—Se había equivocado.
Apoyé el teléfono contra mi oído y miré las gardenias del patio.
—Zhou Wenhao.
—El proyecto ya no es asunto mío.
Al otro lado hubo un silencio.
—¿Qué quieres decir?
—Presenté mi renuncia esta mañana.
Esta vez tardó varios segundos en reaccionar.
—¿Renunciaste?
Su voz cambió de inmediato.
—¿Por una pelea familiar vas a destruir tu carrera?
Solté una risa.
—No.
—Renuncié porque llevaba demasiado tiempo permitiendo que usaras mi trabajo para amenazarme.
—Ahora ya no puedes hacerlo.
—Jiang Ning, deja de actuar impulsivamente.
Aquella frase me resultó tan familiar que casi sentí lástima.
Siempre que yo hacía algo que no le convenía, era «impulsiva».
Cuando su madre me golpeaba delante de cientos de personas, en cambio, debía ser «comprensiva».
—¿Algo más?
Pregunté.
—Vuelve.
—No.
—Te estoy dando una oportunidad.
—Yo ya te di demasiadas.
Colgué.
Dos horas después llamó mi antiguo director.
Contesté.
—Jiang Ning, ¿estás segura de que quieres marcharte?
—Sí.
—El proyecto que dirigías era importante. Podemos darte unas semanas de descanso.
—No hace falta.
Al otro lado, el hombre suspiró.
—En realidad, quería decirte otra cosa.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Qué pasa?
—La empresa socia ya llamó.
—Dijeron que la familia Zhou pidió que te retiráramos del proyecto.
Sonreí.
Exactamente como había imaginado.
—¿Y qué respondió la empresa?
—Que ya habías presentado tu dimisión antes de que ellos llamaran.
Hizo una pausa.
—Y también que el proyecto no depende de una sola familia.
Miré las flores del patio.
Por primera vez sentí que aquel vínculo invisible alrededor de mi cuello desaparecía por completo.
—Gracias por estos años.
—Jiang Ning.
—¿Sí?
—Con tu capacidad, no necesitas vivir bajo la sombra de nadie.
Después de colgar, permanecí en silencio un buen rato.
Quizá era verdad.
Durante demasiado tiempo había confundido el amor con tener que demostrar constantemente que merecía un lugar.
Al día siguiente, recibí una transferencia.
1.000.000 de yuanes.
Remitente:
Zhou Wenhao.
Debajo apareció un mensaje.
【El dinero que me prestaste para iniciar la empresa. Ya estamos en paz.】
Miré aquella frase.
Después de tres años…
Finalmente recordaba que me debía un millón.
Respondí:
【Faltan los intereses.】
Los tres puntos aparecieron casi inmediatamente.
【¿Qué?】
Le envié una fotografía.
Era el contrato de préstamo que habíamos firmado cuando le entregué el capital inicial.
En aquel entonces él insistió en redactarlo.
Decía que así yo no tendría que preocuparme.
Nunca imaginó que yo lo hubiera conservado.
【Según el acuerdo, la devolución venció hace dos años. El abogado te enviará el cálculo correspondiente.】
Esta vez no respondió.
Tres días después, Zhou Wenhao apareció personalmente en mi pueblo.
Un coche negro se detuvo frente a la vieja casa.
Los vecinos salieron discretamente a mirar.
Él bajó vestido con un traje oscuro.
Parecía no haber dormido bien.
Cuando entró al patio, yo estaba regando las flores.
—Jiang Ning.
No levanté la vista.
—¿Cómo encontraste este lugar?
—No era difícil.
—Entonces deberías saber también que no eres bienvenido.
Su expresión se endureció.
—Tenemos que hablar.
—Habla.
Miró la vieja casa.
—¿De verdad vas a quedarte aquí?
—Por ahora.
—Después de vivir en Yunding Residence, ¿puedes acostumbrarte a esto?
Cerré el grifo.
—Qué curioso.
—La casa de treinta y ocho millones era mía.
—Pero hablas como si hubieras sido tú quien me hubiera dado una vida lujosa.
Zhou Wenhao se quedó callado.
Finalmente dijo:
—Mi madre estaba enfadada ese día.
Lo miré.
—Veinte bofetadas.
—Ya lo sé.
—Y tú estabas a tres pasos.
Su mandíbula se tensó.
—No quería empeorar la situación delante de tanta gente.
Sonreí lentamente.
—Así que decidiste dejar que me golpeara.
—Pensé que después podría compensarte.
Aquella frase hizo que algo dentro de mí muriera por completo.
—¿Compensarme cómo?
—¿Comprándome algo?
—¿Diciéndome que tu madre tiene mal carácter?
—¿Pidiéndome que olvide que delante de trescientos invitados miraste cómo me humillaban?
Zhou Wenhao apretó los puños.
—Es mi madre.
—Y yo era tu prometida.
No respondió.
—Ese día tuviste que elegir.
Mi voz era tranquila.
—Y elegiste.
Él respiró profundamente.
—Está bien.
—Mi madre se equivocó.
—Yo también.
—¿Qué quieres?
Me reí.
—Nada.
Frunció el ceño.
—¿Dinero?
—Tengo treinta y cinco millones en efectivo.
Su rostro cambió.
—¿Una disculpa pública?
—Ya no necesito recuperar la dignidad de una familia que nunca me respetó.
—Entonces dime qué quieres.
Lo miré durante varios segundos.
—Que te vayas.
Por primera vez apareció verdadero desconcierto en su rostro.
—¿Eso es todo?
—Sí.
—¿Después de tres años?
—Precisamente por esos tres años.
En ese momento, otro automóvil se detuvo frente al patio.
Bajó un hombre de unos cuarenta años con una carpeta bajo el brazo.
