PARTE 2: TRES DÍAS DESPUÉS

Tres días después, Adrian llegó al Registro Civil a las ocho en punto.

Traía flores.

Incluso había comprado mi desayuno favorito.

A las ocho y diez comenzó a molestarse.

A las ocho y veinte me llamó.

Bloqueado.

A las ocho y media escribió desde otro número:

【Clara, deja de hacer berrinches. Estoy esperando.】

No respondí.

Porque en ese momento estaba frente a otro hombre.

Nathan Lancaster.

Alto, tranquilo, vestido con un traje negro impecable.

Nos habíamos conocido apenas el día anterior.

Mi padre había insistido en que habláramos a solas antes de tomar una decisión definitiva.

Nathan solo me hizo una pregunta:

—¿Estás casándote conmigo para vengarte de alguien?

—No.

—¿Entonces por qué tanta prisa?

Pensé unos segundos.

—Porque perdí tres años esperando a un hombre que disfrutaba castigándome. No quiero perder otro día viviendo según sus decisiones.

Nathan me observó.

Después asintió.

—Eso puedo aceptarlo.

Y ahora estábamos allí.

Firmamos.

Sin flores exageradas.

Sin ceremonia.

Sin promesas falsas.

Cuando salimos, Nathan guardó su copia del certificado.

—¿Quieres volver con tus padres?

—Sí.

Entonces mi teléfono comenzó a sonar.

Número desconocido.

Contesté.

—¿Sí?

La voz de Adrian explotó inmediatamente.

—¿DÓNDE ESTÁS?

Alejé el teléfono del oído.

—Ocupada.

—Te llevo esperando casi dos horas.

Miré el certificado en mi mano.

—Entonces deja de esperar.

Silencio.

—Clara, no estoy jugando.

—Yo tampoco.

—Ven ahora mismo.

—No puedo.

—¿Por qué?

Miré a Nathan.

—Porque acabo de casarme.

Durante varios segundos no escuché nada.

Después Adrian soltó una risa.

—Muy gracioso.

—No es una broma.

—Hace tres días ibas a casarte conmigo.

—Hace tres días también era tu novia.

Su respiración cambió.

—¿Con quién?

No respondí.

—¡Clara, dime con quién te casaste!

Nathan extendió la mano.

—Dámelo.

Le entregué el teléfono.

—Soy Nathan Lancaster.

El silencio al otro lado fue absoluto.

Nathan añadió:

—Y agradecería que dejara de llamar a mi esposa.

Colgó.

Pensé que aquello terminaría ahí.

Me equivoqué.

Esa misma tarde, un automóvil se detuvo violentamente frente a la casa de mis padres.

Adrian salió.

Tenía los ojos rojos.

Entró casi sin esperar que abrieran.

—¡Clara!

Nathan se levantó del sofá.

Adrian se quedó inmóvil al verlo.

Después vio el certificado sobre la mesa.

Su rostro perdió todo el color.

—Lo hiciste de verdad.

—Sí.

—¿Por qué?

Lo miré sorprendida.

—Tú me bloqueaste siete veces.

—¡Eso no significa que quisiera terminar contigo!

Y finalmente entendí lo absurdo que había sido todo.

—Exactamente, Adrian.

Me levanté.

—Ese era el problema. Nunca te importó lo que yo quería. Estabas convencido de que podías castigarme y que siempre regresaría.

Su mandíbula tembló.

—Puedo cambiar.

—Tal vez.

Miré a Nathan.

Después volví a mirarlo.

—Pero ya no será conmigo.

Adrian bajó los ojos hacia mi mano.

Al anillo.

Por primera vez parecía comprender que su silencio ya no podía controlarme.

Entonces su teléfono vibró.

La pantalla se iluminó.

Emily.

Nathan también lo vio.

Yo sonreí.

—Contesta. Tu esposa virtual debe estar preocupada.

Adrian rechazó la llamada.

—Nunca significó nada.

—Yo sí significaba algo.

Me acerqué a la puerta y la abrí.

—Y aun así me trataste peor.

Adrian permaneció inmóvil unos segundos.

Después salió.

Pero antes de subir al automóvil, se volvió.

—Clara, Nathan Lancaster no es quien crees.

Nathan apareció detrás de mí.

Su expresión cambió por primera vez.

Adrian soltó una risa amarga.

—Pregúntale por qué su familia llevaba tres años esperando exactamente el momento en que tú regresaras.

Me giré hacia Nathan.

Él no negó nada.

Y entonces comprendí que mi nuevo matrimonio escondía un secreto que mis padres todavía no me habían contado.

Related Posts

PARTE 2: El dinero que nunca debió existir

El abogado dejó lentamente el teléfono sobre el escritorio. —Emily, antes de hablar de la lotería necesito preguntarte algo. ¿Tus padres administraron dinero a tu nombre mientras…

PARTE 2: La mujer que él creyó incapaz de entender

Víctor contempló los cristales rotos a sus pies. —¿Qué acabas de decir? Saqué mi teléfono. —Que mientras tú aprendías a mentirme, yo aprendí a demostrarlo. Su expresión…

PARTE 2: La mentira que enterró a mi hijo

La mentira comenzó con un informe médico falsificado. Según aquel documento, Lucía Navarro había ingresado al hospital embarazada y yo, aprovechando mi cargo, había realizado un procedimiento…

PARTE 2: La heredera que ellos creían inútil

—Mamá… ¿qué pasa? Vanessa escuchó durante apenas unos segundos. Su sonrisa desapareció. —¿Cómo que cancelaron el contrato? Se apartó de Mateo. —¡Pero el apartamento ya estaba pagado!…

PARTE 2: Los documentos que Marcus nunca leyó

Cuatro horas después, Lucía salió del quirófano. Valeria seguía grave, pero estaba viva. El equipo de Obstetricia continuaba vigilando cuidadosamente el embarazo. Lucía apenas tuvo tiempo de…

PARTE 2: El vuelo que Ethan descubrió demasiado tarde

Tres semanas después, salí del hospital con una pequeña maleta y una carpeta bajo el brazo. No miré atrás. El embarazo había terminado por razones médicas que…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *