PARTE 2: EL DINERO DESAPARECIÓ

A las nueve y doce de la mañana, Ethan volvió a llamar.

Esta vez contesté.

—¿Ya hiciste la transferencia?

Miré el tráfico desde el parabrisas.

—Sí.

Él soltó un largo suspiro de alivio.

—Sabía que podía confiar en ti.

Sonreí.

—Claro.

Colgué.

Cinco segundos después entré al edificio donde trabajaba mi abogada.

La licenciada Zhao llevaba años asesorando empresas familiares.

Cuando terminó de escuchar la grabación que había hecho frente a la habitación del hospital, permaneció varios segundos en silencio.

—¿Grabaste todo?

Saqué el teléfono.

—Cada palabra.

Se escuchó claramente la voz de Richard.

“Después de que transfiera los trescientos mil, todavía queda la casa.”

Luego Ethan.

“En unas semanas le diré que firme una hipoteca.”

Y finalmente las risas.

La abogada cerró la carpeta.

—No vuelvas a responder ninguna llamada sin grabarla.

—Y desde este momento, ninguna conversación con ellos será privada.

Asentí.

Después llamé al contador de nuestra empresa.

—Necesito una auditoría completa.

—También quiero bloquear cualquier movimiento superior a diez mil yuanes hasta nueva autorización.

El contador dudó.

—Pero el señor Ethan suele aprobar…

—La representante legal soy yo.

Hubo un breve silencio.

—Entendido, directora Clara.


A la una de la tarde llegué a la empresa.

No habían pasado ni cinco minutos cuando Ethan irrumpió en mi oficina.

Parecía agotado.

—¿Qué pasó con el dinero?

Levanté la vista del ordenador.

—¿Qué dinero?

—Los trescientos mil.

—El hospital dice que nunca llegaron.

Lo observé con calma.

—Qué raro.

Él tragó saliva.

—¿No dijiste que los habías transferido?

—Mentí.

Por primera vez en cinco años vi desaparecer completamente la máscara de hombre amable.

—¿Qué?

—Quería comprobar cuánto tardabas en venir.

Tardaste treinta y siete minutos.

Ethan golpeó el escritorio.

—¡Mi padre puede morir!

Lo miré fijamente.

—¿Mientras come manzanas en neurología?

Toda la sangre abandonó su rostro.

—¿Qué…?

—¿Te sorprendió verme en el hospital?

Retrocedió un paso.

—Clara…

Puedo explicarlo.

Abrí el teléfono.

Reproduje el audio.

La oficina quedó llena de la voz de Richard.

“Esta nuera nuestra es más tonta que una mula.”

Después la de Ethan.

“Todavía queda la casa.”

Cuando terminó la grabación, Ethan parecía incapaz de respirar.

—Escuchaste…

—Todo.

Intentó acercarse.

—Fue una broma.

Solté una pequeña risa.

—¿También era una broma falsificar una hemorragia cerebral?

No respondió.

—¿Y también era una broma planear hipotecar mi casa?

Silencio.

—¿Y registrar la empresa a mi nombre para que yo asumiera todas las deudas?

Ethan comenzó a sudar.

—Mi padre me presionó…

—Yo nunca quise…

—No.

Lo interrumpí.

—Tú hablaste de la casa.

No tu padre.

Tú.

Su teléfono comenzó a sonar.

En la pantalla aparecía Papá.

Contestó desesperado.

—¿Qué pasa?

La voz de Richard se escuchó tan fuerte que incluso yo pude oírla.

—¡No funcionan las tarjetas!

—¡El banco bloqueó todo!

—¿Qué hiciste con esa idiota?

Ethan cerró los ojos.

Comprendió que ya era demasiado tarde.

Yo recogí mi bolso.

—Por cierto…

Él levantó lentamente la cabeza.

—Hace una hora también renuncié a tu autorización bancaria.

—Ya no puedes firmar contratos.

Ni retirar dinero.

Ni representar legalmente a la empresa.

—Clara…

—Escúchame…

Negué con tranquilidad.

—Cinco años fingiendo quererme solo para robarme.

Ahora te toca descubrir cuánto vale intentar estafar a la única persona que realmente era dueña de todo.

En ese instante, tres hombres con traje entraron en la oficina.

El primero mostró su identificación.

—Departamento de Delitos Económicos.

Miró directamente a Ethan.

—Señor Walker.

Necesitamos hacerle varias preguntas sobre posibles intentos de fraude financiero y conspiración para obtener bienes mediante engaño.

Ethan giró hacia mí completamente pálido.

Yo simplemente tomé mi abrigo.

—Dile a tu padre que ya no necesita fingir estar enfermo.

Porque, cuando termine esta investigación…

El único lugar donde pasará una larga temporada será una habitación mucho más pequeña que la del hospital.

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