PARTE 2: AHORA NO ME CONOCES

El abogado tardó menos de veinticuatro horas en encontrar la primera mentira.

La mujer se llamaba Camila Shen.

La niña, Dora.

Y Adrián figuraba en los registros escolares como su padre.

Pero lo peor llegó después.

—Julia —dijo el abogado—, hay un apartamento registrado a nombre de Camila.

—¿Lo compró Adrián?

—El pago inicial salió de una cuenta vinculada a él.

Cerré los ojos.

—¿Cuándo?

—Hace cinco años.

Cinco años.

Prácticamente todo nuestro matrimonio.

Aquella noche Adrián me llamó desde su supuesto hotel de Nueva York.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—¿El bebé se movió hoy?

Miré las maletas abiertas sobre la cama.

—Sí.

—Te extraño.

Casi me reí.

—Yo también.

Mentirle resultó sorprendentemente fácil después de descubrir cuánto tiempo llevaba él haciéndolo.

Durante los siguientes días transferí mis documentos personales a un lugar seguro, separé mis finanzas y preparé el divorcio con mi abogado.

No le dije nada.

Adrián regresó cuatro días después.

Entró con una maleta y una bolsa de regalos.

—Te traje algo de Nueva York.

Sacó un collar.

Reconocí inmediatamente la marca.

Camila llevaba uno idéntico en una fotografía publicada dos meses antes.

—Es precioso —dije.

Adrián sonrió, aliviado.

Creía que yo seguía sin saber nada.

Esa noche esperé a que durmiera.

Después dejé los documentos de divorcio sobre su escritorio.

Junto a ellos coloqué una copia de la tarjeta que había visto bajo la lluvia.

Y escribí solamente tres palabras:

“No te conozco.”

A la mañana siguiente yo ya no estaba.

Había cambiado de número.

Mi abogado se convirtió en el único canal de comunicación.

Cuando Adrián despertó, llamó treinta y siete veces.

Después comenzó a buscarme.

En casa de mis padres.

En mi trabajo.

En hospitales.

Nada.

Dos semanas después, recibí una llamada del abogado.

—Adrián está desesperado.

—Ese ya no es mi problema.

—Hay algo más.

Su tono cambió.

—Camila declaró que Adrián no es el padre biológico de Dora.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

—Y afirma que tampoco es su esposo.

Entonces recordé la escena bajo la lluvia.

“Esposo, ¿la conoces?”

—¿Por qué fingían ser una familia?

—Eso es precisamente lo extraño.

El abogado dejó unos segundos de silencio.

—Parece que Camila sabe algo que Adrián lleva años intentando ocultar.

—¿Qué cosa?

—Todavía estamos investigándolo.

Miré mi vientre.

Faltaban pocos días para el parto.

—Continúe.

Aquella misma noche recibí un mensaje desde un número desconocido.

Era una fotografía.

Adrián estaba frente al hospital donde yo planeaba dar a luz.

Debajo había una frase:

“Ya sabe dónde estás.”

Y por primera vez desde que desaparecí, comprendí que Adrián no estaba buscándome solamente para salvar nuestro matrimonio.

Tenía miedo de que mi hijo naciera.

Y necesitaba descubrir por qué.

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