PARTE 2: DEMASIADO TARDE

Sonreí ligeramente.

—Entonces quizá deberías cambiar de compañía.

La sonrisa de Tần Nhược Lam se congeló durante una fracción de segundo.

Después volvió a reír como si no hubiera entendido la indirecta.

—Cuñada sí que sabe bromear.

Retiré mi brazo con suavidad.

—No estaba bromeando.

La mesa volvió a quedar en silencio.

Tống Nghiêm me miró.

Había sorpresa en sus ojos.

Probablemente esperaba encontrar a la mujer dócil que había conocido antes de casarnos.

Pero algo dentro de mí había cambiado durante aquella noche de bodas vacía.

Ya no quería competir por un hombre que nunca había sido realmente mío.

—Vãn Thanh —dijo él en voz baja—. Siéntate conmigo.

—Estoy bien aquí.

Su ceño se frunció.

Tần Nhược Lam intervino inmediatamente.

—Hermano Nghiêm, no seas tan serio. Asustarás a la cuñada.

Después colocó un trozo de pescado en su plato con absoluta naturalidad.

—Come. Recuerdo que siempre te gustaba esta parte.

Mis dedos se tensaron alrededor de los palillos.

Tống Nghiêm miró el pescado.

Luego a ella.

—No vuelvas a hacer eso.

La expresión de Nhược Lam cambió.

—Antes siempre…

—Antes era antes.

Aquella respuesta provocó varias miradas incómodas alrededor de la mesa.

Pero no me hizo sentir mejor.

Porque el problema nunca había sido solamente ella.

Era él.

Era que todo el mundo conocía su historia excepto yo.

Era descubrir que el día de mi boda había estado esperando a un hombre mientras todos sabían que su corazón estaba en otro lugar.

Me levanté.

—No me siento bien. Regresaré primero.

Tống Nghiêm dejó inmediatamente los palillos.

—Voy contigo.

—No hace falta.

—Vãn Thanh.

Su tono se endureció.

Lo miré directamente.

—Quédate. Al fin y al cabo, esta cena se organizó para celebrar que ella no se marcha.

La expresión de Tống Nghiêm se volvió sombría.

No esperé respuesta.

Salí.


Apenas había llegado al patio cuando escuché pasos detrás de mí.

Tống Nghiêm me alcanzó.

—Detente.

Seguí caminando.

Él se colocó delante.

—¿Qué te pasa desde esta mañana?

Lo miré incrédula.

—¿De verdad no lo sabes?

—Si lo supiera, no estaría preguntando.

Aquello terminó de convencerme.

Saqué del bolso el acuerdo de divorcio.

Tống Nghiêm miró los papeles.

—¿Qué es esto?

—Lo que intentaba decirte antes de que llegara Chen Kai.

Se los entregué.

—Quiero divorciarme.

Por primera vez desde que lo conocía, vi verdadero desconcierto en su rostro.

—¿Por Nhược Lam?

—Por nosotros.

—Nos casamos ayer.

—Precisamente.

Respiré profundamente.

—Todavía estamos a tiempo de corregir el error.

Su mandíbula se tensó.

—Nuestro matrimonio no es un error.

Solté una pequeña risa.

—¿Entonces qué soy?

No respondió.

—¿La mujer que utilizaste para provocar a tu exnovia?

—Eso es absurdo.

—Todo el complejo lo sabe, Nghiêm.

Sus ojos cambiaron.

Comprendió inmediatamente quién me lo había contado.

—¿Quién te dijo eso?

—¿Importa?

—Sí.

—A mí me importa más que nadie creyera necesario decírmelo antes de casarme contigo.

Tống Nghiêm guardó silencio.

—¿Estuviste enamorado de ella?

Esta vez respondió.

—Sí.

La sinceridad dolió más de lo esperado.

—Entonces firma.

Intenté pasar a su lado.

Me sujetó de la muñeca.

—He dicho que estuve.

Lo miré.

—¿Y anoche?

Sus dedos se aflojaron.

—Anoche recibiste una misión urgente —continué—. Pero esta mañana estabas con ella.

—Era trabajo.

—Quizá.

Bajé la mirada.

—Pero yo ya no quiero vivir intentando descubrir cuándo eres mi esposo y cuándo vuelves a ser el hombre que la amaba.

Me marché.

Esta vez no me detuvo.


Esa noche esperé hasta las tres de la madrugada.

Tống Nghiêm permaneció sentado frente al acuerdo.

No había firmado.

—Vete a dormir —dijo finalmente—. Mañana hablaremos cuando estés más tranquila.

—Estoy tranquila.

—No.

Me miró fijamente.

—Estás herida y estás tomando una decisión impulsiva.

Algo dentro de mí se endureció.

—No decidas por mí.

Tomé el bolígrafo.

Firmé mi nombre.

Hạ Vãn Thanh.

