PARTE 2: EL VUELO SIN REGRESO

Adam esperó hasta que Dakota desapareció detrás de la cortina.

Entonces Trinity se giró hacia él.

—Me dijiste que tu esposa estaba en casa.

—Yo también lo creía.

—¿También mentiste sobre Nashville?

Adam bajó la voz.

—Hablaremos cuando aterricemos.

—No. Hablaremos ahora.

Antes de que pudiera responder, Dakota regresó.

—Señor Gibson.

Colocó una carpeta sobre su bandeja.

—Encontramos esto debajo de su asiento.

Adam la abrió.

Su rostro perdió el color.

No era suyo.

Era una impresión de los gastos de la tarjeta corporativa.

Hoteles.

Restaurantes.

Joyas.

Boletos de avión.

Todo relacionado con Trinity.

—¿De dónde sacaste esto? —susurró.

Dakota mantuvo su sonrisa profesional.

—Yo no.

Se inclinó ligeramente.

—Tu director financiero me llamó esta mañana.

Adam quedó inmóvil.

Dakota había descubierto algo mucho peor que una amante.

Durante meses, Adam había pagado sus encuentros con dinero de la empresa que ambos habían fundado.

Y Dakota poseía el 51 %.

—¿Lo sabe la junta? —preguntó él.

—Desde hace una hora.

Trinity soltó su mano.

—Adam, dijiste que la empresa era tuya.

Dakota la miró.

—También dijo que estaba en Nashville.

Después continuó trabajando como si nada hubiera ocurrido.

Horas más tarde, cuando aterrizaron en Florencia, Adam encendió el teléfono.

Decenas de notificaciones aparecieron.

Su acceso corporativo había sido suspendido.

Sus tarjetas estaban bloqueadas.

La junta había convocado una reunión extraordinaria.

Y el abogado de Dakota había enviado los documentos de divorcio.

Adam corrió detrás de ella.

—¡Dakota!

Ella se detuvo en la terminal.

—Nueve años no pueden terminar así.

Dakota lo miró tranquilamente.

—No terminaron hoy.

Hizo una pausa.

—Terminaron cada vez que me miraste a los ojos después de volver de uno de esos hoteles.

Adam quedó sin palabras.

Trinity apareció detrás.

—¿Y yo qué hago ahora?

Adam se giró hacia ella.

Dakota casi sintió lástima.

Casi.

Entonces Trinity recibió una llamada.

Escuchó durante unos segundos y palideció.

—¿Qué significa que están investigando las transferencias?

Adam se congeló.

Dakota también.

—¿Qué transferencias? —preguntó Adam.

Trinity colgó.

—Las que hiciste a mi cuenta.

—Nunca transferí dinero a tu cuenta.

Silencio.

Trinity retrocedió.

—No empieces con tus mentiras.

—Te pagué hoteles y viajes. Nunca te envié dinero directamente.

Dakota comprendió primero.

—Trinity, ¿cuánto dinero recibiste?

Ella no respondió.

—¿Cuánto?

—Casi dos millones.

Adam quedó blanco.

—Eso es imposible.

Dakota sacó lentamente su teléfono.

Aquello significaba que alguien llevaba meses utilizando la aventura de Adam para esconder movimientos de dinero.

Y quienquiera que fuera sabía de Trinity.

Sabía de los hoteles.

Sabía de las mentiras.

Sabía exactamente cómo hacer que Adam pareciera culpable.

Entonces llegó un mensaje al teléfono de Dakota.

Número desconocido.

“Si quieres saber quién robó realmente el dinero, pregúntale a tu marido por qué Trinity estaba en ese evento de Newport Beach.”

Dakota levantó la mirada.

Adam parecía tan confundido como ella.

Trinity, en cambio, había dejado de respirar.

Y Dakota comprendió que aquella mujer quizá nunca había conocido a su esposo por casualidad.

Related Posts

PARTE 2: El dinero que nunca debió existir

El abogado dejó lentamente el teléfono sobre el escritorio. —Emily, antes de hablar de la lotería necesito preguntarte algo. ¿Tus padres administraron dinero a tu nombre mientras…

PARTE 2: La mujer que él creyó incapaz de entender

Víctor contempló los cristales rotos a sus pies. —¿Qué acabas de decir? Saqué mi teléfono. —Que mientras tú aprendías a mentirme, yo aprendí a demostrarlo. Su expresión…

PARTE 2: La mentira que enterró a mi hijo

La mentira comenzó con un informe médico falsificado. Según aquel documento, Lucía Navarro había ingresado al hospital embarazada y yo, aprovechando mi cargo, había realizado un procedimiento…

PARTE 2: La heredera que ellos creían inútil

—Mamá… ¿qué pasa? Vanessa escuchó durante apenas unos segundos. Su sonrisa desapareció. —¿Cómo que cancelaron el contrato? Se apartó de Mateo. —¡Pero el apartamento ya estaba pagado!…

PARTE 2: Los documentos que Marcus nunca leyó

Cuatro horas después, Lucía salió del quirófano. Valeria seguía grave, pero estaba viva. El equipo de Obstetricia continuaba vigilando cuidadosamente el embarazo. Lucía apenas tuvo tiempo de…

PARTE 2: El vuelo que Ethan descubrió demasiado tarde

Tres semanas después, salí del hospital con una pequeña maleta y una carpeta bajo el brazo. No miré atrás. El embarazo había terminado por razones médicas que…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *