PARTE 2: LA ESPOSA QUE YA NO PODÍA EXPULSAR

Lục Kiến Tinh salió de la cocina, frunció el ceño y preguntó:

—¿Por qué has vuelto tan tarde?

Durante varios segundos me limité a mirarlo.

Llevaba mi delantal.

Sobre la mesa había ingredientes que yo había comprado.

Tô Lan vestía mi pijama.

Su hijo saltaba sobre mi sofá.

Y el hombre que aquella misma mañana había registrado su matrimonio con otra mujer me preguntaba por qué había vuelto tarde a mi propia casa.

Me quité lentamente los zapatos.

—¿Qué hacen aquí?

Lục Kiến Tinh suspiró, como si yo fuera quien estaba causando problemas.

—Tô Lan y el niño todavía no tienen dónde instalarse. Se quedarán aquí unos días.

—¿Aquí?

—Sí.

Se acercó.

—No empieces otra vez. Ya te expliqué que esto es temporal.

Miré a Tô Lan.

Ella se levantó con una sonrisa dulce.

—Niệm Sơ, espero que no te moleste. Kiến Tinh dijo que esta casa tiene suficientes habitaciones.

Bajé la mirada hacia su pijama.

—También tiene suficientes pijamas, por lo visto.

Su sonrisa se congeló.

Lục Kiến Tinh intervino.

—Fue solo ropa para dormir.

—No hagas un escándalo por cosas pequeñas.

Asentí.

—Entiendo.

Entonces saqué mi teléfono.

Marqué un número.

—Señor Chen, mañana a primera hora quiero cambiar todas las cerraduras de mi residencia.

Lục Kiến Tinh se quedó inmóvil.

—¿Qué acabas de decir?

Continué tranquilamente.

—Y envíe al administrador del edificio una copia actualizada de la lista de residentes autorizados.

—Solo mi nombre.

Colgué.

La expresión de Lục Kiến Tinh cambió por completo.

—Lâm Niệm Sơ, ¿te has vuelto loca?

Lo miré.

—La casa está a mi nombre.

—La compramos cuando estábamos comprometidos.

—La compré yo.

—Tú elegiste las cortinas.

El niño dejó de saltar.

Tô Lan se acercó rápidamente.

—Niệm Sơ, no tienes que ser tan cruel. Solo somos una familia que necesita un lugar temporalmente.

Sonreí.

—Exactamente.

—Una familia.

Miré a Lục Kiến Tinh.

—Y yo no pertenezco a ella.

El rostro de Tô Lan se tensó.

Lục Kiến Tinh avanzó hacia mí.

—No olvides que todavía somos prometidos.

Lo observé durante unos segundos.

Después saqué del bolso un pequeño libro rojo.

Lo puse sobre la mesa.

Él lo miró.

No entendió al principio.

Entonces vio el sello.

Certificado de matrimonio.

Lục Kiến Tinh palideció.

—¿Qué es esto?

—Mi certificado de matrimonio.

El salón quedó completamente en silencio.

Tô Lan soltó una risa nerviosa.

—No hagas bromas.

Abrí el documento.

En una página estaba mi fotografía.

En la otra…

Thẩm Ước.

Lục Kiến Tinh tomó el certificado con tanta fuerza que casi dobló las esquinas.

—¿Te casaste?

—Sí.

—¿Con Thẩm Ước?

—Sí.

Su rostro pasó del blanco al rojo.

—¡Esta mañana acabábamos de romper nuestro compromiso!

—Correcto.

—¿Y unas horas después te casaste con otro hombre?

Incliné ligeramente la cabeza.

—Tú también.

No pudo responder.

Porque su propio certificado matrimonial estaba probablemente todavía dentro del bolso de Tô Lan.

Ella fue la primera en recuperar la compostura.

—Kiến Tinh solo se casó conmigo por nuestro hijo.

—Pero tú hiciste esto por venganza.

La miré.

—No.

—Lo hice porque alguien llevaba diez años preguntándome si quería compartir mi vida con él.

Hice una pausa.

—Y esta mañana finalmente comprendí que estaba perdiendo el tiempo con la persona equivocada.

Lục Kiến Tinh golpeó el certificado contra la mesa.

