PARTE 2: CUANDO EMILY HEREDÓ SU IMPERIO

Gabriel dejó de respirar.

—¿Qué acabas de decir?

La abogada no repitió la frase.

Simplemente envió un documento.

Gabriel lo abrió.

Era el testamento de su madre.

Propiedades.

Acciones.

Participaciones empresariales.

Y, lo más importante, el bloque de votos que durante décadas había permitido a la familia Cross mantener el control de la compañía.

Todo había sido transferido a Emily.

No a Gabriel.

No a su padre.

A Emily.

Debajo había una carta escrita por su madre semanas antes de morir:

“Mi hijo heredó mi apellido, pero Emily fue quien me trató como familia.”

Gabriel se dejó caer en la silla.

Entonces recordó todas las veces que su madre había intentado advertirle.

—No humilles a Emily.

—Natalie no te mira como una secretaria.

—Un día regresarás y tu esposa ya no estará esperando.

Él siempre respondía lo mismo:

—Mamá, no te metas en mi matrimonio.

Ahora ella había obedecido.

Se había marchado sin dejarle nada que discutir.

Pero Gabriel todavía creía que podía arreglarlo.

—Dígale a Emily que firmaré cualquier acuerdo. Solo necesito verla una vez.

—Llegó tarde.

—¿Dónde está?

La abogada guardó silencio.

—Señor Cross, mañana hay una reunión extraordinaria del consejo.

Gabriel frunció el ceño.

—¿Qué tiene que ver eso con Emily?

—Todo.

A la mañana siguiente, Gabriel entró en la sala del consejo esperando encontrar a los mismos directivos que llevaban años inclinando la cabeza cuando él aparecía.

En cambio, todos estaban de pie.

La puerta del fondo se abrió.

Emily entró.

Traje blanco.

Cabello recogido.

Sin alianza.

Gabriel quedó inmóvil.

—Emily…

Ella pasó junto a él sin detenerse.

El presidente del consejo anunció:

—De acuerdo con las disposiciones testamentarias de la señora Cross, la señora Emily Shaw posee ahora el mayor bloque individual de derechos de voto de la familia.

Gabriel palideció.

Emily ocupó el asiento que había pertenecido a su suegra.

—Comencemos.

Gabriel apenas podía mirarla.

—¿Todo esto es una venganza?

Emily levantó los ojos.

—No.

Deslizó una carpeta hacia el centro de la mesa.

Dentro estaban los gastos del supuesto viaje de inspección.

Hotel.

Resort.

Cenas.

Transporte privado.

Todo cargado parcialmente a cuentas corporativas.

Y Natalie aparecía en cada registro.

—Esto —dijo Emily— no tiene relación con nuestro divorcio.

Miró a los demás miembros del consejo.

—Tiene relación con un CEO que utilizó recursos de la empresa para financiar un viaje personal mientras afirmaba estar realizando una inspección.

Gabriel comprendió finalmente por qué ella había renunciado a los bienes matrimoniales.

Nunca necesitó su dinero.

Su madre le había dejado algo mucho más poderoso.

Una votación comenzó minutos después.

Cuando terminó, Gabriel Cross ya no era CEO.

Salió de la sala sin despacho, sin autoridad y con el divorcio todavía esperando su firma.

Antes de cruzar la puerta, miró a Emily.

—¿Alguna vez me amaste?

Ella permaneció en silencio unos segundos.

—Durante muchos años.

Eso pareció darle esperanza.

Hasta que Emily añadió:

—Ese fue precisamente mi error.

Firmó el divorcio delante de él.

Después cerró la carpeta.

—Tu madre me pidió una última cosa antes de morir.

Gabriel levantó lentamente la mirada.

—¿Qué?

Emily respondió:

—Que cuando finalmente comprendieras lo que habías perdido, nadie te protegiera de las consecuencias.

Y esta vez, cuando Emily se levantó y se marchó…

Gabriel fue quien se quedó esperando.

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