PARTE 2: CUANDO ÉL QUISO VOLVER, YA ERA TARDE

A la mañana siguiente, Héctor llegó al tribunal convencido de que todavía podía detenerme.

No pudo.

Samuel presentó los movimientos bancarios realizados durante los últimos meses.

Había transferencias a una cuenta que yo desconocía.

Pagos de hoteles.

Regalos.

Viajes.

Y varios gastos relacionados con Emma.

Héctor intentó justificarse.

—Era dinero mío.

Samuel deslizó un estado de cuenta sobre la mesa.

—Salió de una cuenta matrimonial.

Héctor dejó de hablar.

La solicitud de bloqueo preventivo fue aceptada mientras se investigaban los movimientos.

Por primera vez, el hombre que siempre me acusaba de hablar demasiado de dinero comprendió por qué yo guardaba cada recibo.

Pero aquello dejó de importarme cuando salí del tribunal.

Mi madre esperaba afuera.

—¿Estás segura? —preguntó.

Miré mi vientre.

Durante toda la noche había pensado en sus palabras.

Si quería ser madre, ella estaría conmigo.

Si no quería continuar, también.

Por primera vez, mi decisión no dependía de Héctor.

—Quiero hablar otra vez con la doctora.

Mi madre tomó mi mano.

—Entonces vamos.

Horas después, Héctor apareció en el hospital.

Emma venía detrás de él.

Aquello casi me hizo reír.

—Valeria —dijo—. Vine para arreglar nuestra familia.

Miré a Emma.

—¿Con ella?

Emma inmediatamente comenzó a llorar.

—Señora Xia, no piense mal. El director solo me trajo porque quería que yo misma le explicara que entre nosotros…

—Basta.

Héctor la interrumpió.

Pero ya era tarde.

Emma abrió su bolso para buscar un pañuelo.

Una fotografía cayó al suelo.

Héctor la recogió.

Y se quedó inmóvil.

Era una ecografía.

Emma palideció.

—Dámela.

Él leyó el nombre.

Emma Tang.

Después la fecha.

Su voz apenas salió.

—¿Estás embarazada?

Nadie respondió.

Héctor levantó lentamente la mirada.

—¿De quién?

Emma comenzó a temblar.

Y entonces comprendí algo.

Yo había pasado días preguntándome si quería conservar un vínculo con Héctor.

Pero Héctor estaba a punto de descubrir que quizá ya había creado otro.

Me levanté.

—Valeria, espera —dijo.

No lo hice.

—¿Qué decidiste sobre nuestro bebé?

Me detuve frente a la puerta.

—Esa decisión ya no te pertenece.

Su rostro se quebró.

—Soy su padre.

—Entonces debiste recordarlo antes de convertir mis controles prenatales en citas con otra mujer.

Salí con mi madre.

Detrás de mí escuché a Héctor exigirle explicaciones a Emma.

No volví la cabeza.

Porque finalmente entendí que mi victoria no consistía en verlo arrepentido.

Ni en verlo traicionado.

Ni siquiera en quedarme con más dinero durante el divorcio.

Mi victoria era mucho más sencilla.

Por primera vez en siete años, Héctor Xia ya no podía decidir qué debía soportar yo para conservarlo.

Y cuando horas después me llamó treinta y siete veces, no respondí ninguna.

Había pasado demasiado tiempo esperando que él volviera a elegirme.

Ahora me tocaba elegir mi propia vida.

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