Ethan miró a su hermano.
Michael Chen se detuvo con el ramo entre las manos.
—¿Qué pasa?
Ethan no respondió.
Solo le mostró el informe a Laura.
Ella leyó la primera línea.
Su rostro perdió todo el color.
—Ethan, puedo explicarlo.
La madre de Ethan dejó de sonreír.
—¿Explicar qué?
—El niño no es mío —dijo Ethan.
El pasillo quedó en silencio.
Entonces señaló a Michael.
—Pero el laboratorio dice que pertenece a mi familia.
El ramo cayó al suelo.
Aquello fue suficiente.
Ethan se lanzó hacia su hermano, pero los guardaespaldas lo detuvieron antes de que la situación empeorara.
Laura comenzó a llorar.
—¡Fue una sola vez!
Michael gritó:
—¡Me dijiste que Ethan iba a divorciarse de Wendy!
—¡Cállense los dos!
Ethan parecía haber olvidado incluso al bebé.
Su teléfono volvió a sonar.
Esta vez era el presidente del consejo.
—Chen, venga inmediatamente.
—Estoy ocupado.
—Ya no.
La respuesta fue seca.
—Tres clientes internacionales suspendieron contratos. Dos bancos están revisando nuestras líneas de crédito y varios accionistas quieren una reunión extraordinaria.
Ethan palideció.
—¿Por qué?
—Porque Wendy Wen no solo vendió sus acciones.
Hubo una pausa.
—Esta mañana anunció su incorporación a Helix Systems.
Ethan dejó de respirar.
Helix era el competidor que llevaba años intentando entrar en los mercados internacionales de Sunrise.
Y yo acababa de convertirme en su nueva presidenta de estrategia global.
Ethan me llamó treinta y siete veces.
Contesté la número treinta y ocho.
—Wendy.
Su voz ya no tenía aquella seguridad arrogante.
—¿Sabías lo de Michael?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Lo suficiente.
—¿Por qué no me dijiste nada?
Miré el lago frente a mí.
—Porque cuando intenté hablar contigo sobre Laura, desplegaste veinte guardaespaldas para protegerla de mí.
Silencio.
—Elegiste a quién creer.
—Wendy, vuelve. Podemos arreglar Sunrise juntos.
Sonreí.
Ahí estaba.
Ni una disculpa.
Ni una pregunta sobre cómo me encontraba.
Primero la empresa.
—Ya no trabajo para Sunrise.
—¡Tú construiste esta compañía conmigo!
—Precisamente por eso sé cuánto vale sin mí.
Colgué.
Tres semanas después, el consejo destituyó temporalmente a Ethan.
Michael abandonó la compañía.
Laura desapareció de la residencia que Ethan había comprado para ella.
Y varios clientes que habían trabajado conmigo durante años decidieron no renovar sus contratos con Sunrise.
Yo no necesitaba destruir la empresa.
Solo tenía que dejar de sostenerla.
Pero entonces mi abogado me llamó desde China.
—Señora Wen, encontramos algo durante la revisión de sus antiguas participaciones.
—¿Qué?
—Ethan transfirió acciones meses antes de que usted vendiera.
Fruncí el ceño.
—¿A Laura?
—No.
Me envió el documento.
Abrí el archivo.
El beneficiario era una sociedad extranjera.
Y detrás de ella aparecía un nombre.
Michael Chen.
Me quedé inmóvil.
Mi abogado continuó:
—Parece que Michael y Laura no solo tenían una relación.
Miré nuevamente el documento.
—¿Qué estaban haciendo?
—Preparándose para quitarle Sunrise a Ethan.
Entonces comprendí la verdadera dimensión del desastre.
El bebé nunca había sido el plan.

Había sido el accidente que lo reveló.
Y mientras Ethan creía que yo había hecho explotar su empresa por venganza…
su propio hermano llevaba meses intentando robársela desde dentro.