PARTE 2: YA ERA DEMASIADO TARDE

No respondí a Claire.

Apagué el teléfono, me arrodillé frente a la urna de mi madre y quemé lentamente el último montón de papel funerario.

—Mamá —susurré—. Perdóname por seguir esperándolo.

Aquella noche redacté la solicitud de divorcio.

A la mañana siguiente, Daniel llegó finalmente.

Traía bolsas de comida, suplementos y una caja con el estofado de cordero que había prometido preparar.

—Emily, sé que estás molesta, pero Claire tuvo una emergencia. Su padre sufrió una recaída y…

Entonces vio la fotografía de mi madre.

Después vio la urna.

Las bolsas cayeron de sus manos.

—¿Qué… qué significa esto?

Lo miré sin emoción.

—Llegaste.

Daniel palideció.

—¿Dónde está tu madre?

Señalé la urna.

Su rostro quedó completamente vacío.

—No.

—Murió hace veintitrés días.

Retrocedió.

—¿Por qué no me dijiste?

Me reí.

—Te llamé diecisiete veces aquella noche.

Daniel se quedó inmóvil.

Recordó.

Claro que recordó.

—Yo estaba…

—Con Claire.

No necesitaba preguntarlo.

Mi madre había pedido verlo antes de morir.

Yo llamé hasta que una enfermera me quitó suavemente el teléfono y me dijo que dejara de intentarlo.

Daniel había respondido al amanecer con un mensaje:

“Estoy ocupado. No empieces otra vez.”

Saqué mi teléfono y se lo enseñé.

Su expresión se derrumbó.

—Emily, yo no sabía…

—Ese es precisamente el problema. Nunca sabías nada de mí porque nunca estabas.

Daniel cayó de rodillas frente a la urna.

Por primera vez lo vi llorar.

Pero mi madre ya no podía verlo.

Entonces mi teléfono vibró.

Otro mensaje de Claire.

Esta vez había un archivo adjunto.

Lo abrí.

Era una fotografía de Daniel dormido en un sofá.

La fecha correspondía a la noche anterior.

Debajo escribió:

“¿Todavía necesitas más pruebas?”

Daniel vio la pantalla.

—No pasó nada.

—No importa.

—¡Te juro que jamás me acosté con ella!

Lo miré.

—Sigues creyendo que esto trata de un preservativo.

Saqué los documentos del divorcio.

—No te dejo porque encontré uno en tu coche. Te dejo porque cuando mi madre estaba muriendo, yo necesitaba a mi esposo y tú elegiste estar disponible para otra mujer.

Daniel negó desesperadamente.

—Podemos arreglarlo.

—No.

Dejé los papeles delante de él.

—Firma.

Dos meses después nuestro divorcio quedó formalizado.

Daniel intentó buscarme muchas veces.

Incluso descubrió que Claire había exagerado varias de aquellas “emergencias” para mantenerlo cerca.

Pero aquella revelación tampoco cambió nada.

Porque Claire nunca había pronunciado nuestros votos matrimoniales.

Daniel sí.

El último día que fui a recoger mis pertenencias encontré la caja de preservativos todavía en el mismo lugar.

Completa.

Sonreí con tristeza.

Al final, Daniel había dicho la verdad sobre aquello.

Solo que había mentido sobre algo mucho más importante:

Me había prometido que, cuando realmente lo necesitara, estaría conmigo.

Y cuando llegó ese momento, mi madre murió esperando a un hombre que nunca apareció.

Yo no pensaba cometer el mismo error.

Así que cerré aquella puerta por última vez.

Y dejé de esperarlo también.

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