PARTE 2: LA ÚLTIMA VOLUNTAD

Dos meses después, Sebastián llegó al altar convencido de que había ganado.

Camila llevaba un vestido blanco espectacular.

Habían invitado empresarios, abogados y antiguos amigos de Valeria.

Las tres niñas también estaban allí.

Sebastián frunció el ceño al verlas entrar con Joaquín.

—¿Quién las invitó?

Emma respondió:

—Mamá.

La sala quedó en silencio.

Camila soltó una risa nerviosa.

—Qué comentario tan desagradable.

Emma no discutió.

Simplemente entregó la pequeña llave plateada al abogado que acompañaba a Joaquín.

El hombre abrió un maletín.

—Antes de continuar la ceremonia, debo ejecutar una instrucción notarial dejada por Valeria Torres.

Sebastián palideció.

—Valeria está muerta.

—Precisamente por eso esta instrucción entró en vigor.

El abogado colocó varios documentos sobre una mesa.

El fideicomiso no había pasado a Sebastián.

Valeria había dejado todo protegido para Emma, Sofía y Mía, bajo administración independiente hasta que fueran adultas.

Sebastián no recibiría nada.

Camila giró hacia él.

—Me dijiste que heredabas todo.

Ese fue apenas el principio.

Sofía sacó el teléfono antiguo.

—Pon la grabación.

Joaquín dudó.

Emma asintió.

El audio comenzó.

La voz de Valeria llenó el salón.

Después apareció la de Sebastián presionándola para firmar documentos mientras cuestionaba los medicamentos que estaba recibiendo.

La sonrisa de Camila desapareció.

Sebastián avanzó hacia las niñas.

—¡Apaga eso!

Dos hombres se interpusieron.

Entonces Mía señaló a Camila.

—Falta el video.

Camila se quedó inmóvil.

El archivo había sido grabado accidentalmente por una cámara instalada meses antes en la habitación para vigilar a Valeria durante sus episodios de debilidad.

No mostraba todo lo que había ocurrido.

Pero sí mostraba a Camila entrando varias veces cuando Valeria estaba incapacitada y manipulando objetos relacionados con su tratamiento.

Eso bastó para que los investigadores que esperaban fuera entraran al salón.

Sebastián miró a Joaquín.

—¿Llamaste a la policía?

—Hace semanas.

La boda nunca comenzó.


Horas después, las tres niñas regresaron con su abuelo.

Mía llevaba la fotografía de su madre.

—¿Ganamos?

Joaquín se agachó frente a ella.

—No era un juego, pequeña.

Emma apretó los labios.

—Mamá sabía que nadie creería inmediatamente en nosotras.

—Por eso guardó pruebas —añadió Sofía.

Joaquín abrazó a las tres.

Pero Emma todavía tenía algo.

Sacó el último sobre que Valeria había dejado.

En el frente decía:

“Abrir después de la boda.”

Joaquín rompió el sello.

Dentro había una segunda memoria USB y una nota.

Leyó apenas las primeras líneas y su expresión cambió.

—¿Qué pasa, abuelo? —preguntó Emma.

Joaquín levantó la mirada.

Valeria había descubierto algo poco antes de morir.

Sebastián y Camila quizá no habían actuado solos.

Alguien con acceso profesional a su tratamiento había colaborado con ellos.

Y Valeria había escrito un nombre.

Joaquín lo conocía perfectamente.

Era uno de los médicos que había firmado su certificado de defunción.

La boda había terminado.

La verdadera investigación acababa de comenzar.

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