PARTE 2: NO TAN LEJANOS

Clara se quedó completamente inmóvil.

Su compañera abrió los ojos.

—¿Recordarle qué?

Noah se enderezó con absoluta tranquilidad.

—Un asunto de preparatoria.

Después siguió caminando como si no acabara de incendiar la cafetería.

Clara quiso desaparecer.

Aquella tarde recibió un correo.

“Clara Evans. Oficina del director. 17:30.”

Entró preparada para discutir sobre trabajo.

Noah estaba junto a la ventana.

Sobre su escritorio había una caja de leche con chocolate.

La misma marca de la preparatoria.

Clara la miró.

—¿En serio?

—Pensé que quizá esto tampoco lo recordarías.

—Noah…

Él se volvió.

—¿Por qué sigues haciéndolo?

—¿Hacer qué?

—Convertirme en un desconocido cada vez que alguien pregunta por nosotros.

Clara guardó silencio.

Finalmente respondió:

—Porque ahora eres mi jefe.

—Eso explica hoy. No explica por qué desapareciste después de aquel verano.

Ahí estaba la herida que ninguno había mencionado.

Clara bajó la mirada.

—Tu madre vino a verme.

Noah dejó de respirar por un instante.

—¿Qué?

—Una semana antes de que te fueras a la universidad.

Su madre le había explicado con enorme educación que Noah tenía un futuro preparado.

Universidad.

Empresa familiar.

Contactos.

Una vida donde una muchacha que trabajaba por las noches en un supermercado solo terminaría convirtiéndose en una responsabilidad.

Clara tenía dieciocho años.

Y le creyó.

—Me pidió que desapareciera antes de que tú sacrificaras algo por mí.

La mandíbula de Noah se tensó.

—¿Por eso cambiaste de número?

Clara asintió.

—¿Por eso nunca respondiste mis correos?

—Sí.

—¿Y durante todos estos años pensaste que yo simplemente lo acepté?

Clara levantó los ojos.

Noah abrió un cajón.

Sacó un viejo paraguas negro.

El mango estaba desgastado.

Clara lo reconoció inmediatamente.

—No puede ser…

—Lo reparé tres veces.

Después sacó una pequeña caja.

Dentro había varias fotografías, entradas de cine y una nota doblada.

Clara reconoció su propia letra.

“Compra leche con chocolate mañana. Esta vez pago yo.”

Noah la había guardado durante años.

—Te busqué, Clara.

Su voz perdió finalmente aquella frialdad profesional.

—Volví al supermercado. Pregunté por ti. Fui a tu antigua casa.

Clara sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—No lo sabía.

—Claro que no. Mi madre se aseguró de eso.

Entonces Noah respiró profundamente.

—Pero hay algo más que deberías saber.

Clara frunció el ceño.

—¿Qué?

—No llegaste a este departamento por casualidad.

Su corazón dio un salto.

—¿Tú me contrataste?

—No. Tu currículum pasó el proceso normal y Recursos Humanos te eligió.

Hizo una pausa.

—Pero cuando vi tu nombre entre las nuevas contrataciones, pude pedir tu traslado.

—¿Y no lo hiciste?

Noah negó.

—Había pasado demasiados años preguntándome qué habría ocurrido si volviera a encontrarte.

Clara intentó sonreír.

—¿Y ahora?

Noah caminó hacia ella, pero se detuvo dejando suficiente distancia entre ambos.

—Ahora eres una empleada de mi departamento. Así que mientras exista esa relación profesional, no voy a cruzar ninguna línea.

Clara lo miró sorprendida.

—Entonces ¿por qué me llamaste?

Noah señaló la leche con chocolate.

—Para pedirte que dejes de decir que apenas me conocías.

Por primera vez, Clara rio.

—Está bien.

—¿Está bien qué?

—Éramos cercanos.

Noah arqueó una ceja.

—¿Solo cercanos?

Clara tomó la caja de leche y caminó hacia la puerta.

Antes de salir, se volvió.

—Bastante cercanos.

Noah sonrió.

Dos meses después, una reorganización interna trasladó a Clara a otro departamento, bajo una dirección completamente distinta.

Aquella misma tarde encontró a Noah esperándola en la salida.

Sostenía el viejo paraguas negro.

Y estaba lloviendo.

—Ahora ya no soy tu jefe —dijo.

Clara miró el paraguas.

Luego a él.

—¿Y?

Noah sonrió.

—Ahora puedo preguntarte correctamente.

Extendió la mano.

—Clara Evans, ¿quieres cenar conmigo?

Ella dejó pasar varios segundos solo para hacerlo sufrir.

Después tomó su mano.

—Sí.

Caminaron juntos bajo aquel paraguas que había sobrevivido más años que su relación.

A mitad del camino, Noah preguntó:

—Por cierto, ¿sigues diciendo que apenas me conocías?

Clara sonrió.

—No.

—Bien.

—Ahora digo que eres el chico insoportable que me robaba besos detrás de la biblioteca.

Noah soltó una carcajada.

Después de tantos años fingiendo que aquel verano no había significado nada, Clara finalmente entendió algo.

Ella había intentado olvidar para poder seguir adelante.

Noah había recordado porque, para él, aquella historia nunca había terminado.

Related Posts

PARTE 2: NO ERA SU HIJA, TAMPOCO MI RESPONSABILIDAD

Leí el mensaje dos veces. “Ella ni siquiera lo va a notar.” Después levanté los ojos hacia Robert. —¿Cuánto tiempo llevabas prometiéndole mi dinero? —Claire, puedo explicarlo….

PARTE 2: LA NAVIDAD QUE PERDIERON

El timbre sonó. En la pantalla de mi teléfono vi cómo la sonrisa de Andrei desaparecía. Su padre abrió la puerta. —¿Sí? El hombre que sostenía los…

PARTE 2: EL BEBÉ QUE NO ERA SUYO

Firmé el divorcio dos días después. Ryan cumplió su palabra. La casa quedó a mi nombre. También los autos, las inversiones y prácticamente todos nuestros ahorros personales….

PARTE 2: LA CONFESIÓN QUE LO HUNDIÓ

Mason miró a Gregory sin levantar la voz. —Sigue hablando. Gregory soltó una carcajada. —¿Eso es todo? ¿Viniste a hacerte el héroe? Mason señaló el reloj que…

PARTE 2: EL PRECIO DE SU ORDEN

Dos semanas después, Sebastián Zhou regresó de París convencido de que todo estaba resuelto. Victoria llevaba un anillo de compromiso en la mano. Los medios ya hablaban…

PARTE 2: LA CASA ERA DE MAYA

Me quedé frente a la puerta, convencido de haber escuchado mal. —Cuando Andrés se entere de que la casa ya no es suya, va a perder la…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *