PARTE 2: EL DIRECTOR QUE PERDIÓ TODO

Elena fue operada esa misma tarde.

Cuando despertó, su abogada estaba junto a la cama con la carpeta azul.

—Tenemos un problema —dijo.

—¿Julián?

—Mucho peor para él.

La auditoría había descubierto que durante casi dos años Julián autorizó contratos inflados con una empresa perteneciente al hermano de Teresa.

Parte del dinero regresaba después a cuentas privadas.

Elena cerró los ojos.

—¿Cuánto?

—Más de ochocientos mil.

A la mañana siguiente, Julián llegó furioso.

—¡Me suspendieron! ¿Qué hiciste?

Elena levantó la mirada.

—Yo estaba operándome. ¿Recuerdas?

—¡Alguien ordenó una auditoría!

Entonces entró el señor Wallace, director general de Ferrum Logistics.

Julián se quedó inmóvil.

—Señor Wallace…

Pero Wallace caminó directamente hacia Elena.

—Presidenta Navarro, el consejo está reunido.

Teresa abrió la boca.

Julián palideció.

—¿Presidenta?

Elena dejó escapar una pequeña sonrisa.

—¿Recuerdas mi ridículo negocio de cupcakes?

Wallace colocó varios documentos sobre la mesa.

—La señora Navarro controla la participación decisiva de Ferrum Logistics.

Julián miró a su esposa como si acabara de conocerla.

—¿Tú eres…?

—La mujer que financió la empresa que paga tu sueldo.

El teléfono de Julián comenzó a sonar.

Recursos Humanos.

Cumplimiento.

Su abogado.

No contestó ninguno.

—Elena, podemos solucionarlo.

—Claro.

Él recuperó algo de esperanza.

—¿De verdad?

Elena señaló los papeles que sostenía su abogada.

—Mi parte ya está solucionada.

Eran los documentos del divorcio.

Después señaló la carpeta de Wallace.

—Esa parte tendrás que solucionarla tú.

Julián finalmente comprendió.

Podía perder el matrimonio.

El puesto.

Y si la investigación confirmaba el desvío, mucho más.

Teresa empezó a llorar.

—¡Somos familia!

Elena la miró tranquilamente.

—Hace dos días casi me atropellan hasta matarme y su preocupación era quién cocinaría su caldo.

Nadie respondió.

Julián se acercó a la cama.

—Elena, por favor.

Ella presionó el botón para llamar a seguridad.

—Te rompiste la carrera, Julián.

Lo miró directamente.

—No las manos.

Cuando los guardias lo acompañaron hacia la salida, Elena volvió la cabeza hacia la ventana.

Durante cuatro años él había pensado que tenía una esposa débil porque ella guardaba silencio.

Nunca comprendió que Elena no dependía de su mundo.

Era él quien había estado viviendo dentro del de ella.

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