La puerta se abrió lentamente.
James estaba allí.
Por primera vez desde que lo conocía, el comandante Walker parecía completamente desorientado.
—¿Qué acabas de decir?
Terminé la llamada.
—Lo que escuchaste.
—¿Diez años? ¿Divorcio?
Se acercó a mi cama.
—Maya, retira la solicitud.
—No.
Una sola palabra lo dejó inmóvil.
—Estás tomando esta decisión por Ethan. Entiendo que estés sufriendo, pero…
—No uses a nuestro hijo para explicar una decisión que tú provocaste.
James palideció.
Me incorporé.
—Cuando Ethan desapareció durante aquella escolta, ¿recuerdas a quién fuiste a buscar primero?
No respondió.
Yo sí.
—A Olivia.
Nuestro hijo seguía desaparecido y James había enviado recursos para sacarla de la zona porque estaba aterrorizada.
Después me pidió que comprendiera.
Cuando finalmente encontraron a Ethan, ya era demasiado tarde.
—Olivia cometió una negligencia —continué—. Pero tú decidiste protegerla antes de conocer toda la verdad.
James apretó los puños.
—La sancioné.
—La suspendiste dos semanas.
Lo miré fijamente.
—Después la recomendaste para un ascenso.
El silencio fue suficiente.
Entonces James intentó acercarse.
—Cometí errores. Dame una oportunidad.
—Te di años.
—Podemos tener otro hijo.
Aquella frase terminó de apagar cualquier emoción que quedara.
—Ethan no era un puesto vacante que pudiera cubrirse.
James bajó lentamente la cabeza.
En ese instante apareció Olivia.
Había escuchado parte de la conversación.
—Cuñada, si vas a abandonar a James por mi culpa, puedo solicitar traslado…
—Haz lo que quieras.
Olivia quedó desconcertada.
Estaba acostumbrada a que yo discutiera con ella.
Pero ya no competía.
James tampoco era un premio que quisiera ganar.
Tres días después, la investigación sobre la última misión de Olivia reveló algo inesperado.
Su negligencia en el caso de Ethan no había sido un simple error.
Había abandonado durante varios minutos el puesto que debía vigilar para realizar una llamada personal.
Después modificó su declaración para ocultarlo.
James había aceptado aquella versión sin exigir una revisión completa.
Cuando recibió el informe verdadero, permaneció sentado durante horas.
Esa noche vino a buscarme.
—Maya…
Sus ojos estaban rojos.
—Debí investigarlo.
—Sí.
—Debí elegir a Ethan.
—Sí.
—Debí elegirte a ti.
Esta vez no respondí.
Porque finalmente había entendido algo que él todavía estaba aprendiendo:
El arrepentimiento puede llegar a ser sincero y aun así llegar demasiado tarde.
Una semana después recibí el certificado de divorcio.
James me esperaba afuera.
—¿Realmente vas a marcharte?
Guardé el documento.
—En cuarenta y ocho horas.
—¿Y no podré saber dónde estás?
—No.
Su voz se quebró.
—Diez años, Maya.
Lo miré por última vez.
—Ethan solo necesitaba que lo eligieras una vez.
James quedó completamente quieto.
Yo pasé a su lado.
Olivia fue retirada de operaciones mientras su conducta era investigada formalmente. James también tuvo que responder por las decisiones tomadas bajo su mando.
Pero yo ya no esperé a conocer el resultado.
Dos días después entregué mi teléfono, mis documentos civiles y todo lo que pudiera vincularme con mi antigua vida.
Antes de subir al vehículo de la unidad especial, miré hacia atrás.
James estaba detrás de la barrera.
No intentó detenerme.
Quizá finalmente comprendía que amar a alguien no significaba tener derecho a conservarlo para siempre.
La puerta se cerró.
Mi antigua vida quedó al otro lado.
Durante años pensé que mi mayor pérdida había sido dejar de ser la mujer que James amaba.

Me equivocaba.
Me había perdido a mí misma intentando ser suficiente para un hombre que siempre encontraba a alguien más a quien elegir primero.
Esta vez, cuando llegó mi turno de elegir…
Me elegí a mí.