda —respondió Kira—. Tres cuotas vencidas activaron las cláusulas correspondientes.

Señaló el yate.

—Esta embarcación figura entre las garantías.

Charles palideció.

—Podemos pagar.

—Entonces debió hacerlo cuando vencieron los pagos.

Julian finalmente se acercó.

—Sienna, hablemos en privado.

Lo miré.

—Cuando tu madre casi me tiró al agua también pudiste hablar.

Bajó la voz.

—No sabía quién eras.

Aquello consiguió hacerme sonreír.

—Ese es precisamente el problema.

No necesitaba saber quién era yo.

No necesitaba conocer mi patrimonio.

Solo necesitaba saber que era la mujer que decía amar.

Me quité el collar que me había regalado y lo dejé sobre una mesa.

—Se acabó, Julian.

Eleanor reaccionó entonces.

—¡Todo esto lo planeaste!

—No.

Le mostré la pantalla del teléfono.

—La adquisición estaba negociándose desde hace meses. Ustedes mismos llevaron su deuda hasta mi escritorio.

Kira me entregó los documentos.

Los revisé.

Después firmé.

Charles miró mi bolígrafo moverse y pareció envejecer diez años.

La policía portuaria no estaba allí para montar un espectáculo ni para resolver una disputa familiar. Su presencia estaba relacionada con el procedimiento en el puerto y con mantener el orden mientras se ejecutaban las actuaciones autorizadas sobre la embarcación.

Pero para los Richardson el efecto fue suficiente.

La fiesta terminó.

Los invitados comenzaron a marcharse.

Y aquellas mismas personas que habían reído cuando Eleanor derramó el martini ahora evitaban mirarla.

Antes de bajar del yate, ella me alcanzó.

—Sienna… quizá empezamos mal.

Me giré.

Mi vestido seguía húmedo.

—No.

Miré hacia la barandilla donde casi había caído.

—Empezamos exactamente como ustedes quisieron.

Julian bajó detrás de mí.

—¿Alguna vez pensabas contarme quién eras?

—Sí.

Me detuve.

—Cuando estuviera segura de que me querías sin saberlo.

Eso lo dejó completamente callado.

Durante los meses siguientes, los Richardson tuvieron que renegociar obligaciones, vender activos y responder por las garantías que habían firmado cuando todavía creían que el crédito nunca se acabaría.

Yo no les quité nada por venganza.

Simplemente dejé de concederles el privilegio de ignorar sus deudas.

Y nunca volví con Julian.

La última vez que lo vi, estaba fuera de Rowan Street Coffee.

Miró mi delantal.

Después miró el automóvil que esperaba por mí.

—Nunca fuiste una barista sin futuro.

Negué con la cabeza.

—Otra vez te equivocas.

Abrí la puerta del café.

—Sí soy barista algunos días.

Sonreí.

—Lo que nunca fui fue inferior a ustedes.

Y entré sin mirar atrás.

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