PARTE 2: LA CARTA QUE NUNCA ESCRIBIÓ

Víctor miró a Brian.

—¿Qué acabas de decir?

—La señora Catherine nunca pidió el divorcio.

Maris golpeó la mesa.

—¡Está mintiendo!

Brian sacó un sobre viejo.

—Yo llevé a Catherine a Northside aquella noche. Su madre la amenazó: si intentaba contactar con usted, destruiría su reputación y conseguiría quitarle a Annie.

Víctor abrió el sobre.

Dentro había copias de transferencias.

Durante tres años, los cincuenta mil dólares mensuales que él creía enviar a Catherine habían terminado en una cuenta controlada por Maris.

La suma superaba el millón.

—¿Robaste el dinero de mi hija?

—¡Lo administré! —gritó Maris—. Catherine solo te quería por tu fortuna.

Annie tiró suavemente de la manga de su padre.

—Papá… mamá todavía guarda tu foto.

Víctor cerró los ojos.

Tres años odiando a una mujer que quizá nunca lo había abandonado.

—¿Dónde está Catherine?

Annie bajó la mirada.

—En casa. Está enferma.

Veinte minutos después, Víctor llegó a una pequeña habitación alquilada.

Catherine abrió la puerta.

Estaba mucho más delgada.

Cuando lo vio junto a Annie, dejó caer la taza que sostenía.

—Víctor…

Él sacó los papeles del divorcio.

—Dime una cosa.

Su voz tembló.

—¿Firmaste esto?

Catherine observó la firma.

Luego negó lentamente.

—Nunca.

Víctor sintió que el mundo se detenía.

Sacó su teléfono y llamó a su abogado.

—Congela todas las cuentas que mi madre pueda controlar. Quiero una auditoría completa de los últimos tres años.

Catherine palideció.

—Víctor, hay algo más.

—¿Qué?

Ella desapareció unos segundos y regresó con una carpeta.

—Tu madre no solo falsificó mi firma.

Víctor abrió los documentos.

Eran contratos relacionados con varias propiedades de su empresa.

En todos aparecía también su firma.

Pero él tampoco los había firmado.

Catherine lo miró fijamente.

—Mientras tú creías que estaba destruyendo nuestra familia…

Hizo una pausa.

—Tu madre estaba intentando quedarse con tu empresa.

Víctor levantó lentamente la mirada.

Y por primera vez comprendió que Annie buscando comida en la basura no había descubierto solamente una mentira familiar.

Había destapado un fraude que llevaba tres años creciendo dentro de su propio imperio.

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