—¡No te creo!

—Thẩm Ước jamás se casaría contigo así de repente.

Mi teléfono vibró.

Miré la pantalla.

Era un mensaje.

Thẩm Ước: “Esposa, ya aterricé. ¿Llegaste bien a casa?”

Lo mostré sin decir nada.

Lục Kiến Tinh leyó la palabra “esposa”.

Su expresión se volvió terrible.

En ese mismo instante sonó el timbre.

El administrador del edificio estaba afuera acompañado por dos miembros de seguridad.

—Señorita Lâm, recibimos su llamada.

Miró a las otras tres personas.

—¿Desea que retiremos a los invitados ahora?

Lục Kiến Tinh explotó.

—¡Yo también vivo aquí!

El administrador abrió una tableta.

—Señor Lục, según nuestros registros, su autorización de residencia dependía de la señorita Lâm.

—La propietaria acaba de revocarla.

Tô Lan dejó de sonreír.

—¿Tenemos que irnos esta noche?

—Sí.

El niño comenzó a llorar.

Lục Kiến Tinh me miró con furia.

—¿Vas a echar a un niño a la calle?

Respondí con calma.

—Tiene padre.

—Tiene madre.

—Y ambos son adultos.

—No es responsabilidad de una extraña proporcionarles vivienda.

Aquella palabra lo golpeó.

Extraña.

Justo aquella mañana él me había pedido que aceptara convertirme en una persona secundaria mientras construía públicamente una familia con Tô Lan.

Ahora yo había aceptado.

Y aparentemente ya no le gustaba.

Tô Lan empezó a recoger sus cosas.

Cuando pasó junto a mí, bajó la voz.

—¿Crees que por casarte con Thẩm Ước has ganado?

La miré.

—No estoy compitiendo contigo.

—Ya ganaste a Lục Kiến Tinh.

Sonreí.

—Disfruta el premio.

Su rostro se deformó.


Veinte minutos después, la casa quedó vacía.

Me senté sobre el sofá cubierto de huellas.

Mi enfado desapareció lentamente.

En su lugar llegó un cansancio enorme.

Había pasado años esperando que Lục Kiến Tinh me eligiera.

Y bastó un solo día para descubrir lo fácil que era respirar cuando dejaba de hacerlo.

Pero apenas había terminado de limpiar una de las manchas cuando mi teléfono volvió a sonar.

Esta vez era mi padre.

—Niệm Sơ.

Su voz era grave.

—Acabo de enterarme de que Lục Kiến Tinh registró matrimonio con Tô Lan.

—Sí.

—¿Y tú?

Miré mi certificado matrimonial.

—También me casé.

Hubo un silencio.

—¿Con quién?

—Thẩm Ước.

Al otro lado no se escuchó nada durante casi diez segundos.

Luego mi padre soltó una carcajada.

—Ese muchacho esperó diez años.

—Por fin consiguió lo que quería.

No pude evitar sonreír.

Pero su siguiente frase hizo desaparecer mi tranquilidad.

—Hay algo que debes saber sobre el niño de Tô Lan.

Fruncí el ceño.

—¿Qué cosa?

Mi padre bajó la voz.

—Hace cinco años, cuando Tô Lan abandonó el país, la familia Lục hizo una investigación privada.

Me puse de pie lentamente.

—¿Y?

—Ese niño no es hijo de Lục Kiến Tinh.

La sangre pareció congelarse en mis venas.

—¿Qué?

—El abuelo Lục recibió la prueba de ADN hace años.

—Nunca se la enseñó a su nieto.

Me apoyé en el respaldo del sofá.

—Entonces, ¿por qué permitió que se casaran?

Mi padre guardó silencio unos segundos.

—Porque Tô Lan no volvió buscando un padre para su hijo.

—Volvió buscando acceso a la familia Lục.

—Y alguien dentro de esa familia lleva años ayudándola.

Miré hacia la puerta por donde Lục Kiến Tinh acababa de salir cargando las maletas de su nueva esposa.

Aquella mañana creyó haber recuperado a su primer amor y a un hijo perdido.

Esa noche había perdido a su prometida.

Y todavía no sabía que la familia por la que me había reemplazado…

ni siquiera era suya.

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