Luego coloqué el bolígrafo delante de él.

—Ahora tú.

No lo tocó.

—No voy a firmar.

—Entonces seguiré el procedimiento correspondiente sin tu cooperación.

Me levanté.

Su voz llegó detrás de mí.

—¿Tan poco significó para ti casarte conmigo?

Me detuve.

Sentí ganas de llorar.

Pero no me volví.

—Significó demasiado. Ese es precisamente el problema.


Los días siguientes fueron extraños.

Tống Nghiêm comenzó a regresar temprano.

Cocinaba.

Compraba los alimentos que yo podía comer.

Incluso consiguió medicinas cuando mi viejo problema estomacal volvió a aparecer.

Pero nunca hablábamos del divorcio.

Hasta que Tần Nhược Lam apareció una tarde en nuestra puerta.

Llevaba una caja entre las manos.

—Hermano Nghiêm, encontré tus cartas antiguas.

Sentí que el pecho se me cerraba.

Tống Nghiêm tomó la caja.

La abrió.

Dentro había fotografías y cartas de años atrás.

Nhược Lam sonrió.

—Pensé que quizá querrías conservarlas.

Tống Nghiêm observó el contenido durante unos segundos.

Después cerró la caja.

—No.

Ella parpadeó.

—¿Qué?

—Llévatelas.

—Pero son nuestros recuerdos.

—Precisamente.

Su voz fue tranquila.

—Pertenecen al pasado.

Nhược Lam palideció.

—¿Es por ella?

Tống Nghiêm la miró con frialdad.

—Es por mí.

Señaló la puerta.

—Y no vuelvas a presentarte en mi casa para hablar de nuestra antigua relación delante de mi esposa.

Yo estaba detrás del pasillo.

Escuché cada palabra.

Pero ya era demasiado tarde.

Aquella noche encontré el acuerdo sobre la mesa.

La segunda firma finalmente estaba allí.

Tống Nghiêm.

Me quedé mirándola durante mucho tiempo.

Él apareció detrás de mí.

—Firmaste…

—Era lo que querías.

Por alguna razón, me dolió escucharlo.

—Sí.

Tống Nghiêm sacó una pequeña llave y la dejó junto a los documentos.

—La vivienda quedará para ti mientras resuelves dónde quieres ir. No tienes que marcharte inmediatamente.

—No quiero nada tuyo.

—No es una compensación.

Me miró.

Y entonces vi algo que nunca había visto en aquel hombre.

Arrepentimiento.

—Vãn Thanh, no me casé contigo para provocar a Nhược Lam.

Mi respiración se detuvo.

—Mi abuela me habló de ti mucho antes de que terminara mi relación con ella. Te vi varias veces en el hospital donde trabajabas.

Fruncí el ceño.

—Nunca me dijiste eso.

—Nunca he sido bueno diciendo lo que siento.

Sonrió amargamente.

—Y terminé demostrando exactamente lo contrario.

—Entonces ¿por qué aceptaste divorciarte?

Tống Nghiêm miró mi firma.

—Porque comprendí que intentar retenerte contra tu voluntad sería cometer el mismo error otra vez: decidir por ti.

No supe qué responder.

A la mañana siguiente me marché.


Pasaron seis meses.

Recuperé mi trabajo, alquilé un pequeño apartamento y, poco a poco, volví a sentir que mi vida me pertenecía.

No regresé con Tống Nghiêm.

Él tampoco me persiguió.

Pero algunas tardes encontraba medicamentos para mi estómago en recepción.

O una bolsa con arroz de la marca que siempre podía digerir.

Nunca había una nota.

No hacía falta.

Hasta que un día nos encontramos frente al hospital.

Tống Nghiêm llevaba uniforme.

Se detuvo al verme.

—¿Cómo estás?

—Bien.

Asintió.

—Me alegro.

Pasó junto a mí.

—Nghiêm.

Se detuvo.

—¿Sigues queriendo intentarlo?

No se volvió inmediatamente.

Cuando lo hizo, sus ojos estaban llenos de incredulidad.

—No quiero volver al matrimonio que teníamos.

Negué.

—Yo tampoco.

Me acerqué.

—Si alguna vez empezamos de nuevo, empezaremos desde cero.

Por primera vez vi aquella sonrisa que una vez creí reservada para otra mujer.

Pero esta vez estaba dirigida a mí.

—Entonces permíteme presentarme otra vez.

Extendió la mano.

—Tống Nghiêm.

Miré su mano.

Y sonreí.

—Hạ Vãn Thanh.

No sabía si algún día volveríamos a casarnos.

Y, por primera vez, tampoco necesitaba saberlo.

Porque aquella madrugada había firmado un divorcio creyendo que estaba perdiendo al hombre que amaba.

En realidad, estaba recuperando algo que nunca debí entregar para conservarlo:

mi derecho a ser elegida sin competir con el recuerdo de nadie.

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