Ethan permaneció inmóvil frente a la puerta.
Tum.
Tum.
Tum.
Cada latido que atravesaba la pared parecía golpearle directamente el pecho.
Ryan estaba unos pasos detrás de él, sin atreverse a hablar.
Hasta que Ethan preguntó:
—¿De cuánto tiempo está embarazada?
Ryan palideció.
—Señor Shaw…
Ethan giró lentamente la cabeza.
—Averígualo.
—No podemos acceder a información médica privada.
La mandíbula de Ethan se tensó.
No insistió.
No hacía falta.
Grace se había divorciado de él hacía dos meses.
Y aquel embarazo claramente había comenzado antes.
Cerró los ojos.
Entonces recordó aquella noche.
La última vez que había dormido con ella.
La noche en que había bebido demasiado.
La noche en que Grace lloró en silencio pensando que él estaba dormido.
Ethan abrió los ojos de golpe.
Por primera vez comprendió algo que había llegado demasiado tarde.
Cuando Grace salió de la consulta, lo encontró exactamente donde lo había dejado.
—¿Sigues aquí?
Ethan miró la pequeña fotografía de la ecografía que ella sostenía.
—Quiero hablar contigo.
—Yo no.
Grace pasó a su lado.
Él la siguió.
—Te llevaré a casa.
—No sabes dónde vivo.
Ethan se detuvo.
Aquellas cuatro palabras le dolieron más de lo esperado.
Durante tres años había sabido dónde estaba Grace cada noche.
Ahora ni siquiera conocía su dirección.
—Entonces dime dónde vives.
Ella soltó una risa amarga.
—¿Para qué?
Ethan no respondió.
Grace lo miró.
—¿Porque crees que el bebé es tuyo?
Silencio.
—¿Y si lo fuera?
La expresión de Ethan cambió.
—Entonces asumiré mi responsabilidad.
Grace sintió que algo se rompía dentro de ella.
Responsabilidad.
No amor.
No arrepentimiento.
Responsabilidad.
Exactamente lo que esperaba de él.
—No necesito tu dinero.
—No estoy hablando de dinero.
—Entonces ¿de qué estás hablando?
Ethan abrió la boca.
Pero no encontró una respuesta.
Grace sonrió con tristeza.
—Eso pensé.
Se giró.
Esta vez él no intentó detenerla.
Pero cuando Grace llegó al ascensor, escuchó:
—¿Por qué no me lo dijiste?
Sus dedos se congelaron sobre el botón.
—Porque cuando descubrí que estaba embarazada, tú ya habías elegido a otra persona.
Ethan frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Grace se volvió.
—De Sophia Collins.
El rostro de Ethan cambió.
Por fin.
—Grace, Sophia no…
—No importa.
Las puertas del ascensor se abrieron.
—Durante tres años esperé que algún día me miraras como la mirabas a ella. Ya no espero nada.
Entró.
Ethan dio un paso hacia adelante.
—Grace.
Ella sostuvo su mirada mientras las puertas comenzaban a cerrarse.
—Este bebé es lo único que me llevé de nuestro matrimonio.
Las puertas se cerraron entre ambos.
Ethan permaneció allí.
Pálido.
Ryan se acercó lentamente.
—Señor Shaw…
—¿Qué expediente estábamos revisando hoy?
Ryan vaciló.
—El de la señorita Collins.
—¿Por qué?
—Porque encontramos una irregularidad en los informes médicos de hace tres años.
Ethan levantó la mirada.
Ryan tragó saliva.
—La persona que usted creyó que lo salvó aquella noche… probablemente no fue Sophia Collins.

El pasillo quedó en absoluto silencio.
—¿Qué dijiste?
Ryan abrió la carpeta.
—Encontramos el registro original del hospital.
Sacó una hoja.
—Había otra mujer con usted.
Ethan tomó el documento.
Sus ojos recorrieron el nombre escrito en la parte inferior.
Y el mundo pareció detenerse.
Grace Bennett.