Era mi abogado.
Zhou Wenhao lo reconoció.
—¿Para qué está él aquí?
El abogado se acercó.
—Señor Zhou.
—Justamente iba a ponerme en contacto con usted.
Le entregó un documento.
Zhou Wenhao lo abrió.
Su rostro se oscureció.
—¿Qué es esto?
—Requerimiento formal para la devolución de la deuda pendiente, intereses incluidos.
—Además…
Sacó otro documento.
—La señorita Jiang también ha solicitado recuperar todas las inversiones personales que pueda acreditar documentalmente en su empresa.
Zhou Wenhao levantó la cabeza de golpe.
—¿Qué inversiones?
Lo miré.
—¿De verdad las olvidaste?
—El primer millón.
—Los quinientos mil adicionales cuando tu flujo de caja se rompió.
—Los trescientos mil que utilicé para pagar salarios cuando no podías cubrir la nómina.
—Y los equipos de oficina que compré con mi tarjeta personal.
Su rostro se volvió cada vez más pálido.
Durante años había llamado a todo aquello «apoyo entre pareja».
Pero cada transferencia tenía un registro.
Cada préstamo tenía una fecha.
Y yo los había guardado todos.
—Jiang Ning.
Su voz se volvió baja.
—¿Quieres destruirme?
Negué.
—No.
—Solo quiero recuperar lo que es mío.
—La casa era mía.
—El dinero era mío.
—Mi trabajo era mío.
—Y mi vida también.
Hice una pausa.
—Tú fuiste quien confundió mi generosidad con una obligación.
El abogado cerró la carpeta.
—Señor Zhou, tiene siete días para responder formalmente.
Zhou Wenhao ni siquiera lo miró.
Sus ojos seguían fijos en mí.
—¿De verdad se acabó?
Asentí.
—Sí.
—¿Ni siquiera vas a darme una oportunidad?
—Te di tres años.
—¿Y nuestra boda?
—Nunca habrá boda.
Su rostro perdió el color.
Antes de marcharse, se detuvo junto a la puerta.
—Mi madre no tiene dónde vivir.
Me pareció increíble que todavía sacara aquel tema.
—Tiene un hijo.
—Puede vivir contigo.
—Mi padre y mis hermanos también estaban allí.
—Entonces parece que tiene muchas opciones.
Zhou Wenhao cerró los ojos.
—Antes no eras así.
—Tienes razón.
Sonreí.
—Antes pensaba primero en ustedes.
—Ahora pienso primero en mí.
Se marchó.
No volví la cabeza.
Una semana después, Liu Xuemei apareció acompañada por dos familiares.
No venía a pedir perdón.
Venía a exigir explicaciones.
Se plantó frente a la puerta y gritó:
—¡Jiang Ning! ¡Sal ahora mismo!
Los vecinos comenzaron a asomarse.
Yo salí tranquilamente.
En cuanto me vio, levantó una mano.
Mi cuerpo reaccionó antes incluso de que pudiera pensarlo.
Le sujeté la muñeca.
Liu Xuemei se quedó paralizada.
—¿Qué haces?
La miré directamente.
—La primera vez no me defendí.
—No habrá una segunda.
Su rostro cambió.
—¡Soy una mayor!
—Y yo soy una adulta.
Aparté su mano.
—Si vuelve a tocarme, llamaré a la policía.
Los familiares que habían venido con ella retrocedieron discretamente.
Liu Xuemei comenzó a temblar de ira.
—¡¿Después de todo lo que nuestra familia hizo por ti?!
—¿Qué hicieron?
Pregunté.
—Vivieron en mi casa.
—Gastaron mi dinero.
—Utilizaron mis contactos.
—Su hijo montó su empresa con mi capital.
—Y usted me golpeó veinte veces delante de trescientas personas.
Me acerqué un paso.
—Dígame.
—¿Cuál de esas cosas debería agradecer?

No pudo responder.
Dos meses después, dejé definitivamente mi antiguo trabajo.
Con parte del dinero de la venta abrí un pequeño estudio de consultoría junto con dos antiguas compañeras.
No necesitábamos favores de la familia Zhou.
No necesitábamos sus socios.
Y tampoco necesitábamos demostrar nada a nadie.
El primer contrato importante que conseguimos superó todas nuestras expectativas.
La noche que firmamos, mis compañeras descorcharon una botella y me preguntaron:
—¿A qué brindamos?
Pensé unos segundos.
Después levanté mi copa.
—Por aprender a marcharnos a tiempo.
Más tarde supe que Zhou Wenhao había tenido problemas financieros.
No quebró.
Tampoco perdió todo.
Pero tuvo que vender parte de sus participaciones para devolver los préstamos y estabilizar la empresa.
Su familia terminó alquilando una vivienda mucho más modesta.
Liu Xuemei dejó de presumir delante de sus conocidos.
Y la boda…
Naturalmente, nunca ocurrió.
Una tarde recibí un último mensaje de Zhou Wenhao.
【Si aquel día hubiera detenido a mi madre, ¿te habrías quedado?】
Lo miré durante mucho tiempo.
Finalmente respondí:
【Sí.】
Tres segundos después aparecieron los puntos indicando que estaba escribiendo.
Antes de que llegara su respuesta, añadí:
【Pero no lo hiciste.】
Bloqueé el número.
Dejé el teléfono sobre la mesa.
Afuera, las gardenias volvían a florecer.
Durante años había pensado que perder a Zhou Wenhao significaría quedarme sin familia.
Pero después de marcharme descubrí algo.
El verdadero hogar nunca había sido aquella mansión de treinta y ocho millones.
Era cualquier lugar donde yo pudiera vivir…
sin tener que arrodillarme para que me respetaran.