PARTE 2: EL SECRETO DEL DOCTOR

Robert Wright miró al bebé como si acabara de ver un fantasma.

Joanna sintió miedo.

—Doctor… ¿qué pasa con mi hijo?

Robert no respondió inmediatamente.

Se acercó lentamente y observó el pequeño rostro.

Luego vio una diminuta marca de nacimiento detrás de su oreja.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

—¿Cómo se llama el padre?

Joanna apretó las sábanas.

—Logan.

Robert cerró los ojos.

—¿Logan Wright?

El corazón de Joanna dio un golpe.

—¿Lo conoce?

El médico tuvo que apoyarse en la cama.

—Es mi hijo.

Joanna dejó de respirar.

Durante siete meses había imaginado cientos de razones para explicar por qué Logan había desaparecido.

Nunca imaginó aquella.

Robert pidió que una enfermera se llevara al bebé unos minutos para realizar las revisiones habituales.

Después se sentó.

—Logan desapareció hace siete meses —dijo Joanna—. Exactamente cuando supo del embarazo.

Robert levantó la mirada.

—Entonces necesitas saber qué ocurrió realmente.

Sacó su teléfono.

Había decenas de mensajes enviados a Logan.

Ninguno respondido.

—Mi hijo desapareció esa misma semana.

Joanna sintió un escalofrío.

—¿Desapareció?

—Abandonó su apartamento. Dejó su trabajo. Cerró sus cuentas habituales. Pensamos que simplemente había decidido cortar contacto con nosotros.

Robert tragó saliva.

—Pero ahora las fechas coinciden demasiado.

Joanna recordó aquella última noche.

Logan había recibido una llamada minutos después de conocer el embarazo.

Salió al balcón.

Cuando regresó, estaba pálido.

Ella creyó que simplemente no quería ser padre.

—Antes de marcharse —murmuró Joanna—, alguien lo llamó.

Robert levantó inmediatamente la cabeza.

—¿Recuerdas algo?

—Solo una frase.

Joanna cerró los ojos.

—Dijo: “Ella no sabe nada.”

El rostro de Robert cambió.

Sacó el teléfono otra vez.

—Hay algo que nunca contamos públicamente. Nuestra familia posee una empresa médica. Logan iba a recibir sus acciones cuando cumpliera treinta años.

—¿Qué tiene que ver eso conmigo?

Robert miró hacia la puerta por donde habían llevado al recién nacido.

—Con un hijo reconocido legalmente, esas acciones también tendrían un heredero.

Joanna sintió que el estómago se le cerraba.

En ese momento, la puerta se abrió.

Entró una enfermera.

Pero no traía al bebé.

—Doctor Wright…

Robert se levantó.

—¿Dónde está el niño?

La mujer parecía confundida.

—Pensábamos que estaba con usted.

Joanna se incorporó.

—¿Qué?

—Una mujer vino con autorización para recogerlo para otra prueba.

Robert palideció.

—Yo no autoricé ninguna prueba.

La habitación quedó en silencio.

Robert salió inmediatamente al pasillo.

—Cierren las salidas. Ahora.

Joanna intentó levantarse.

—¡Mi hijo!

—Lo encontraremos.

Minutos después, seguridad revisaba las cámaras.

Entonces apareció la imagen.

Una mujer con uniforme médico empujaba la cuna hacia un ascensor de servicio.

Robert se acercó al monitor.

Y su rostro se transformó.

—No puede ser…

Joanna miró la pantalla.

—¿Quién es?

Robert apenas consiguió responder.

—Mi esposa.

La madre de Logan.

Entonces el teléfono de Joanna vibró.

Número desconocido.

Abrió el mensaje.

Había una fotografía de Logan.

Estaba vivo.

Debajo aparecía una sola frase:

“Si quieres recuperar a tu bebé, deja de preguntar por qué desapareció Logan.”

Joanna levantó los ojos hacia Robert.

Durante siete meses había pensado que Logan la había abandonado.

Ahora entendía que quizá había sucedido exactamente lo contrario.

Tal vez Logan había desaparecido intentando protegerlos.

Y la mujer que acababa de llevarse a su hijo sabía toda la verdad.

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