PARTE 2: AHORA YO DECIDO

Ethan miró la carpeta en mis manos.

—¿Divorcio?

—Sí.

Su voz bajó.

—Sophie, deja de hacer un espectáculo.

Casi sonreí.

Incluso después de ser suspendido delante de cientos de personas, seguía creyendo que podía darme órdenes.

—El espectáculo comenzó cuando trajiste a tu amante al cumpleaños de tu padre.

Chloe reaccionó.

—¡Yo no soy su amante!

Saqué mi teléfono.

—Entonces quizá quieras explicar tus propios mensajes.

Su rostro palideció.

No hizo falta leerlos.

Ethan comprendió inmediatamente.

—¿Le escribiste?

Chloe abrió la boca.

—Yo solo…

—¿También le enviaste la fotografía?

Ella permaneció callada.

Por primera vez aquella noche, Ethan la miró con auténtica rabia.

Me pareció irónico.

No le molestaba engañarme.

Le molestaba que Chloe hubiera dejado pruebas.

Charles golpeó el suelo con su bastón.

—Basta.

Miró a seguridad.

—La señorita Lin abandona esta celebración ahora.

Chloe agarró el brazo de Ethan.

—¡Diles algo!

Pero Ethan retiró el brazo.

Ella lo miró incrédula.

—¿Ahora fingirás que todo fue culpa mía?

Antes de que seguridad pudiera acercarse, Chloe soltó:

—¡Tú compraste el apartamento! ¡Tú pagaste los viajes! ¡Y tú me prometiste que después del divorcio me darías acciones!

El salón quedó completamente inmóvil.

Ethan cerró los ojos.

Chloe acababa de convertir una sospecha de auditoría en una confesión delante de medio consejo directivo.

Charles ni siquiera necesitó responder.

—Acompáñenla afuera.


La fiesta terminó temprano para Ethan.

Para mí, acababa de empezar otra vida.

A la mañana siguiente entré por primera vez a la sede del Grupo Qin Sheng como miembro del consejo.

Las personas que durante años me habían llamado simplemente “la esposa del vicepresidente” se levantaron cuando entré.

Sobre la mesa había documentos de la auditoría.

Apartamentos.

Hoteles.

Joyas.

Gastos personales escondidos como representación corporativa.

Ethan estaba sentado frente a mí.

Ya no llevaba la insignia de vicepresidente.

—Podemos resolver esto entre nosotros —dijo.

—El matrimonio sí.

Abrí el primer informe.

—Las cuentas de la empresa no.

—Te daré lo que quieras en el divorcio.

Lo miré.

—Ese siempre fue tu problema.

—Creíste que yo quería tu dinero.

Deslicé hacia él una copia de un documento antiguo.

Era el proyecto original con el que habíamos conseguido nuestra primera gran expansión.

En la última página estaba mi firma.

Sophie Su.

Ethan la contempló durante mucho tiempo.

—Yo construí contigo todo lo que tienes —dije—. Simplemente fui lo bastante ingenua para dejar que todos creyeran que lo habías hecho solo.

Me levanté.

—No volverá a ocurrir.


Semanas después, el divorcio avanzó.

La auditoría continuó por separado.

Chloe intentó reconciliarse con Ethan cuando comprendió que su posición podía desaparecer.

Él la rechazó.

Después intentó volver conmigo.

Una noche me esperó frente a la antigua casa.

—Sophie.

No me detuve.

—Diez años no pueden terminar así.

Lo miré.

—No terminaron en tu cumpleaños.

—Terminaron cada vez que aceptaste mi ayuda y después fingiste que nunca había hecho nada.

Ethan bajó la mirada.

—Me equivoqué.

—Sí.

—¿No queda ninguna oportunidad?

Pensé en la fotografía que Chloe me había enviado.

En aquel momento quiso humillarme.

Ahora casi podía agradecérselo.

Sin aquella imagen quizá habría seguido soportando otro año.

Quizá cinco.

—No —respondí.

Entré en el automóvil.

Meses después, durante la primera reunión anual del grupo bajo la nueva estructura, Charles volvió a ofrecerme el asiento a su lado.

Esta vez no entré del brazo de nadie.

Caminé sola.

Cuando anunciaron mi nombre, toda la sala se levantó.

Y finalmente comprendí algo.

Durante diez años había ayudado a Ethan a convertirse en un hombre del que todos pudieran sentirse orgullosos.

Él utilizó ese éxito para hacerme sentir pequeña.

Así que dejé de sostenerlo.

Y descubrí que nunca había necesitado su brazo para entrar en aquella sala.

Era él quien había necesitado el mío para llegar hasta allí.

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