PARTE 2: EL APELLIDO QUE ÉL NO CONOCÍA

Dominic se volvió lentamente.

—¿Un hospital de su propiedad?

Natalie soltó una pequeña risa.

—Audrey, acabas de dar a luz. Quizá deberías descansar.

No respondí.

Quince minutos después, las puertas de la UCIN se abrieron.

Primero entraron dos responsables de seguridad.

Después apareció un hombre de cabello blanco, traje oscuro y bastón de madera.

Mi abuelo.

Alexander Whitmore.

Fundador del Whitmore Medical Group.

Dominic lo reconoció inmediatamente.

Su empresa de suministros médicos llevaba años intentando conseguir contratos con nuestro grupo.

—Señor Whitmore…

Mi abuelo pasó junto a él sin responder.

Llegó hasta mí, me tomó la mano y miró a Liam y Chloe detrás del cristal.

Sus ojos se humedecieron.

—¿Estos son mis bisnietos?

Asentí.

—Sí.

Entonces me miró.

—¿Y por qué me entero hoy?

Bajé los ojos.

—Porque quería construir mi propia familia sin tu apellido.

Mi abuelo observó a Dominic.

—Ya veo cómo salió eso.

Dominic palideció.

—Señor Whitmore, creo que existe un malentendido.

—No.

Le entregué a mi abuelo una fotografía de los documentos.

—Dominic vació nuestras cuentas mientras yo estaba inconsciente. Canceló mis tarjetas y acaba de entregarme el divorcio aquí.

Natalie retrocedió discretamente.

Dominic levantó las manos.

—Era dinero matrimonial.

—Perfecto —respondí—. Entonces los abogados decidirán qué parte podía retirar legalmente.

Mi abuelo hizo una señal.

Un abogado entró.

Dominic lo reconoció también.

Y su rostro perdió todavía más color.

—Audrey —dijo rápidamente—, podemos hablar de esto en privado.

Lo miré.

—Hace veinte minutos me dijiste que buscara un refugio.

—Estaba alterado.

—Parecías bastante tranquilo.

Natalie intentó marcharse.

—Yo no tengo nada que ver con sus problemas matrimoniales.

Miré su abrigo.

—Entonces empieza devolviéndome lo que sí tiene que ver conmigo.

Se quedó inmóvil.

—¿Perdón?

—El abrigo.

Natalie miró a Dominic.

Él no dijo nada.

Finalmente se lo quitó y lo dejó sobre una silla.

No lo recogí.

Ya no lo quería.


Durante las siguientes horas, Dominic descubrió cuánto le había costado subestimarme.

La empresa que él llamaba “suya” había sobrevivido gracias a una inversión inicial procedente de mi fideicomiso.

No significaba que automáticamente me perteneciera.

Significaba algo peor para él:

había documentos.

Transferencias.

Acuerdos.

Y cláusulas que Dominic jamás se había molestado en leer porque creyó que mi dinero era demasiado pequeño para importar.

Mi abuelo llamó al equipo jurídico del grupo.

—Revisen cualquier contrato pendiente con Mercer Medical Supplies.

Dominic dio un paso adelante.

—¡No puede destruir mi compañía por un divorcio!

Mi abuelo lo miró con frialdad.

—No estoy destruyendo nada.

Luego señaló los papeles que Dominic sostenía.

—Estoy dejando de ayudar al hombre que acaba de abandonar a mi nieta mientras sus hijos están en cuidados intensivos.

Dominic me miró.

Por primera vez había miedo en sus ojos.

—Audrey, piensa en nuestros hijos.

Casi me reí.

—Eso estoy haciendo.


Natalie desapareció antes del mediodía.

Dominic permaneció afuera de la UCIN durante casi una hora intentando llamarme.

No contesté.

Finalmente envió:

“Podemos cancelar el divorcio.”

Después:

“Cometí un error.”

Y luego:

“No dejes que tu abuelo convierta esto en una guerra.”

Leí los tres mensajes.

Bloqueé su número.

Mi abuelo estaba sentado junto a mí.

—¿Segura?

Miré a mis hijos.

—Completamente.

Él tomó mi mano.

—Entonces vuelve a casa conmigo cuando ellos puedan salir.

Negué suavemente.

—No quiero esconderme detrás de ti otra vez.

Mi abuelo sonrió.

—Audrey, aceptar ayuda cuando la necesitas no significa esconderte.

Guardé silencio.

—Pero cuando estés preparada —continuó—, el grupo necesita una nueva directora para nuestra división neonatal.

Lo miré sorprendida.

—¿Me estás ofreciendo trabajo?

—Te estoy recordando que tenías una vida antes de Dominic.

Aquellas palabras me dolieron.

Pero de una manera distinta.

Porque eran verdad.


Tres meses después, Liam y Chloe finalmente abandonaron el hospital.

Dominic esperaba afuera.

Parecía haber envejecido años.

Su empresa había perdido contratos importantes durante la auditoría y el dinero que retiró de nuestras cuentas estaba siendo discutido en el proceso de divorcio.

Se acercó.

—Audrey…

Me detuve.

—Natalie me dejó.

No dije nada.

—Quiero recuperar a mi familia.

Miré a los gemelos.

Luego a él.

—Tu familia estaba en aquella UCIN.

Su rostro se quebró.

—Déjame arreglarlo.

—No puedes.

Seguí caminando.

Mi abuelo esperaba junto al automóvil.

Antes de entrar, Dominic gritó:

—¡Audrey! ¡Yo no sabía quién eras!

Me giré por última vez.

—Ese fue exactamente tu problema, Dominic.

Hice una pausa.

—Pensaste que necesitabas saber cuánto valía mi familia para decidir cuánto debía valer yo.

Entré al automóvil.

Y mientras nos alejábamos, miré a Liam y Chloe dormidos a mi lado.

Dominic había creído que aquel divorcio me dejaba sin nada.

En realidad, solo había conseguido liberarme de lo único que ya no necesitaba:

él.

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